La rendija para la paz entre Estados Unidos e Irán está abierta. Cuando están a punto de cumplirse tres meses del ataque que acabó con el líder supremo de la República Islámica, Ali Jameneí, y marcó el inicio de una campaña de inciertos resultados, Washington da por hecho que en los próximos días podrá anunciar un acuerdo con Teherán para reabrir el estrecho de Ormuz. Este es, desde el inicio de la guerra, uno de los puntos más espinosos. El paso se ha convertido en un tapón que amenaza con asfixiar la economía global. Irán, muy consciente de tener esa importante baza negociadora, la ha usado a su favor.
Trump rebaja las expectativas sobre un anuncio inminente, pero su Administración cree que se producirá en los próximos días
Cuando están a punto de cumplirse tres meses del ataque contra Irán que acabó con su líder supremo, Ali Jameneí, y marcó el inicio de una campaña de inciertos resultados, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanza señales contradictorias sobre el tan discutido acuerdo de paz que negocian los dos enemigos. Si el sábado lo daba prácticamente por hecho ―“los detalles se anunciarán pronto”―, el domingo ya enfriaba las expectativas de un fin inminente de la guerra. “Las negociaciones avanzan de forma ordenada y constructiva. He informado a mis representantes de que no se apresuren para firmar un acuerdo en el que el tiempo está de nuestro lado”, escribió el republicano en su red social, Truth.
Ya el sábado se intuía que no todo estaba cocinado, ya que el estadounidense anunció que el pacto incluía la reapertura del vital estrecho de Ormuz ―por el que pasa el 20% del petréleo mundial―, extremo que fue desmentido por las autoridades de Teherán a los pocos minutos. Pese al jarro de agua fría en forma de mensaje en Truth, las partes involucradas en las conversaciones insisten en los últimos días en su optimismo. La rendija para la paz está abierta.
La versión que están dando los equipos al tanto de las conversaciones gira en torno a una negociación en dos tiempos: reapertura inmediata del estrecho de Ormuz mientras que se concede algo de tiempo extra ―hay versiones que hablan de 60 días― a Teherán para acordar los detalles en torno a su programa nuclear. Un alto cargo de la Casa Blanca confesó al medio Axios que cree que el pacto para desbloquear Ormuz llegará en los próximos días. Según esta versión, el líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí, hijo del asesinado por Estados Unidos hace tres meses, supuestamente ha dado luz verde al esquema general, pero todavía quedan detalles por cerrar y la toma de decisiones en el régimen islámico es un proceso lento.
Marco Rubio abundó en la misma idea de que las cosas van bien, pero que van a necesitar algo de tiempo. “No puedes cerrar en 72 horas en una servilleta un acuerdo nuclear”, resumió el jefe de la diplomacia de Estados Unidos en una entrevista que concedió en Nueva Delhi.
Si finalmente sale adelante este plan, sería el colofón a meses de constantes mensajes contradictorios del mandatario republicano, en el que un día aseguraba que las negociaciones con unos dirigentes iraníes supuestamente deseosos de agradarle iban estupendamente y al siguiente decía cosas como que “una civilización entera” estaba a punto de morir para pasar al instante siguiente a la casilla de salida.
Falta por conocer los detalles y existen dudas en torno al cumplimiento por parte de dos bandos en los que reina la desconfianza. Pero, si sale adelante, el pacto supondrá un respiro considerable tanto para Washington como para Teherán. El gran perdedor sería el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que no se ha esforzado en esconder su incomodidad ante un acuerdo entre su principal valedor en el mundo y su archienemigo, un pacto que no cubre las principales preocupaciones del Estado judío y que habían servido de argumento para lanzar el ataque del 28 de febrero.
A lo largo de estos días han jugado un papel fundamental los negociadores paquistaníes, encabezados por el jefe del Estado Mayor, Asim Munir, y los líderes del mundo árabe, que veían con preocupación cómo un conflicto a gran escala en Irán podía arrastrarlos a ellos también. Hace ya meses que al propio Trump se le notaba impaciente por pasar la página de una guerra que se gestó como si fuera a durar unos días y que, al enquistarse, impulsaba los precios del petróleo y, lo que es peor, se llevaba por delante la popularidad del republicano. Las prisas por llegar a un acuerdo se explican también por el calendario interno estadounidense: a Trump le quedan menos de seis meses para las elecciones legislativas de noviembre, que marcarán la segunda mitad de su estancia en la Casa Blanca.

Cabe preguntarse qué ha sacado en limpio Trump con esta campaña, que le ha supuesto un considerable desgaste interno y le ha enfrentado con parte de la base de su partido. Son los conservadores que lo votaron con el argumento de centrarse en los problemas de sus ciudadanos y no involucrarse en guerras interminables en sitios lejanos de los que el estadounidense medio no sabe prácticamente nada.
Pero un acuerdo con Irán en el que no se cumplen los objetivos marcados al inicio de la campaña ―ni desmantelamiento del plan nuclear ni eliminación de la capacidad militar de Teherán― también puede enardecer a los halcones que querían acabar con el gran enemigo de Oriente Próximo. Algunos de estos ya están hablando. Como el senador Thom Tillis, que ha criticado los planes del alto el fuego. “¿Ahora hablamos de que podríamos aceptar que el material nuclear permanezca en Irán? ¿Qué sentido tiene eso? Hay muchas cosas que deben ser aclaradas”, señaló a la CNN el senador conservador.
Y queda, sobre todo, la duda de los objetivos logrados por Estados Unidos en una campaña que ha costado, como poco, 29.000 millones de dólares. Porque el gran logro que exhibe la Administración de Trump es lograr la reapertura del estrecho de Ormuz para aliviar la congestión de un paso por donde antes se transportaba el 20% del petróleo del mundo. Pero la paradoja es que Ormuz funcionaba, antes de la guerra que comenzó el 28 de febrero, con total normalidad.
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