La batalla por la supervivencia política del primer ministro británico, Keir Starmer, ha entrado en una fase crítica tras la demanda de dimisión del líder laborista en Escocia, Anas Sarwar, que coincide con la marcha de dos de los principales asesores del operativo de Downing Street en menos de 24 horas. Tras perder a su mano derecha, el hasta este domingo jefe de Gabinete, Morgan McSweeney, y a su director de Comunicación, Tim Allan, Starmer se ha quedado sin el escudo que actuaba como cortafuegos, quedando más expuesto todavía al descontento de un grupo parlamentario en maniobras sucesorias. De momento, la falta de una alternativa evidente permite a Starmer ganar tiempo, pero la febril atmósfera que rodea al primer ministro ha forzado a su portavoz oficial a negar este lunes que su salida sea inminente.
El primer ministro británico ha perdido a dos de sus más estrechos asesores en menos de 24 horas y afronta la ira de sus filas
La batalla por la supervivencia política del primer ministro británico, Keir Starmer, ha entrado en una fase crítica tras la demanda de dimisión del líder laborista en Escocia, Anas Sarwar, por el caos en el operativo de Downing Street, donde dos de los principales asesores han anunciado su renuncia en menos de 24 horas. Tras perder a su mano derecha y principal estratega ideológico y electoral, el hasta este domingo jefe de Gabinete, Morgan McSweeney, y a su jefe de Comunicación, Tim Allan, Starmer se ha quedado sin el escudo que actuaba como cortafuegos, quedando más expuesto todavía al descontento de un grupo parlamentario en maniobras sucesorias desde hace semanas. De momento, la falta de una alternativa clara permite a Starmer ganar tiempo, pero la febril atmósfera que rodea al primer ministro ha forzado a su portavoz oficial a negar este lunes que su salida sea inminente.
La explosiva intervención de Anas Sarwar, quien el 7 de mayo se enfrenta a unas difíciles elecciones al Parlamento de Escocia, era lo último que Starmer necesitaba en una jornada que pasa a puerta cerrada para convencer a dos cruciales audiencias de que cuenta con una hoja de ruta clara para reflotar su maltrecho liderazgo: su propio equipo en el Número 10 de Downing Street, mermado por dos bajas claves y profundamente desgastado por alegaciones de división y desgobierno; y, sobre todo, sus diputados, con quienes, como cada lunes, se reúne a última hora de la tarde, pero, en esta ocasión, con la incesante cacofonía del malestar reinante y las especulaciones sobre un potencial regicidio.
En una rueda de prensa convocada de urgencia en Glasgow, el jefe laborista en Escocia justificó en clave doméstica su decisión “no fácil y no sin dolor” de exigir la salida de Starmer, por los efectos que la impopularidad del Gobierno británico puede acarrear para las posibilidades electorales de su partido en los comicios de mayo. Anas Sarwar ha rechazado, de hecho, proponer ningún nombre para el relevo en Downing Street y ha dejado claro que su “máxima prioridad” es Escocia. “Tengo que hacer lo correcto por mi país”, ha declarado en una comparecencia en la que ha dicho que “la distracción tiene que acabar y el liderazgo en Downing Street tiene que cambiar”.

Sarwar es el político laborista de mayor rango en demandar públicamente la cabeza de Starmer, a quien considera un lastre en las urnas. Hasta ahora, las llamadas a la dimisión procedían de los sectores más izquierdistas de la formación, reacios desde un principio a la línea marcada por un primer ministro que se ha alejado de los postulados tradicionales del partido. Pero la intervención del líder escocés, en plena resaca por la salida de Morgan McSweeney y de la repentina marcha de Tim Allan, tras apenas cinco meses en el cargo, pone en jaque la estabilidad de un mandatario cuya popularidad ha caído a niveles récord.
El riesgo ahora es que la llamada de Sarwar genere un efecto dominó que haga insostenible la continuidad de Starmer. Como prueba del riesgo existencial, pesos pesados del Gobierno británico, como el viceprimer ministro, David Lammy, o la ministra de Finanzas, Rachel Reeeves, se han lanzado en cadena a reivindicar, a través de las redes sociales, la necesidad de estabilidad y la permanencia de Starmer como garantía de solidez.
Allan, quien había trabajado previamente con el ex primer ministro británico Tony Blair, había sido reclutado para reflotar la estrategia de comunicación de Starmer, un dirigente que ha sufrido la caída de popularidad más pronunciada desde que existen los registros.
Starmer ha expresado a su equipo este lunes que la política debe ser una fuerza positiva y ha enfatizado la importancia de avanzar, tras las dos renuncias. “Debemos demostrar que la política puede ser una fuerza positiva. Creo que sí. Creo que lo es. Seguimos adelante a partir de ahora. Avanzamos con confianza mientras seguimos transformando el país”, ha manifestado el primer ministro británico al personal de Downing Street, antes de la petición de dimisión del escocés Anas Sarwar, según informa Reuters.
La líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, ha afirmado por su parte que la posición de Starmer es “insostenible”, mientras que el ministro principal del Gobierno escocés, John Swinney, ha dicho que demuestra “su debilidad” como líder. En apoyo del primer ministro, la secretaria de Estado de Igualdad, Jacqui Smith, ha asegurado a la BBC que este “está decidido” a seguir adelante con su mandato, tras llegar al poder con una mayoría absoluta en las elecciones de julio de 2024.
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