El drama de Malinin: dos caídas dejan sin medalla al Dios de los Cuádruples

<p>Quizás fue la presión de saberse el mejor y tener que demostrarlo en el instante cumbre. Quizás fue la responsabilidad de estar seguro de que millones de ojos estaban puestos en él en la convicción de que les proporcionaría un espectáculo inolvidable. Quizás… Pero <strong>IIia Malinin</strong> no ganó. Ni el oro, ni la plata, ni el bronce. Acabó en octava posición con una puntuación total de 264.49. Una conmoción en los Juegos. Una afrenta a los dioses del patinaje artístico. Ilia patinó peor que nunca cuando tenía que haberlo hecho mejor que siempre. O, al menos, como siempre. Le hubiera bastado.</p>

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 El estadounidense acaba octavo, con 264.49, lejos del podio, copado por Saidorov, Kagiyama y Sato.  

Quizás fue la presión de saberse el mejor y tener que demostrarlo en el instante cumbre. Quizás fue la responsabilidad de estar seguro de que millones de ojos estaban puestos en él en la convicción de que les proporcionaría un espectáculo inolvidable. Quizás… Pero IIia Malinin no ganó. Ni el oro, ni la plata, ni el bronce. Acabó en octava posición con una puntuación total de 264.49. Una conmoción en los Juegos. Una afrenta a los dioses del patinaje artístico. Ilia patinó peor que nunca cuando tenía que haberlo hecho mejor que siempre. O, al menos, como siempre. Le hubiera bastado.

El kazajo Mikhail Shaidorov no se lo creía. Era oro con 291.58 puntos. El japonés Yuma Kagiyama (280.06) tampoco. Era el máximo rival de Malinin. Y le había vencido. Era plata, sí. Pero detrás de Shaidorov. Otra plata le hubiera satisfecho, pero no esa. Malinin se cayó dos veces, en un cuádruple lutz y en un cuádruple axel. Él, precisamente él, apodado El Dios de los Cuádruples. Nervioso, descentrado, aplastado por eso, por la presión, por la responsabilidad, es desde ahora mismo la gran decepción de los Juegos. Pero esto es deporte, y los deportistas, aunque se les otorguen alias divinos, son humanos. Muy humanos. Rabiosamente humanos.

Si el recinto hubiera sido el cuádruple (otro cuádruple) de grande, se habría llenado. Ilia Malinin concitaba desde el principio de estos Juegos la máxima expectación. Sólo las grandes estrellas del esquí (Lyndsey Vonn, Mikaela Shiffrin, Marco Odermatt) se le equiparaban. O, mejor, sólo él podía equipararse a las máximas estrellas del esquí. No Justificó la expectación con la actuación que se le presuponía en cuatro minutos de intensidad extrema y liviandad suprema. De dominio. De belleza. De alguien técnicamente impecable y artísticamente inspirado. Nada de eso ocurrió. Malinin, debutante en unos Juegos, sabe ahora lo que éstos implican de riesgo después de conocer lo que suponen de ilusión.

Los patinadores salen por grupos. Cuatro grupos de seis participantes que aparecen en escena en sentido inverso a la clasificación en el programa corto. El grupo cuarto, «el de la muerte», que se asoma al fracaso. El de «la vida», que se inclina hacia el triunfo. Así que cuando Malinin, el último de los últimos, o sea, el primero de los primeros, saltó al hielo, ya en el calentamiento con sus compañeros de tanda, el público soltó su propia tensión con una especie de ovación desordenada, entre estruendosa y en sordina. Fue como si anticipara la definitiva y, a la vez, la reservara para el momento decisivo. La ovación final a un Ilia decepcionado hasta la mueca y abatido hasta las lágrimas, fue de comprensión, de conmiseración, de simpatía, de apoyo, de cualquier cosa que pueda ayudarle a superar este bache, este drama en el que se ha convertido su actuación en Cortina.

Malinin no hereda el trono de su compatriota Nathan Chen, el campeón en Pekín2022. También por equipos. Ver a un Chen ganar en China parece coherente. Y, aunque Nathan es un estadounidense de Salt Lake City, con un nombre perfectamente estadounidense en Utah o en cualquier otro estado, el apellido lo delata. En efecto, Chen es hijo de inmigrantes chinos. IIia, con otro apellido delator, lo es de uzbekos. He aquí que el moderno y triunfal patinaje artístico americano es de sangre asiática.

Malinin, abatido, a la espera de la decisión de los jueces.
Malinin, abatido, a la espera de la decisión de los jueces.AFP

Chen tiene 26 años y no está oficialmente retirado, pero ha priorizado sus estudios de Medicina y anunció hace tiempo que no estaría en Cortina. Era, por muchas razones, el antecesor de Malinin. Le ha precedido en el récord mundial de puntos y en su reinado en los cuádruples. Estuvo imbatido desde 2018 a 2021. Malinin lo está desde 2023. Ahora ya no. Chen fue en 2017 el primer patinador en realizar cinco cuádruples diferentes (lutz, flip, loop, salchow y teeloop). Y, en 2022, el primero en realizar seis en el mismo programa. Se le apodó Quad King. El rey de los cuádruples. Pero Malinin ha realizado siete. Por eso se aupó en la jerarquía y se le conoce por Quad God. El dios de los cuádruples. Los reyes reinan en la tierra. Los dioses, en el cielo.

Malinin ha bajado a la tierra, al hielo, que iba a ser como una alfombra ardiente de triunfo y está más frío que nunca.

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