El chupinazo estalló en pleno subidón de la ola de calor, no en toda la cresta. «Pamplonesas, pamploneses, ¡Viva San Fermín! Iruindarrak, Gora San Fermín!», gritaron Clint Jean Louis Fernández y Araceli Sergio Aguilera, subdirector del servicio de Urgencias de Navarra y enfermera de la UVI móvil de Tafalla, respectivamente.
Cada año es lo mismo y cada año es diferente en Pamplona porque existe un orden en el caos sanferminero. Esta vez, el chupinazo proclamado por dos representantes de la Subdirección de Urgencias ha perdido peso político. Para bien.
El chupinazo estalló en pleno subidón de la ola de calor, no en toda la cresta. «Pamplonesas, pamploneses, ¡Viva San Fermín! Iruindarrak, Gora San Fermín!», gritaron Clint Jean Louis Fernández y Araceli Sergio Aguilera, subdirector del servicio de Urgencias de Navarra y enfermera de la UVI móvil de Tafalla, respectivamente.
La marabunta se agitó apretada, rítmica, borracha, bajo una insoportable temperatura de 33 grados in crescendo hasta los 40. ¡Alerta naranja en plena marea blanquiroja! Daba cosa verlos allí abajo, aplastándose los cuerpos, en el horno de la plaza consistorial.
Que fuera la Subdirección de Urgencias de Navarra la encargada de prender la mecha limpió la escena del balcón de politización, salvo las clásicas pancartas euskaldunas -la reclamación de Independentzia, una Ikurriña XXL, Euskalherria y tal- desplegadas en el corazón de esta Navarra foral y española. El personal sanitario de urgencias se bate el cobre de verdad durante las fiestas de San Fermín, especialmente centrado en el despliegue de los encierros. Mucho mejor este chupinazo de 2026 que el propalestino de 2025, cuando la masa rugió al grito de «Free Palestine! ¡Viva Palestina libre!» lanzado por los integrantes de Yala Nafarroa por Palestina.
Todavía quedan por los balcones de la ciudad banderas descoloridas como la causa, retomada sólo con un enorme eslogan contra Israel: «Destroy Israel». Sin (re)sentimiento antisemita casi. Otra pancarta recordaba a la Venezuela que se desangra por el terremoto. Unos tíos se sentaron en el suelo a hacer el remo vikingo de Haland y la selección de Noruega, verdugo de Brasil.
El recorrido por las calles en las horas previas al gran estallido es un festival gastronómico. Los almuerzos de magras con tomate, huevos fritos, chistorra, ajoarriero se extienden sobre blancas mesas pobladas por incombustibles cuadrillas de blanco con el pañuelico rojo aún en la muñeca.
Observo el paseo de Sarasate levantado en obras y huérfano de la tradicional tómbola benéfica, imprevistos de la administración. De un San Fermín a otro no ha debido haber tiempo. El alcalde bildutarra Joseba Asiron instaló en los puntos clave de Pamplona pantallas gigantes para seguir el cohetazo. No sé dónde he leído que esas mismas pantallas no emitirán los partidos de la Selección de España. Diciéndole La Roja, no veo el problema. La misma publicidad de Movistar proclama «Todo por La Roja» o así. Si dijese «Todo por España» podrían pensar que es un cuartel de la Guardia Civil y no una publicidad.
Cada año es lo mismo y cada año es diferente -existe un orden en el caos sanferminero-, invariable el chupinazo al paso del tiempo. Ernst Hemingway lo contó hace 100 años exactos en su Fiesta (The sun also rises, 1926) con escritura rasa. Lo recuerda una lona conmemorativa en la puerta principal de la Monumental Plaza de Toros de Pamplona: «El mediodía del domingo seis de julio estalló la fiesta. No hay otra forma de describirlo». Aterrizó en el Gran Hotel La Perla en 1923, colocó los Sanfermines en el mapa del mundo, ganó el Nobel en el 54 y se pegó un tiro en 1961. Sigue siendo cruz de guía para la legión de norteamericanos que cada año desembarcan —verbo exacto para los Estados Unidos— en Pamplona.
Un negro con porte de Dennis Rodman saludaba en el tren, como se saluda en la NBA, a otros compatriotas, identificándose como natural de Alabama. La consigna la repitió el otro compadre, de Minnesota, como si se conocieran de toda la vida: «Are you going to run with the bulls this year?». Los yankees hacen patria donde se encuentren.
La fiesta desatada en Pamplona desde las 12 del mediodía en la Plaza del Ayuntamiento -204 horas de entusiasmo etílico hasta el Pobre de mí– gira en torno al toro las 25 horas del día. Pero, cada temporada, las voluntariosas gentes de la asociación animalista PETA no se resisten a montar una performance que este año ha sido formidable: ante un Cristo rodeado de imágenes de toros muertos y unas muchachas encornadas, altivas con sus pancartas y ofreciendo sus muslos a la causa, han sentenciado que la tauromaquia es pecado por ir contra los valores católicos. Y han pedido al Papa León XIV la excomunión o así para los taurinos.
Lo mejor que le podía suceder a la tauromaquia es que fuera considerada pecado. Sólo devolviéndola al territorio de lo prohibido, de lo clandestino, recuperaría su verdadera naturaleza litúrgica.
El toreo no nació para provocar un consenso bienpensante, sino para habitar en la frontera de lo sagrado y lo proscrito. Si la modernidad pretende arrinconar la tauromaquia con sus códigos de catequesis laica, bienvenido sea. Aquí 40.000 personas —a razón de 20.000 por la mañana y 20.000 por la tarde— se congregarán desde este 7 de julio a diario únicamente en el espacio de la Monumental pamplonesa. Multiplica la ciudad por cuatro su población para hacer la despensa económica del invierno con el motor del toro.
Las corridas constituyen el pilar de todo, también de los masivos encierros. TVE, tan abusadora, ha decidido por fin este año aflojar la cartera. Por primera vez en la historia, el Ayuntamiento de Pamplona cobrará por los derechos de emisión de sus tradicionales encierros, tras sellar una alianza con RTVE y EITB. El acuerdo tendrá una vigencia inicial de cuatro años (ampliable a otros cuatro) y supondrá un ingreso anual de 650.000 euros, una cifra que se actualizará cada año según el IPC y se liquidará antes del 30 de septiembre.
El dinero no será sólo para el consistorio, sino que una parte irá para la Casa de Misericordia de Pamplona (MECA) a cambio de ceder los derechos para grabar en el interior de la plaza de toros, de la que es titular. El consistorio recibirá el 65% (422.500 €) y la MECA el 35% restante (227.500 €). Convendría recordar en este punto a la Inquisición de PETA que la Feria de San Fermín, también conocida como Feria del Toro, es la única feria taurina de España con un fin social: la residencia de ancianos de Pamplona.
Quedan 204 horas de fiesta, encierros y toros.
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