
Escuchas a alguien dar una noticia, con el móvil en la mano, mientras estás haciendo algo apetecible, a una temperatura casi perfecta, lejos de casa, y lo que sujetas en la mano no es un café con leche. Te has dejado el teléfono en el bolso un par de plantas más abajo, las ojeras con las que amaneciste se han apaciguado y das las gracias por no sentir las vibraciones de siempre emitidas por ese dispositivo del que ahora depende tu vida más que la cartera. Te dices que todo puede esperar.
Las alertas se suceden y aparecen los cambios en las programaciones especiales ante el choque de trenes. Me pregunto si es necesario, si todo vale, si lo que vayamos a decir durante horas le hace bien a alguien 
Escuchas a alguien dar una noticia, con el móvil en la mano, mientras estás haciendo algo apetecible, a una temperatura casi perfecta, lejos de casa, y lo que sujetas en la mano no es un café con leche. Te has dejado el teléfono en el bolso un par de plantas más abajo, las ojeras con las que amaneciste se han apaciguado y das las gracias por no sentir las vibraciones de siempre emitidas por ese dispositivo del que ahora depende tu vida más que la cartera. Te dices que todo puede esperar.
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