El ‘Eurogeta’ comenzó imponiéndose al Lugano en el minuto 2 con un gol de Azón, pero los suizos no tardaron en reaccionar. Fueron rápidos y letales: en apenas cuatro minutos, ya habían marcado el 1-2. Antes de la media hora, en el minuto 26, el Lugano anotó el tercer tanto y le dio la vuelta a un partido que el Getafe había comenzado ilusionado, pero en el que sus deficiencias defensivas le impidieron mantener la ventaja. El Coliseum olía a desastre y despidió a los jugadores con pitos al descanso.
Los de Bordalás encajaron cinco goles en el Coliseum (2-5), mientras que los donostiarras anotaron media docena en Noruega (6-0). El equipo de Giráldez remontó ante el Celtic en Glasgow (1-2)
El ‘Eurogeta’ comenzó imponiéndose al Lugano en el minuto 2 con un gol de Azón, pero los suizos no tardaron en reaccionar. Fueron rápidos y letales: en apenas cuatro minutos, ya habían marcado el 1-2. Antes de la media hora, en el minuto 26, el Lugano anotó el tercer tanto y le dio la vuelta a un partido que el Getafe había comenzado ilusionado, pero en el que sus deficiencias defensivas le impidieron mantener la ventaja. El Coliseum olía a desastre y despidió a los jugadores con pitos al descanso.
Ocurrió lo mismo al inicio de la segunda parte. Solo pasaron cinco minutos hasta que llegó el cuarto tanto. Bordalás hizo cambios, obligado por la situación, pero ni aun así era capaz el equipo azulón de crear peligro. Hubo algún momento de lucidez, con posesiones largas en las que intentaba descolocar al Lugano y encontrar espacios. Y lo conseguía. Empezaba a reconocerse al Geta allá por el minuto 65, cuando Bordalás ya había agotado los cambios, pero faltaba puntería. La afición, con poco, respondió al despertar de la siesta de su equipo.
Un error del portero suizo permitió a Borja Mayoral marcar y al Coliseum volver a ilusionarse. Era difícil, pero, viendo la resistencia que había mostrado el Getafe en sus anteriores enfrentamientos, con el 2-4 todavía había partido. Tuvo ocasiones, algunas muy claras; tuvo ganas y, sobre todo, tuvo fútbol el equipo madrileño. Pero los errores atrás le costaron la manita. Despertó tarde y todavía seguía con cara de sueño.
A casi 2.500 kilómetros del Coliseum, en Lillestrøm, arrancaba el partido de la Real Sociedad. Sobre un césped perfecto, el balón corría ligero, el encuentro prometía ritmo y eran los donostiarras quienes iban con la lengua fuera. Pero eso no impidió que Sergio Gómez, a pase de Oyarzabal, abriera el marcador en el minuto 25 y cambiara todo. Apenas dos minutos después, la pareja volvía a asociarse para firmar el segundo. De nuevo marcaba Gómez, pero era Oyarzabal quien demostraba por qué es campeón del mundo. Encarriló la Real el partido. Oyarzabal lo hizo todo bien y el equipo acompañaba para que Sucic anotara en el 33 el tercero, confirmando que estaban a gusto, muy a gusto.
Mientras tanto, el Celta, arropado por sus 3.000 aficionados en Celtic Park, se plantaba en un partido que era la cara opuesta al de los donostiarras. Sin peligro, sin presión y lento. Tanto que apenas pasó nada en la primera mitad del encuentro. Y aunque volvieron activos los gallegos, jugando a algo, al menos, en la contra, en una de esas jugadas en las que no da tiempo a reconstruirse, el Celtic abrió la lata con el gol de Baur tras un centro de Hassan, el exjugador del Oviedo. Aunque fue el detonante para que el Celta reaccionara y gestionara el partido, con un rival echado atrás.
Al mismo tiempo, en Noruega, Jon Martín hizo que Nyheim tropezara con su pie. Y el colegiado pitó penalti sin dudarlo. Pero ahí estaba Unai Marrero para detener el lanzamiento. Todo le salía de cara a la Real, tanto que Oskarsson acabó marcando el cuarto y, ocho minutos después, Sucic firmaba el doblete.
Si las cosas iban rápido en Noruega, en Glasgow volaban. Javi Rodríguez le dio alas al Celta para venirse arriba con el empate y, con su doblete en tres minutos, darle la vuelta al marcador y al partido. Tocaba aguantar, y aguantó para llevarse sus tres primeros puntos en Europa, como la Real, que acabó marcando media docena de goles y consiguiendo su primera victoria de la competición ante el equipo de Hans Erik Odegaard, el padre de Martin Odegaard.
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