<p>El niño quería ir a ver la Fórmula 1. El niño quería ir de verdad. Y no había manera de decirle que no.</p>
A los 19 años vence en Japón su segunda carrera consecutiva y se confirma como una alternativa a su compañero Russell.
El niño quería ir a ver la Fórmula 1. El niño quería ir de verdad. Y no había manera de decirle que no.
Cuando tenía siete años, Kimi Antonelli se empecinó en ir a ver la Fórmula 1. Por entonces su padre, Marco Antonelli, dirigía un equipo de la Porsche Supercup y había semanas en las que ambas competiciones coincidían, así que el niño no paraba. «Llévame. Llévame. Llévame.» Tanto insistió que lo llevó a Hockenheim, lo metió en el interior de una pila de neumáticos, lo tapó con un paraguas y lo coló en el paddock. Por fin, ya era hora. Aquel fue el debut de Antonelli en la Fórmula 1 y hoy, 12 años después, con apenas 19, es el líder más joven de la historia del Mundial al encadenar dos victorias consecutivas.
Este domingo, en Japón, tuvo buena suerte al aprovecharse de un coche de seguridad para dominar a Oscar Piastri, Charles Leclerc y a su compañero, George Russell, que solo pudo ser cuarto. El Mercedes es muy superior y Russell se supone el favorito, pero si falla allí estará el adolescente Antonelli para aprovecharlo.
Es el destino lógico de un chaval formado en todos los aspectos para ser piloto de Fórmula 1, incluso para ser campeón de Fórmula 1. Nacido en Bolonia el 25 de agosto de 2006, se subió por primera vez a un kart con solo dos años, empezó a competir ya a los cinco y fue campeón de Europa antes de los 14. Su padre siempre ha explicado que quería que jugara al fútbol, pero lo cierto es que creció en circuitos como aquel Hockenheim primigenio. Marco Antonelli fue piloto y director de equipos de categorías como la Fórmula 4 o el Mundial de grandes turismos, y su hijo siempre estuvo a su vera, absorbiendo su pasión, creando la suya propia. Talento, además, le sobraba.
Según el progenitor, fue a los 10 años, al verle conducir en un Lamborghini en el circuito de Adria, cuando tuvo claro que el pequeño Kimi podría dedicarse al automovilismo. «Lo senté en mi regazo, pilotaba encima de mí e iba tan rápido como yo», recuerda Marco. Poco después, eso sí, llegaría una decepción.
¿Cómo puede ser que un joven italiano así nunca haya corrido en Ferrari? La explicación tiene guasa. Al empezar a sobresalir en los karts, Massimo Rivola, entonces responsable de la Ferrari Driver Academy, le convocó para una sesión de pruebas, pero poco después le retiró la invitación. «Dijeron que era demasiado pequeño, que ya habría tiempo», cuenta su padre. Mercedes estuvo atenta, incorporó al chico a su academia, y el resto es historia.
La progresión de Antonelli tuvo a partir de ese momento la frialdad de un plan bien ejecutado. En categorías de formación lo ganó prácticamente todo hasta que el año pasado saltó a la Fórmula 1. Con la marcha de Lewis Hamilton, Mercedes le entregó un volante por prescripción de Toto Wolff, defensor de Antonelli. En su primera temporada combinó errores con tres podios y recibió ciertas críticas. Pero este año es su año. «Era demasiado joven. Ponle en un equipo modesto. Necesita experiencia. Mira los errores que comete. Aquí estamos. Victoria», le decía Wolff por radio en Shanghái.
La Fórmula 1 ya tiene un nuevo prodigio, el chico tiene suerte y puede aspirar al título.
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