La carta del Pokemon Umbreon de la colección Prismatic Evolutions número 161 ha sido subastada durante la última semana con un valor estimado de entre 1.900 y 2.100 euros, según el experto en colecciones Pokemon responsable de la tasación. La puja concluyó el pasado domingo a las 21:31 horas en Catawiki, superando la barrera de los 1.100 euros. Pero si el lector se ha quedado con las ganas de participar en el concurso por ver quién da más, siempre puede valorar otras opciones: hasta 16 categorías de objetos se subastan en esta plataforma online, desde piezas de arte y antigüedades a juguetes y maquetas, pasando por un zucchetto (gorro) utilizado por el Papa Francisco en 2024 o una guitarra española firmada por Pablo Picasso en 1964 (se vendió por 3.300 euros).
Desde cartas Pokémon hasta modelos Ferrari, pasando por sombreros papales: Catawiki gestiona 140.000 subastas y un millón de pujas semanales tras el análisis de un equipo de expertos en 16 clases de objetos
La carta del Pokemon Umbreon de la colección Prismatic Evolutions número 161 ha sido subastada durante la última semana con un valor estimado de entre 1.900 y 2.100 euros, según el experto en colecciones Pokemon responsable de la tasación. La puja concluyó el pasado domingo a las 21:31 horas en Catawiki, superando la barrera de los 1.100 euros. Pero si el lector se ha quedado con las ganas de participar en el concurso por ver quién da más, siempre puede valorar otras opciones: hasta 16 categorías de objetos se subastan en esta plataforma online, desde piezas de arte y antigüedades a juguetes y maquetas, pasando por un zucchetto (gorro) utilizado por el Papa Francisco en 2024 o una guitarra española firmada por Pablo Picasso en 1964 (se vendió por 3.300 euros).
Incluso se ha llegado a subastar una limusina Mercedes-Benz, por 29.500 euros, que fue propiedad de Casa Real. Aunque en España el furor lo están despertando «los nuevos coleccionables» (como cartas o souvenirs de eventos deportivos). Más, incluso, que los vinos, las joyas o los relojes, que se mantienen como las categorías más populares entre empresarios y son las que más operaciones generan, explica Ravi Vora, CEO de Catawiki desde 2018, en su primera entrevista a un medio español.
A nivel global, explica, el mercado de los coleccionables «está creciendo a un ritmo vertiginoso para nosotros», tanto en volumen, como en expansión de usuarios con la llegada de clientes más jóvenes. Según las estimaciones de Catawiki, el negocio de los artículos de colección mueve más de 100.000 millones de euros anuales, con EEUU siendo el principal mercado, seguido de Europa y del interés que se está despertando en China e India, aún más limitado al lujo.
«Cualquier cosa puede convertirse en un objeto de colección. Depende del tiempo», explica Vora. Cuando la oferta decae y con ella el acceso a un objeto particular, para los entusiastas «deja de ser una necesidad y se convierte en un deseo. Y las pocas personas que realmente lo quieren, lo buscan y no lo encuentran». Pero sí están dispuestos a pagar, lo que sea. Y ahí comienzan las subastas. «Siempre hay aficionados, incluso de productos de IKEA», afirma. Y el coleccionismo, como muchos otros sectores, se mueve a golpe de tendencias, que «vienen determinadas por diferentes factores. Hemos visto cómo una pieza concreta de Lego se vendía por un millón de euros y, de repente, los precios de las demás se disparaban. Y hay artículos atemporales que siempre siguen siendo objetos de colección y que puedes coleccionar y conservar, sabiendo que su precio va a aumentar», añade.
Se vende casi de todo en Catawiki, si la normativa local lo permite, y excluyendo siempre los casos de seres vivos o productos frescos. Además, «hay objetos que rechazamos y no permitimos en la plataforma, porque no son lo suficientemente especiales, o porque plantean retos logísticos u otras preocupaciones». De hecho, en 2016 subastaban barcos, pero abandonaron esta categoría por no poder garantizar su entrega.
«No permitimos que se publique cualquier cosa», aclara Vora, que insiste en no perder de vista el público objetivo: «los compradores entusiastas, que adquieren objetos de entre 100 y hasta 10.000 euros», caros, raros, y muchos de ellos de segunda mano. A estos compradores muy exigentes, explica Vora, el diferencial que ofrece Catawiki es el de una experiencia de compra online de un mercado que no deja de ser escaso, con el entusiasmo de las pujas.
Funciona de la siguiente manera: el vendedor ofrece un artículo, que pasa por las manos de uno o varios de los 240 expertos internos de Catawiki (en total, 692). Son ellos quienes analizan los artículos y verifican al vendedor y la documentación requerida a través de un procedimiento digital. Y estas auditorías se han convertido en un proceso cada vez más complicado, detalla Vora, debido a que las nuevas tecnologías avanzan tanto en nuevas herramientas para la identificación y detección de fraudes como en imitaciones y falsificaciones.
Si el artículo pasa el filtro, es publicado en las diferentes categorías. Y una vez recibe un primer me gusta, arranca la subasta con un precio inicial de un euro y una duración de siete días. Una vez concluido el concurso, el pago del ganador queda retenido en una cuenta de garantía hasta que el comprador recibe el producto y no registra incidencias en tres días.
De estas operaciones procede también la facturación de Catawiki: en cada subasta aplican una tarifa del 10% al comprador y otro 10% al vendedor. Por esta vía obtienen sus ingresos, de manera que en 2025 alcanzaron los 111 millones de euros en ventas, un alza del 9% respecto al año anterior, y en la que el beneficio neto ajustado se situó en los 11,2 millones de euros. Todo ello, a un ritmo semanal de 140.000 subastas y el millón de pujas desde 50 países.
¿El caso más caro? La venta de un Ferrari 812 GTS por 415.000 euros en 2023.
Creada en Países Bajos en 2011, Catawiki comenzó su andadura centrada en la colección de sellos, monedas y cómics. La expansión de la plataforma a otras categorías ha rebajado la edad media de sus usuarios (entonces eran generalmente hombres de unos 50 años) y atraído al público femenino.
Porque cualquiera -legalmente habilitado para ello- puede participar. «Buscamos a apasionados de las joyas, los objetos de colección y el arte… No son cosas que necesites comprar, sino que realmente deseas. Ese es el público al que nos dirigimos, sobre todo en Europa», recalca. Respecto al perfil de vendedores, explica que «son comerciales, profesionales y semiprofesionales».
Cabe preguntarse si existe un interés genuino por la pieza o se trata de una inversión a largo plazo. «En gran medida se trata de personas que realmente quieren estos artículos y sienten pasión por ellos», explica Vora, «pero últimamente, con la economía sufriendo altibajos por los precios del petróleo, la energía y la inflación, también vemos que hay gente que los utiliza como vehículos de inversión«.
Ilustra con el caso de España en 2025: una de las categorías que más rápido ha crecido (un 125%) ha sido la de los metales preciosos: oro, plata, lingotes y monedas. «Y sabemos que gran parte de estas ventas se hacen para especular. Los relojes, las marcas vintage y el arte también son vehículos de inversión. Esto está aumentando y convirtiéndose en una parte cada vez mayor de nuestro negocio», concluye el empresario.
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