Luis Bárcenas ha declarado este lunes en el juicio por la operación Kitchen. Tras tantas visitas a la Audiencia Nacional como investigado o acusado, hoy lo ha hecho como testigo y siendo él quien acusa a la cúpula del Ministerio del Interior que supuestamente le espió para robarle lo que pudiera tener de comprometedor contra el partido del que fue tesorero.
El ex tesorero ‘popular’ testifica en la Audiencia Nacional por el espionaje policial a través de una operación que, según ha declarado, «se inicia por los responsables del partido en ese momento»
Luis Bárcenas ha declarado este lunes en el juicio por la operación Kitchen. Tras tantas visitas a la Audiencia Nacional como investigado o acusado, hoy lo ha hecho como testigo y siendo él quien acusa a la cúpula del Ministerio del Interior que supuestamente le espió para robarle lo que pudiera tener de comprometedor contra el partido del que fue tesorero.
A preguntas de Anticorrupción, Bárcenas ha recordado la inquietud que, estando ya en prisión tras descubrirse sus cuentas en Suiza y divilgarse la caja b del partido, le trasladó su esposa, Rosalía Iglesias. «Hay un momento en que me traslada en las visitas en el centro que le da la impresión de que alguien la está siguiendo. Pero ella siempre pensó que eran periodistas, nunca pensó que era un dispositivo de carácter policial».
De su declaración se desprende que han desaparecido las dos copias que tenía de una conversación con Mariano Rajoy, entonces presidente del partido y del Gobierno. Una estaba en una memoria física y otra, en una virtual.
Respecto a esta última, ha explicado que en la prisión de Soto del Real pagó a un interno con supuestos conocimientos informáticos para que accediera a cierto material que tenía almacenado en la nube. «Le hice un encargo puntual y remunerado para que determinada información que yo tenía en la nube relacionada con el procedimiento, que tuviera acceso y que cumpliese unas instrucciones que le iría dando».
«¿Tenía grabaciones?», ha repreguntado el fiscal. «Tenía, tenía alguna grabación, efectivamente. De hecho, le di la instrucción de que una grabación en concreto la tenga localizada. Le doy las claves de acceso a esa documentación y que yo le daré la instrucción de cuándo hay que destruir esa información». El preso fue detenido en el permiso de salida en que tenía que cumplir el encargo, y Bárcenas no ha podido precisar qué sucedió, porque no volvió a hablar con él. «Algo llegó a hacer porque luego, cuando recuperé la libertad, en la nube no había nada».
El fiscal le ha exhibido una nota incautada en el centro penitenciario, dirigida al interno al que había contratado: «Hay que destruir todos los audios de M.R. cuando yo te dé la orden. No debe quedar nada. Es mi compromiso». El ex tesorero popular ha reconocido que era su letra, aunque «modificada» para ocultar su autoría, y que las iniciales correspondían a Mariano Rajoy.
Minutos después, en el interrogatorio de su propia abogada, Marta Giménez-Cassina, ha dado más detalles. «Yo tenía tres grabaciones. Una mía propia, en la que explicaba cosas sobre el procedimiento y la contabilidad extracontable del partido. Y luego una grabación muy cortita con el señor Rajoy y luego otra más larga con el señor [Javier] Arenas. Estaban en un pendrive que dejé junto a la documentación más importante en el despacho de mi mujer, en su estudio. Y estuvo también en la nube a la que me refería anteriormente». Cuando salió de la cárcel y fue al estudio de su mujer, comprobó que el pendrive ya no estaba.
Con cada interrogatorio, lo aclaraba un poco más. Finalmente, a preguntas del letrado de Podemos -que como el PSOE ejerce la acusación popular- Bárcenas ha acabado detallando el contenido del audio con Rajoy, si bien tras sugerir que no hacía falta porque ya lo había explicado en la investigación del caso. El abogado de Podemos ha insistido en la necesidad de saber su contenido y la presidenta del tribunal, Teresa Palacios, se ha avenido a que lo explicara.
Lo ha hecho así: «La grabación con Mariano Rajoy es una grabación en el despacho, al que yo subo. Yo había hablado previamente con Javier Arenas de que en la contabilidad extracontable [la caja b] esa que llevábamos quedaba un saldo en esos momentos, una cantidad de dinero. Subo al despacho de Rajoy para decirle que tengo esa cantidad, que lógicamente no tiene ya ningún sentido, que no vamos a llevar papeles de ningún tipo. Le entrego la última hoja de esos movimientos donde figura el saldo, que le llevo en un sobre del que le hago entrega y él se queda. Ve los documentos, él se extraña mucho, me pregunta cómo es posible, hombre, que llevéis esos papeles y tal. Le digo que era la garantía de Álvaro [Lapuerta, tesorero antes de Bárcenas] y mía de que se recibían los fondos y se empleaban correctamente. Se da la vuelta en el sillón, eso se oye en la grabación, lo introduce en el destructor de papeles. El papel, que era una fotocopia, queda destruido y ahí acaba la conversación».
El ex tesorero del PP ha responsabilizado a la cúpula del partido en aquella época, 2013, de la operación en su contra que ahora se enjuicia. Ha sido más a iniciativa propia, porque quería que constara, que a una pregunta directa al respecto. «Esta operación se inicia por los responsables del partido en ese momento y luego tiene un traslado a la parte relacionada, si eso se acredita, en el Ministerio del Interior. Pero empieza en el partido», ha afirmado.
La pieza clave del espionaje a los Bárcenas fue su entonces chófer y «chico para todo» Sergio Ríos, hoy en el banquillo. Fue captado por mandos policiales acusados, entre ellos José Manuel Villarejo. Cobró un sueldo mensual y acabó entrando en la policía. Bárcenas ha recordado su contratación. «Hacía funciones específicas de conductor y de chico para todo: tareas de tipo administrativo, si tenía que ir al banco, iba… Buscamos una persona de absoluta confianza. Venía bien recomendado y por eso fue contratado. Me hace la recomendación un jefe de seguridad que había en el PP porque era muy amigo, e incluso había hecho incluso suplencias en el PP».
El episodio más claro de espionaje recogido por los escritos de acusación fue la entrega de los teléfonos y una tableta de Bárcenas a los policías acusados, para que copiaran su contenido. El testigo ha explicado que ese robo por parte del chófer encajaba perfectamente con su manera de actuar. «Acceso tenía permanentemente, porque yo los teléfonos no los llevaba a las reuniones, los dejaba en el coche. Ríos preparó un sobre, un equivalente a una caja Farenheit [Faraday] que impide saber dónde está el teléfono en ese momento».
También fue el chófer quien se encargó de vaciar su despacho en la sede central del PP y llevar el material al estudio de restauración que tenía su mujer, al que los acusados accedieron sin autorización judicial. «El volumen era cuantioso y no tenía dónde meterlo. Ríos me confirmó que estaba hecho y me dio un recibo, un albarán que no le quiso firmar nadie del PP. Se habían recogido 20 o 25 cajas, además de material particular mío que se encontraba en Génova 13».
De la mano del fiscal, ha confirmado que los datos de los que se apropiaron los acusados correspondían al contenido de su teléfono. También que, cuando EL MUNDO le mostró las pruebas de ello, le costó creer que realmente la Policía le hubiera robado el material personal que se le estaba mostrando y que hubiera captado las fotos que reflejaban las vigilancias. «Me parecía una fabulación».
La familia Bárcenas -el ex tesorero, su esposa y su hijo- ejerce la acusación particular y pide condena para 10 acusados, añadiendo dos a la lista de Anticorrupción. Para el ex ministro Jorge Fernández Díaz y el ex secretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez solicita 41 años de prisión.
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