La portavoz del Sindicato de Inquilinas: «Al Gobierno no le saldrá barato si el martes cae el decreto. Se abrirá una crisis política muy grande»

Horas después del estallido de la protesta, Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas, atiende a EL MUNDO desde ese campo base de tiendas de campaña en el que se ha convertido la Puerta del Sol. La madrugada es larga y varios centenares de manifestantes comienzan a organizarse con la vista puesta en el martes y la aprobación, o no, del denominado decreto Maricarmen. Por delante quedan dos días cruciales en los que, asegura Racu, el Gobierno se lo juega todo después de que la multitud, encabezada por este sindicato, haya puesto en el centro del debate público no sólo los desahucios, sino la compleja crisis de la vivienda. «O cae el rentismo o cae el Gobierno», se repite como mantra en el kilómetro cero de las reivindicaciones, donde sienten que han tomado el relevo, tres lustros después, al 15-M.

 Valeria Racu valora las primeras horas de acampada en Sol y reclama a todos los partidos medidas reales para garantizar la vivienda: «Basta ya de usar nuestro sufrimiento como campaña electoral»  

Horas después del estallido de la protesta, Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas, atiende a EL MUNDO desde ese campo base de tiendas de campaña en el que se ha convertido la Puerta del Sol. La madrugada es larga y varios centenares de manifestantes comienzan a organizarse con la vista puesta en el martes y la aprobación, o no, del denominado decreto Maricarmen. Por delante quedan dos días cruciales en los que, asegura Racu, el Gobierno se lo juega todo después de que la multitud, encabezada por este sindicato, haya puesto en el centro del debate público no sólo los desahucios, sino la compleja crisis de la vivienda. «O cae el rentismo o cae el Gobierno», se repite como mantra en el kilómetro cero de las reivindicaciones, donde sienten que han tomado el relevo, tres lustros después, al 15-M.

¿Cómo ha surgido esta nueva acampada en Sol?
Teníamos claro que ya tenía que pasar algo. Las imágenes desgarradoras que hemos visto esta semana sobre lo violento que fue el desahucio de Maricarmen, que no tenía ningún sentido y que hasta la ONU había dicho que era ilegal, tenían que suponer un antes y un después. La manifestación lo fue y esto ha superado totalmente nuestras expectativas. Sol estaba a rebosar. De forma espontánea, algunas personas dijeron: «Esto no puede quedar aquí, tiene que seguir y suponer un punto de inflexión».
¿Cuál es el objetivo de la acampada?
Tenemos que aumentar la presión y dejar muy claro que no vamos a aceptar que nos digan que no se puede hacer nada, porque entonces estaríamos aceptando que quienes gobiernan este país son, en realidad, los rentistas, los especuladores y los inversores inmobiliarios. Ese es el clamor de la gente y lo que sentimos en las calles: basta ya de usar nuestro sufrimiento como campaña electoral y de pasarse la pelota entre partidos y administraciones. Todas son responsables y culpables, desde el PP hasta el PSOE y todo lo que hay entre medias. Hemos venido aquí a exigir medidas urgentes, necesarias e inmediatas. El martes hay un Consejo de Ministros y tienen una tarea muy fácil: aprobar el ‘decreto Maricarmen’. Después habrá un mes para asegurarse de que salga adelante. Pero ese primer paso no puede ser el final; es una cuestión de mínimos ante la crisis que estamos viviendo.
Si se aprueba el decreto, ¿se levanta la protesta?
No nos fijamos tiempos. Esto ha surgido de la necesidad de la gente de dirigir toda esa rabia hacia un lugar desde el cual se pueda construir y hacer propuestas desde abajo. Por ahora está claro que hoy y mañana nos quedamos; desde ahí seguiremos viendo. El primer objetivo está en el martes, pero ese no puede ser el final. Tiene que ser el principio de un cambio radical en la forma de entender la vivienda en este país. No podemos haber normalizado que sea un negocio como cualquier otro cuando están en juego las vidas de personas de todas las ideologías, edades y lugares del Estado.
¿Qué ocurrirá en Sol si no sale adelante el decreto el martes?
Habrá que verlo, pero está claro que esto no va a parar. No voy a decir que la acampada va a seguir, porque hay que ir viendo cómo se siente la gente y si cree que esta es la herramienta más grande que tenemos, pero no va a salir barato. El Gobierno, habiendo llegado a este punto, tiene que ser muy consciente de que el martes o cae el rentismo o cae el Gobierno. Se está jugando algo muy grande. El conflicto seguirá escalando y se abrirá una crisis política muy grande. Un Gobierno que ahora mismo ya no está muy cohesionado se romperá aún más con algo así, y tiene que ser muy consciente. Basta ya de asustarnos. Siempre se usa la excusa de «más vale esto que lo que vendrá» o «cuidado, porque si no nos votáis, viene el lobo». El lobo ya está aquí: ya nos están echando de casa y ya nos están mandando a la policía a por nosotros por defender el derecho a la vivienda. Ese cuento ya no vale.
¿Participó en el 15-M?
No, era muy pequeña.
¿Qué comparte esta acampada con la de 2011?
Que nace de la calle, del enfado y de la desesperación, pero también de la esperanza de que se puede hacer algo diferente y de que nosotras podemos hacerlo de otra manera. También comparte esa crítica estructural que aborda el modelo económico y, en concreto, el modelo de vivienda. La diferencia es que aquí se piden medidas concretas sobre un tema concreto. Esta es una acampada por la vivienda, muy motivada por un caso concreto. Se oía mucho el lema ‘Todas somos Maricarmen’ porque es cierto: no tienes que ser una señora de 87 años para que te desahucien. Todas estamos mucho más cerca de que nuestros caseros nos echen de casa que de poder comprarnos varios pisos y ser rentistas.
Hace 15 años se protestaba por no poder comprar una vivienda. Hoy se manifiestan por ni tan siquiera poder alquilarla.
Exacto. Esta es una imagen muy representativa de que esto solo ha ido a peor. Si dejamos rienda suelta y permitimos que las reglas del juego las pongan quienes quieren hacer negocio con la vida, mientras los gobiernos simplemente las aceptan y no las cuestionan, llegamos a esto. Antes la reivindicación era «me quiero comprar una casa» y hoy ni siquiera endeudándote a 30 años y pagando el 50 % del valor de la casa. Eso es lo que implica comprarse una casa: ser inquilino del banco durante 30 años. Ahora tampoco puedes ser inquilino de un casero y vivir con tranquilidad.
¿Qué le transmiten los jóvenes que llegan y plantan su tienda?
La gente está extasiada. Llevaba mucho tiempo necesitando sentir que no está todo perdido. En un mundo que parece caerse a cachos, donde todo está mal y no tenemos ningún papel que desempeñar porque somos una hormiguita en medio de cosas enormes, de repente podemos sentir que, cuando nos juntamos y nos organizamos, podemos llegar a tener más poder que cualquier político, casero, juez o policía. Eso mueve muchas cosas por dentro. También es muy bonito ver que se acerca mucha gente que participa políticamente por primera vez, que no estaba ya en el sindicato, en una asamblea de su barrio o en algún colectivo local, sino que se ha acercado porque se ha indignado mucho con lo ocurrido esta semana, ha dicho «basta ya» y entiende que también tiene un papel en esto. Hay mucha emoción, mucha ilusión y también vértigo por ver hacia dónde irá esto. Surgen preguntas, pero hay ganas de hacerlo y de ver hasta dónde podemos llegar. Está claro que necesitamos que esto cambie radicalmente.
¿Teme que los partidos puedan canalizar las reivindicaciones de este movimiento, que es ciudadano?
Estamos hartos de que se use nuestro sufrimiento como campaña electoral. Maricarmen lleva siete años organizada contra esto. ¿Por qué solo ahora les interesa a todos los partidos? Basta de hacer campañas con algo tan dramático como que la gente no tenga una casa y, por tanto, no tenga una vida, y que este país no tenga un futuro. Deben actuar de una vez por todas.
¿Quién es el responsable político de esta crisis?
Los partidos de derechas son muy responsables de que esto haya pasado: fueron ellos quienes pusieron la alfombra roja a los fondos buitre en 2013. Llegaron a España con Ana Botella, que vendió ese primer paquete de viviendas a Blackstone, y con Mariano Rajoy, que cambió la LAU, creó las socimis, les puso casi cero impuestos y les dijo: «Venid aquí a hacer negocio». Las políticas y los partidos de derechas son responsables de que hayamos llegado hasta aquí, y el Gobierno progresista ha mantenido ese mismo sistema y ha jugado a ser igual de rentista que antes el PP. Basta ya. Esto ya no va de partidos políticos; ese marco está superado. Necesitamos un cambio real ante un problema transversal que afecta a personas de todas las ideologías, edades e incluso clases sociales.

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