Benidorm Fest 2026: bienvenidos a la mediocridad

Fue inevitable ver la edición 2026 de Benidorm Fest con otros ojos, porque ya no está en juego el premio de Eurovisión. Y esa visión no ofreció resultados agradables. Vaya por delante que la decisión de RTVE de no participar en la final eurovisiva de este año por la presencia de Israel atiende al sentir de muchos. Es una apuesta valiente, de compromiso y de sentido común. Bien por ella. Pero se ha tenido que llegar a este punto para que contemplemos con claridad la realidad. Nos engañamos y juzgamos a los participantes en esta cita alicantina por las posibilidades para quedar en un puesto digno en Eurovisión. Somos benevolentes por esta circunstancia. SloMo, de Chanel, vale poco musicalmente, pero ella realizó una interpretación impoluta, llena de garra y profesionalidad. Estuvo a punto de ganar en 2022 (y quizá lo mereció, porque se medía con mediocridades) en un festival que derivó a otra cosa hace ya muchos años: una gala televisiva con la música pregrabada donde prima más la famosa puesta en escena que las canciones, esas que cuando están bien compuestas disparan las emociones sin necesitar lenguas de fuego ni cañonazos.

‘T AMARÉ’ de Tony Grox & Lucycalys gana el Benidorm Fest 2026 gracias al apoyo de la audiencia

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 Tony Grox & Lucycalys, con una floja canción, triunfa en un concurso ramplón que sin el premio gordo de Eurovisión no parece tener ningún sentido  

Fue inevitable ver la edición 2026 de Benidorm Fest con otros ojos, porque ya no está en juego el premio de Eurovisión. Y esa visión no ofreció resultados agradables. Vaya por delante que la decisión de RTVE de no participar en la final eurovisiva de este año por la presencia de Israel atiende al sentir de muchos. Es una apuesta valiente, de compromiso y de sentido común. Bien por ella. Pero se ha tenido que llegar a este punto para que contemplemos con claridad la realidad. Nos engañamos y juzgamos a los participantes en esta cita alicantina por las posibilidades para quedar en un puesto digno en Eurovisión. Somos benevolentes por esta circunstancia. SloMo, de Chanel, vale poco musicalmente, pero ella realizó una interpretación impoluta, llena de garra y profesionalidad. Estuvo a punto de ganar en 2022 (y quizá lo mereció, porque se medía con mediocridades) en un festival que derivó a otra cosa hace ya muchos años: una gala televisiva con la música pregrabada donde prima más la famosa puesta en escena que las canciones, esas que cuando están bien compuestas disparan las emociones sin necesitar lenguas de fuego ni cañonazos.

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Importa tanto el planteamiento estético que se anunció sacando pecho el fichaje para este Benidorm de Sergio Jaén, un especialista en adornos escénicos, responsable del que ganó el año pasado en Eurovisión, el representante de Austria, JJ. Jaén se ha encargado de diseñar algunos escenarios de la edición de Benidorm Fest que se celebró ayer. Puestos a fichar a alguien, ya se podrían haber esmerado en sumar apetecibles propuestas musicales. Pero no, aquí todo tiende a la banalidad.

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Anoche se celebró, por tanto, un Benidorm Fest desvalido, por mucho que se haya realizado un esfuerzo económico: 150.000 euros para el ganador. Un dinero, todo sea dicho, que se hubiese duplicado o triplicado dentro del circo eurovisivo, entre galas, giras patrocinadas, aumento de las escuchas en plataformas digitales o presencias en tertulias televisivas. Conscientes de que sin Eurovisión la cita alicantina languidece, se promete más pasta, a ver si (pongamos por caso) Rosalía decide presentarse.

Se llevaron la Sirenita de Oro como triunfadores Tony Grox & Lucycalys con un tema flojo y animado llamado T amaré. Debió ganar la sevillana Rosalinda Galán con su deconstrucción de la copla reconvertida en rave. Audaz, original, con una letra por encima del resto y una interpretación vocal llena de matices y poderosa, es posible que Galán no entienda que no se llevase el concurso de calle. Y tendrá razón. Incomprensiblemente, el jurado no la valoró entre los tres mejores (cosa que el público sí) y por eso no alcanzó la victoria.

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Con alguna excepción, el nivel lírico de los participantes resultó minuciosamente irrelevante y lleno de lugares comunes. Un ejemplo: “Vamos juntas a salir esta noche. / Te prometo que no habrá ni un puto reprochе. / Ponte dos tequilas, que hoy quеremos derroche. / Salud, ya se fue, ¿y ahora quién quiere un hombre?”. Las damas y el vagabundo se titula, y la defendieron unas aceleradas María León y Julia Medina. Musicalmente no encontramos atisbo de que entre los 12 concursantes se represente lo que es hoy la rica música española. Hablamos de lo que está grabando gente como Rodrigo Cuevas, Guitarricadelafuenta, Valeria Castro, Rusowsky, Judeline, Alcalá Norte, María Terremoto, Ángeles Toledano, Linaje, Drugos, Arde Bogotá… La lista podría ocupar todo este artículo. A cambio, se mostró una colección de canciones sin alma, ausentes de originalidad, cortadas por un patrón simplón, anticuadas.

No pasa nada si se renuncia a Eurovisión de por vida y de paso nos ahorramos Benidorm Fest

¿Puede vivir Benidorn Fest sin el premio gordo de acudir a Eurovisión? Seguramente no, porque está construido con ese objetivo y por mucho que vendan acuerdos con Univisión o Spotify, el aroma eurovisivo es el ADN de la cita alicantina. No pasa nada si se renuncia a Eurovisión de por vida y de paso nos ahorramos Benidorm Fest. Mejor invertir esos cuatro millones de presupuesto en apostar por la música de verdad en RTVE, esa que genera canciones que conmueven, composiciones que consuelan en los momentos de derrota, que incomodan o que simplemente provoquen el baile. Dio un poco de vergüenza escuchar a Jesús Vázquez, uno de los presentadores, decir que “RTVE era la casa de la música”. Anoche, solo cuando se amenizaba la espera para saber las votaciones e irrumpió el estribillo de Eres tú, de Mocedades, dio la impresión de que se escuchaba música auténticamente buena.

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