
En diciembre de 2023, Nydia Velázquez, congresista demócrata por Nueva York, presentó una resolución en el Capitolio para exigir que el Departamento de Estado diera por superada la doctrina Monroe, inaugurada exactamente dos siglos antes por un discurso del quinto presidente de Estados Unidos, James Monroe, que situó unilateralmente a Latinoamérica en la esfera de influencia del vecino del norte. Este martes, Velázquez volverá a presentar ese texto a sus compañeros de la Cámara de Representantes, en vista de que ese marco de relación de Washington con el continente no solo no quedó superado, sino que, bajo la presidencia de Donald Trump, y con Marco Rubio como secretario de Estado, ha vuelto con una fuerza inédita en décadas.
Nydia Velázquez, representante por Nueva York, presenta una resolución que cuenta con el apoyo de Alexandria Ocasio-Cortez
En diciembre de 2023, Nydia Velázquez, congresista demócrata por Nueva York, presentó una resolución en el Capitolio para exigir que el Departamento de Estado diera por superada la doctrina Monroe, inaugurada exactamente dos siglos antes por un discurso del quinto presidente de Estados Unidos, James Monroe, que situó unilateralmente a Latinoamérica en la esfera de influencia del vecino del norte. Este martes, Velázquez volverá a presentar ese texto a sus compañeros de la Cámara de Representantes, en vista de que ese marco de relación de Washington con el continente no solo no quedó superado, sino que, bajo la presidencia de Donald Trump, y con Marco Rubio como secretario de Estado, ha vuelto con una fuerza inédita en décadas.
La resolución, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, propone una alternativa ―“una política de Nueva Buena Vecindad, diseñada para fomentar mejores relaciones y profundizar en una cooperación más eficaz con todos los países del hemisferio occidental”― para sustituir la doctrina Monroe. Esta nació de la oposición de Estados Unidos a la interferencia de las potencias europeas en los países del Sur, en pleno proceso de emancipación, pero en la práctica marcó el inicio de décadas de invasiones, intervenciones militares y derrocamientos orquestados por la CIA de Gobiernos legítimos.
La vuelta de Trump a la Casa Blanca la resucitó el año pasado y le añadió un corolario para convertirla en la doctrina Donroe, por Donald, su nombre de pila.
El texto de Velázquez ―que cuenta con el apoyo de los demócratas del ala progresista del partido Delia Ramírez (Illinois), Alexandria Ocasio-Cortez (Nueva York), Greg Casar (Texas) y Rashida Tlaib (Míchigan)― añade los acontecimientos más recientes a su repaso de algunos de los puntos más negros de la política exterior de Estados Unidos: De las “guerras bananeras” de principio del siglo XX al golpe de Estado contra Jacobo Arbenz en Guatemala, el embargo a Cuba, los derrocamientos de Salvador Allende en Chile y Joao Goulart en Brasil, el apoyo a laOperación Cóndor entre 1975 y 1980, los escuadrones de la muerte en El Salvador, la contra en Nicaragua, la invasión de Granada, la financiación del golpe en Haití de 1991 o las políticas austericidas del FMI.

A ese pliego de acusaciones, el texto añade unas cuantas más, todas referidas a Trump. La enumeración incluye la interferencia del presidente de Estados Unidos en las elecciones de Honduras, “amenazando con retirar apoyos económicos” si los votantes no escogían al candidato de la derecha, Nasry Asfura; el indulto al expresidente del país centroamericano Juan Orlando Hernández de su condena a 45 años de prisión por narcotráfico y las amenazas de tomar el control del Canal de Panamá; las presiones sobre Brasil, a base de aranceles y de intimidar a los jueces de su Tribunal Supremo, para beneficiar al político ultra Jair Bolsonaro.
También, la deportación “ilegal” de cientos de personas a la cárcel de Nayib Bukele, en El Salvador; la campaña de ejecuciones extrajudiciales de presuntos narcos en aguas del Caribe; el “ataque militar sin autorización” para detener al autócrata venezolano Nicolás Maduro y su custodia actual en una cárcel de Nueva York, en la que espera a ser juzgado por narcoterrorismo.
Nuevo corolario
La resolución también se refiere al “corolario Trump”, que quedó definido en el documento Estrategia de Seguridad Nacional, publicado en diciembre pasado, como la “preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental —que es como acostumbran a llamar al continente americano en Washington—, el acceso a geografías clave en toda la región y el uso de la presencia militar estadounidense en el hemisferio para establecer o ampliar el acceso a lugares estratégicamente importantes”.
El texto, que se presenta este martes en el Capitolio y tiene un futuro incierto en una Cámara de Representantes dominada por una estrecha mayoría del Partido Republicano, propone poner fin a todas las sanciones económicas unilaterales, el embargo a Cuba incluido, reforzar el papel del Congreso, orillado tras la vuelta de Trump al poder, en la política exterior; desclasificar todos los archivos del Gobierno de los Estados Unidos relacionados con golpes de Estado, y colaborar con los países de América Latina en una reforma profunda de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
“La postura agresiva de esta Administración hacia América Latina hace que esta resolución sea fundamental”, explica Velázquez a EL PAÍS. “La doctrina Donroe es simplemente una versión más grotesca de las políticas intervencionistas que nos han fallado durante dos siglos. Estados Unidos y América Latina enfrentan desafíos compartidos en el narcotráfico, la migración y el cambio climático. Solo podemos resolverlos a través de una verdadera asociación, no mediante la coerción”.
Velázquez, de origen puertorriqueño, es una de las congresistas más involucradas en el Capitolio en los asuntos latinoamericanos. Su iniciativa se suma al precedente de otros intentos pasados de superar la doctrina Monroe, a la que el presidente Teddy Roosevelt añadió en 1904 su propio corolario, según el cual Washington se reservaba la potestad de intervenir en los asuntos internos de cualquier país culpable de “una mala conducta crónica o una impotencia que resulta en un debilitamiento general de los lazos de la sociedad civilizada”.
En 2013, el secretario de Estado John Kerry (en tiempos de Obama) dio por terminada esa era en un discurso ante la OEA. Seis años después, John Bolton, asesor de Seguridad Nacional durante la presidencia de Donald Trump, proclamó “con orgullo” que la doctrina estaba “viva y coleando”.
El senador Bernie Sanders lamentó en una entrevista a EL PAÍS publicada el fin de semana pasado que Estados Unidos “hubiera dominado a su antojo Latinoamérica durante muchísimos años”. “[Washington] Derrocó a un Gobierno tras otro. No es eso lo que el pueblo estadounidense quiere. Los países de Latinoamérica tienen derecho a determinar su propio destino en colaboración con Estados Unidos, pero no bajo el dominio de Estados Unidos. Haremos todo lo posible para resistir desde dentro ese uso de la fuerza de nuestro Gobierno en el continente”, afirmó Sanders.
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