<p>Dicen que a los 90 ya no se soplan velas… se negocia con ellas. Pero quienes rodean a <strong>Amancio Ortega</strong> aseguran que él aún no negocia nada, que su salud es de roble, aunque -dicen también-, sus rodillas le duelan más de la cuenta y su espalda no tenga ya la forma de A de su nombre sino la O de su apellido. Días antes de los 90 años que el gallego estrena esta semana, Inditex, la empresa que fundó, presentó los mejores resultados de su historia y anunció que este año<strong> le pagará un dividendo de 3.500 millones</strong>. Eso sí es un regalo de cumpleaños y no una camiseta de Zara, aunque venga <a href=»https://www.elmundo.es/economia/2026/02/10/698b1d5ae4d4d81a778b4588.html» target=»_blank»>firmada, incluso sudada, por Bad Bunny.</a></p>
Ha elevado su fortuna un 75% hasta los 122.000 millones de euros y ha saldado todas sus cuentas pendientes, incluida la principal: su sucesión
Dicen que a los 90 ya no se soplan velas… se negocia con ellas. Pero quienes rodean a Amancio Ortega aseguran que él aún no negocia nada, que su salud es de roble, aunque -dicen también-, sus rodillas le duelan más de la cuenta y su espalda no tenga ya la forma de A de su nombre sino la O de su apellido. Días antes de los 90 años que el gallego estrena esta semana, Inditex, la empresa que fundó, presentó los mejores resultados de su historia y anunció que este año le pagará un dividendo de 3.500 millones. Eso sí es un regalo de cumpleaños y no una camiseta de Zara, aunque venga firmada, incluso sudada, por Bad Bunny.
Dicen que si bien Amancio Ortega (Busdongo de Arbas, León, 1936) se retiró oficialmente hace 15 años de la primera línea de sus negocios, aún despacha a diario con su círculo y debate los detalles más nimios sobre Zara, su única y perpetua obsesión. Aunque en la sede de Arteixo hay una tienda piloto, aún le gusta viajar en su avión a visitar las nuevas tiendas para ver si funcionan.
La última década del empresario, esa en la que muchas personas se dedican como mucho a dar paseos con su perro o [en Madrid] a otear los encofrados, ha sido la más variada y lucrativa de su vida. No sólo a Inditex le ha ido mejor que nunca, también sus negocios se han diversificado como antes ni él mismo se permitía. En diez años (2026-2017), Inditex ha multiplicado por 2,5 su política de dividendos y Ortega, que no ha vendido una acción de Inditex desde que salió a Bolsa en 2001, ha cobrado 19.300 millones. La década anterior se había embolsado apenas 6.200 millones. Con ellos, ha pasado de coleccionar inmuebles caros para clientes caros -llegó a comprar un rascacielos forrado de oro en Canadá- a invertir en plantas solares y eólicas, torres de alta tensión, infraestructuras eléctricas, naves logísticas, aparcamientos, en proyectos para generar hidrógeno y, desde el año pasado, en logística portuaria.
Pero si Ortega puede estar orgulloso de algo en la década transcurrida es, sin duda, del proceso de sucesión en Inditex protagonizado por su hija Marta (Vigo, 1984) y su directivo de confianza, Óscar García Maceiras (La Coruña, 1975), cuyo sueldo anual asciende a 11,55 millones de euros. Su labor ha disparado la fortuna de Ortega hasta los 122.000 millones, un 75% más que hace diez años.
Tal y como era su deseo, Inditex camina sola. En apenas cuatro años desde su toma de control, el binomio ha hecho olvidar a Pablo Isla, su primer ejecutivo durante dos décadas. Fiel a su espíritu de empresa familiar y gallega, en su actual equipo directivo figuran dos hermanos de Flora Pérez, segunda esposa de Amancio Ortega y madre de Marta Ortega: Jorge y Óscar Pérez Marcote, directores de Massimo Dutti y de Zara, respectivamente. Sandra Ortega, su hija mayor, conserva un 5,05% de Inditex, pero nunca se ha pronunciado sobre la empresa ni sobre su intención o no de entrar en su consejo de administración.
También su inmobiliaria y el resto de inversiones, liderada por un ejecutivo de su confianza, Roberto Cibeira (O Carballino, 1971), y su equipo toman las decisiones por él. En Estados Unidos, su mano derecha es Patricia Alonso González (1977). Formado en el salvaje sector inmobiliario de EEUU, con apenas 30 años Cibeira ingresó en las filas de Ortega, cuando este tenía ya 67 años. Conectó bien con su personalidad exigente y detallista hasta la obsesión, y ha cogido el relevo en todas sus funciones al lucense José Arnau (Cervo, 1956), centinela de los intereses de Ortega desde los años 90. Arnau trabajaba en la Agencia Tributaria cuando, a los 36 años, entró en el universo de Inditex como asesor fiscal. Participó en la salida a Bolsa y pasó a liderar su guardia de corps en Pontegadea. Desde entonces y hasta el año pasado ha ocupado los cargos más sensibles y ha actuado en su nombre en todas sus sociedades, donde su firma vale lo mismo que la del magnate (que no aparece).
Desde 2024, Luxemburgo es el centro de operaciones de los negocios de Ortega en Europa. Allí ha trasladado más de 6.400 millones en activos, todos salvo los del Reino Unido, España y Portugal. También centra en el Gran Ducado sus nuevas apuestas en Australia, donde en enero cerró su mayor operación de los últimos años, la compra del gigante logístico Qube Holdings -junto al fondo Macquire-, valorado en 6.900 millones de euros.
Las 45 personas que trabajan ejecutando los deseos del magnate en las oficinas de Pontegadea, a 12 minutos de su casa a pie, manejan la misma fórmula desde hace año. No llamar la atención, no asumir riesgos. Porque Ortega, que nunca ha dado una conferencia, una entrevista o un discurso en una entrega de premios, no sólo es alérgico a los focos, también lo es a la banca. En su última memoria (2024), refleja una deuda hipotecaria de 263 millones.
Los últimos doce meses han sido frenéticos en el universo empresarial de Ortega. Ha cerrado 20 operaciones en 11 países diferentes y actividades diversas por cerca de 3.000 millones. Desde hoteles en París y Amsterdam o un edificio con 2.360 viviendas en Florida a una empresa de puertos en Reino Unido o un operador logístico en Australia. Y siete edificios de oficinas en Miami, Luxemburgo, Dublín, Vancouver y Barcelona. Florida y Miami, cuartel general de Pontegadea en EEUU, es donde más dinero gastó en 2025 (460 millones), incluido el Sabadell Financial Center, uno de los edificios emblema del barrio de Brickell, su corazón financiero.
Ortega es el mayor casero privado de Europa. Ingresa al año 657 millones por los alquileres de sus activos inmobiliarios, valorados en unos 25.000 millones. Dentro de su cartera incluye una treintena larga de hoteles, muchos de ellos en España y Portugal, todos ellos alquilados a cadenas hoteleras reputadas como Iberostar, NH o Accor, aunque los últimos, adquiridos este mismo año, los ha comprado en grandes capitales de la Europa continental. «En el fondo, no tenemos tantos países donde invertir de la manera que lo hacemos, ni hay tantos inmuebles de la calidad que buscamos», reconocen desde Pontegadea a este diario.
Otro hecho inusual del presente en los negocios es la venta de inmuebles. En 2023, Pontegadea estableció una fórmula de valoraciones rotatorias independientes de sus más de 200 inmuebles, de forma que todos ellos estén tasados a precios de mercado «al menos una vez cada tres años», explican. Esto agiliza su venta y eso es lo que hizo con tres de ellos en 2025, en París, Nueva York y Seúl. Ortega, que se precia ante sus inquilinos de arrendador estable, se ha abierto a la rotación de activos.
En 2024, su grupo de empresas destinó 699 millones de euros a la Fundación Amancio Ortega Gaona. Casi todos los fondos proceden de su división inmobiliaria «con carácter puro, simple e irrevocable», como describe en su memoria, La cifra no se parece en nada a la de los dos años precedentes -80 y 53 millones de euros en 2023 y 2022, respectivamente-. Buena parte se destinó a pagar las máquinas de protonterapia que el magnate aporta a los sistemas públicos de Salud de España y Portugal. También, a la construcción de centros públicos de salud en Galicia de atención a personas mayores. En las localidades valencianas arrasadas por la dana -también en Mira (Cuenca) y Letur (Albacete)-, se acuerdan de su reacción ese año, cuando contribuyó con ayudas tempranas y, después, con la apertura de un fondo de reconstrucción de 100 millones de euros.
Dicen quienes trabajan codo a codo con Amancio Ortega que, aunque parezca increíble, el dinero no le ha importado nunca. Y sí, parece increíble porque Ortega no nació rodeado de lujo sino en una familia nómada represaliada por el franquismo. Lo que podemos creernos mejor es que Amancio dejó de contar el dinero antes de dejar de contar los años.
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