España se desmarca de Europa: alquilar una habitación se encarece en las grandes ciudades frente a la caída del 4,6% del resto de países

Compartir piso se ha convertido en la opción más accesible para jóvenes, estudiantes y rentas más bajas ante el elevado coste que supone alquilar una vivienda completa. El precio de las habitaciones se ha moderado en Europa en los últimos meses y registra un descenso medio del 4,6%, pero en ese mapa regional, las ciudades españolas suponen una excepción y se colocan entre los lugares que registran mayores subidas a la hora de arrendar.

 Compartir piso en Barcelona cuesta de media 650 euros al mes, un 8,3% más que hace un año; en Madrid se pagan 600 euros (un 3,4% más) y en Valencia, 425 euros (un 2,4% más caro)  

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Compartir piso se ha convertido en la opción más accesible para jóvenes, estudiantes y rentas más bajas ante el elevado coste que supone alquilar una vivienda completa. El precio de las habitaciones se ha moderado en Europa en los últimos meses y registra un descenso medio del 4,6%, pero en ese mapa regional, las ciudades españolas suponen una excepción y se colocan entre los lugares que registran mayores subidas a la hora de arrendar.

Barcelona se lleva la palma. Conseguir una habitación en la Ciudad Condal costó en el segundo trimestre del año, de media, 650 euros al mes, un 8,3% más que en el mismo periodo de 2025. En Madrid, el precio alcanzó los 600 euros, un 3,4% superior, mientras que en Valencia se pagaron 425 euros, lo que supone un incremento interanual del 2,4%. Los datos, recopilados por la plataforma de alquiler para estudiantes HousingAnywhere, dan muestra de la elevada presión en el mercado de la vivienda que registran estas urbes y de cómo esa tensión se traslada a los estudiantes en una de las épocas de mayor actividad del año. En estos meses, muchos univesitarios buscan alojamiento de cara al inicio del próximo curso y lo que se encontrarán al acudir al mercado son unos precios más caros que el curso pasado y que, en muchas ocasiones, pueden acabar condicionando su elección de universidad o formación.

Con todo, compartir piso sería la opción más asequible porque las rentas de los estudios requerirían un presupuesto aún más elevado. De acuerdo con la misma plataforma, alquilar un estudio cuesta una media de 1.000 euros en Valencia, 1.100 euros en Madrid y 1.265 euros en Barcelona.

La situación en el resto de Europa difiere por países, pero como norma general y a diferencia de lo que ocurre en España, los precios se han contenido en los últimos meses. Eso no quiere decir que no existan urbes en las que compartir piso resulte más caro, como muestra la fotografía de Ámsterdam, donde alquilar una habitación amueblada cuesta 1.073 euros mensuales (un 10,6% más que hace un año), Róterdam, donde se pagan 873 euros, o las ciudades alemanas de Colonia (815 euros), Múnich (800 euros) y Hamburgo (800 euros).

En el lado opuesto, las mayores caídas a la hora de compartir piso se han dado en Bruselas, donde el precio de las habitaciones bajó en el segundo trimestre un 7,7%, hasta los 600 euros, y Bolonia, donde se redujo un 4,6%, con un precio de 620 euros. «Los alquileres de habitaciones han bajado un 4,6% respecto al año anterior y la competencia es mucho menor que en el caso de los estudios, por lo que los estudiantes que eligen una habitación consiguen mejores precios y más posibilidades», señala Antonio Intini, CEO de HousingAnywhere. Pese a ello, desde la plataforma recomiendan adelantar y agilizar la búsqueda de pisos compartidos para evitar que la presión del verano pueda encarecer aún más los niveles de las rentas.

Actualmente, una media de 6,6 estudiantes compiten por cada anuncio de una habitación en el portal. «Este ratio, que refleja el equilibrio entre la oferta y la demanda, sugiere que elegir una habitación en un piso compartido sigue siendo una alternativa que facilita una búsqueda de alojamiento más ágil y con mayores probabilidades de éxito» frente a los estudios, indican.

Sus conclusiones coinciden con otros profesionales del sector que, conscientes de la presión creciente en el mercado del alquiler, vienen apuntando a que la vivienda compartida y el alquiler de temporada están ganando peso entre los inquilinos que cada vez tienen más dificultades para acceder a un arrendamiento de larga estancia. En este sentido apunta el barómetro publicado esta misma semana por la Federación Nacional de Asociaciones Inmobiliarias (FAI), que recoge que la escasez de oferta y el encarecimiento del arrendamiento están impulsando otras alternativas al alquiler tradicional como la vivienda compartida (un 22,4% de los encuestados opta por esta opción), el alquiler de temporada (21,8%) o el alquiler de habitaciones (16,4%).

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