Las celebraciones de Carlos Alcaraz suelen ser muy tranquilas: una breve charla con su equipo, unos abrazos con su familia y a la ducha. Pero este viernes hizo algo distinto. Después de vencer al chino Yibing Wu por 6-3, 6-4 y 6-1 y clasificarse para octavos de final del US Open, reservó de inmediato 30 minutos en una de las pistas exteriores de entrenamiento y, sin pasar siquiera por el vestuario, se fue directo a practicar el saque y, sobre todo, a pegar muchas, muchas derechas. Las sensaciones durante el partido no habían sido las mejores -cometió hasta 33 errores no forzados– y quería corregirlas antes de volver a su habitación del hotel Plaza, frente a Central Park.
Ya clasificado para octavos de final del US Open estuvo media hora pegando derechas para mejorar las sensaciones. Lo que queda del torneo jugará con una camiseta blanca interior
Las celebraciones de Carlos Alcaraz suelen ser muy tranquilas: una breve charla con su equipo, unos abrazos con su familia y a la ducha. Pero este viernes hizo algo distinto. Después de vencer al chino Yibing Wu por 6-3, 6-4 y 6-1 y clasificarse para octavos de final del US Open, reservó de inmediato 30 minutos en una de las pistas exteriores de entrenamiento y, sin pasar siquiera por el vestuario, se fue directo a practicar el saque y, sobre todo, a pegar muchas, muchas derechas. Las sensaciones durante el partido no habían sido las mejores -cometió hasta 33 errores no forzados– y quería corregirlas antes de volver a su habitación del hotel Plaza, frente a Central Park.
«En el segundo set me he hecho el break yo solo. Ha habido muchos puntos en los que he cometido errores que no tocaban y eso me ha generado frustración. Al final me he ido contento«, analizaba el español, que, pese a admitir esos problemas, se congratulaba por lo conseguido durante la semana: «Me está sorprendiendo la manera en la que me recupero de los partidos, no me siento cansado. De hecho, cada vez me siento mejor. No estoy pasando mucho tiempo en pista y eso se agradece».
En su encuentro ante Wu, Alcaraz introdujo una novedad en su indumentaria. Su uniforme marrón, fruto de la colaboración entre Nike y la marca Cactus Jack del rapero Travis Scott, está siendo un éxito de ventas en Nueva York, y con él se mantendrá todo el torneo. Pero tiene un problema: los tirantes de la camiseta son demasiado estrechos. En las dos primeras rondas, ante Roman Safiullin y Jaime Faria, el español tuvo que estar pendiente de taparse todo el rato, y este viernes decidió ponerle solución. Bajo las notas de una canción del propio Scott, Alcaraz apareció en la pista Arthur Ashe con una camiseta blanca interior.
«Enseñaba demasiado el pezón y pensé que tenía que esconderlo un poco. Fue mi decisión, no fue de la marca. En segunda ronda me distraje un poco por eso», reconoció Alcaraz, que, pese a todos los compromisos y pese al entrenamiento post partido, pudo marcharse de Flushing Meadows sobre las siete de la tarde y cenar tranquilamente en su hotel.
En el horario nocturno, la organización tuvo a bien programar el partido de dobles de las hermanas Williams, y eso salvó al número tres del mundo de trasnochar. «Ahora tengo un buen plan por delante. Tengo que recibir tratamiento de mi fisioterapeuta, así que pondré la televisión con el partido de Serena y Venus y disfrutaré un buen rato», comentaba Alcaraz, que nuevamente habló de su intención de tomarse descansos del calendario ATP para «echar de menos el tenis».
Después de su lesión en la muñeca derecha, su enfoque ha cambiado y, seguramente, multiplicará las precauciones para mantener su físico y para que su pasión siga viva. De hecho, confesó que durante sus meses de baja intentó alejarse de los torneos y no seguir demasiado Roland Garros y Wimbledon, algo que no consiguió: «Intenté ver el mínimo tenis posible, pero era imposible. En mi casa vivimos el tenis con una pasión tremenda y, al final, poníamos los partidos. Soy de seguir los resultados a tope, y muchos partidos me ponía a verlos y los comentaba con mi padre y mis hermanos. También lo utilicé como un momento familiar, en ese sentido me vino bien. Fue una pena perderme Roland Garros y Wimbledon, pero, desde otra perspectiva, también fue un disfrute como fan del tenis que soy».
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