Estrella Morente: «No hay odio ni rencor hacia Rosalía. ¿Por qué se debe crear esa inquina y esa barbaridad por lo que dije?»

<p>Para preparar su último trabajo, la cantaora Estrella Morente (Granada, 1980) pasó larguísimas jornadas con Tim Ries, el legendario saxofonista de The Rolling Stones, casi como en una interminable fiesta privada de artistas flamencos. De esos encuentros surgió el disco <i>De Estrella a Estrellas</i>, que recoge el legado de las grandes divas de la música en clave de flamenco <i>jazz</i>. Este mes se estrena en Barcelona (el 15 de febrero en el Gran Teatre del Liceu), San Sebastián (el 19 de febrero en el Auditorio Kursaal) y Sevilla (el 28 de febrero, Día de Andalucía, en el Cartuja Center).</p>

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 La artista reivindica las voces de las grandes divas en clave de flamenco ‘jazz’ en su espectáculo ‘De Estrella a Estrellas’. «Los artistas tenemos una obligación moral y social de alzar la voz contra la injusticia», proclama  

Para preparar su último trabajo, la cantaora Estrella Morente (Granada, 1980) pasó larguísimas jornadas con Tim Ries, el legendario saxofonista de The Rolling Stones, casi como en una interminable fiesta privada de artistas flamencos. De esos encuentros surgió el disco De Estrella a Estrellas, que recoge el legado de las grandes divas de la música en clave de flamenco jazz.

Este mes se estrena en Barcelona (el 15 de febrero en el Gran Teatre del Liceu), San Sebastián (el 19 de febrero en el Auditorio Kursaal) y Sevilla (el 28 de febrero, Día de Andalucía, en el Cartuja Center).

En los próximos meses va a estar de gira con canciones de Rocío Jurado, Nina Simone, Chavela Vargas, Rocío Dúrcal, Édith Piaf…
Todas ellas y su maravilloso universo musical me han inspirado, no solamente para hacer este trabajo de jazz, el disco de Estrella a Estrellas, sino también cuando canto flamenco. A todas las une un hilo conductor: la lucha. Son jabatas, leonas luchadoras que hicieron un trabajo extraordinario para que la mujer tuviera reconocimiento profesional y saliera de vidas privadas en ocasiones muy duras. Son un ejemplo para todas.
¿Era Nina Simone flamenca?
Sí, menuda voz. Su manera de cantar a los flamencos nos gusta mucho. Mi padre era un enamorado de ella. Nina es una voz negra, pero no solamente como una cualidad musical, sino del alma, como las Pinturas Negras de Goya o como el Guernica de Picasso. La voz de Nina Simone me hace llorar. Lo que tienen en común todas las mujeres de mi disco es que me hacen llorar, me emocionan, me erizan la piel.
Son también rasgos del flamenco.
Claro, es que ser flamenco es un sentimiento del alma. Es como un tiro derecho al corazón. Es la expresión de un pueblo. Al jazz, al soul y al blues les pasa. Les veo paralelismo con el flamenco.
Los flamencos antiguos hablan de las fatiguitas y de sufrir en la vida casi como un requisito para ser buen cantaor, pero generaciones como la tuya no han pasado por esas dificultades. ¿Le cuesta conectar con ese sufrimiento?
Nadie sabe lo que le pasa a un corazón. No por ser hija de alguien o vivir en tiempos en los que aparentemente lo tenemos todo a mano es más fácil. La vida es una lucha continua. Hay gente que sufre bullying, injusticias, enfermedades… Hoy vivimos otros momentos, pero el dolor no ha dejado de existir. Hay muchas facilidades y tecnología al servicio del mundo, pero vivimos en una sociedad muy esclava, muy putrefacta y muy dolorida.
Este momento convulso, con mucha crispación en el Congreso de los Diputados y en la calle, y con gente rodeada de tecnología que no se comunica con el vecino, ¿le preocupa?
Me preocupa más de lo que pueda expresarte en esta entrevista. No soy solo una artista. Soy alguien que tiene una necesidad humanitaria, un compromiso, una carga y una responsabilidad social. Los artistas tenemos una obligación, no solo artística, sino moral y social, de alzar la voz contra las injusticias y de ser honesto con lo que uno piensa. Y muchas veces los guantazos son muy gordos porque decir lo que uno piensa, como vaya un poquito en contra de lo que piensa la manada…
Le gusta meterse en los charcos.
Más que meterme en los charcos, me gusta ser yo. No me gusta ser parte de los que quieren ser todos iguales. No me gusta la polémica fácil. Me gusta la calma. Tengo una carrera que me avala desde hace muchos años y no tengo por qué estar metida en polémica, pero si me gustan los toros y tú me preguntas, no te puedo engañar porque no se lleve ahora. Tampoco voy a ir a molestar innecesariamente, pero si tengo la oportunidad de expresar mis gustos lo voy a hacer.
Pues menuda se ha montado con su «disgusto» con la colaboración que hizo con Rosalía en la canción La rumba del Perdón del disco Lux.
¿Por qué se debe crear esa inquina y esa barbaridad? Yo no he insultado. Me preguntan mi opinión y la doy. Parece que atreverse a ser honesto no está bien visto.
Quien se sale de lo políticamente correcto…
No te lo permiten. Ahí se ve cómo está la sociedad, la expresión de odio. ¿Desde cuándo el odio se ha convertido en una expresión natural? He visto un momento de enfado ante un conflicto bélico, ante una injusticia, pero porque sí, porque tú dices algo que se sale del carril y entonces vamos todos a hundirte.
¿Cree que ha sido desproporcionado?
Ha sido desmesurado y desalmado. ¿Qué hubiera tenido que hacer? ¿Mentir? Dicho esto, no hay ningún odio ni ningún rencor hacia Rosalía. Es una opinión que he dado sobre mi propio trabajo, ni siquiera sobre el suyo, porque ella puede hacer lo que quiera. O sea, no cambia el que nosotros sigamos siendo pro Rosalía porque nos gusta la Rosalía, pero si hay cosas que a mí no me han encajado sobre mi propio trabajo, pues tengo derecho a confesarme, a decirlo.
Tras la polvareda, ¿Rosalía la ha llamado
No, pero no creo que sea tan importante. Ella ha hecho lo que ha querido y yo en su momento lo respeté. Y la gente dice y ¿por qué habla ahora? Porque es cuando me han preguntado. ¿Y por qué no se lo dijiste en su momento? Porque ¿qué le iba a decir? Déjame cantar más rato en tu disco. No, hombre, es su criterio. Se me ha atacado, pero es una cuestión de respeto, que es lo que reivindico. He opinado de mi propia interpretación dentro de un trabajo que me parece estupendo. A mí el disco Lux me gusta, lo que no me gusta es mi colaboración.
De Rosalía a Rocío Jurado, a la que reivindica en su disco desde el jazz, ¿cómo?
Rocío era universal, con muchos registros, no solamente como folclórica. En el extranjero tuvo la oportunidad de estar con artistas maravillosos con los que pudo jugar a meterse en otros papeles. Ella, como le sucedía a mi padre, Enrique Morente, tenía esa curiosidad de acercarse y de jugar a poner la voz en otra colocación. Reivindico a esa Rocío universal, como la Dúrcal, que también fue otra voz maravillosa. Conocía el flamenco y la música española y cantaba rancheras como el que las inventó. Para mí, son referentes: en la música y como personas porque utilizan la libertad de la expresión como una bandera de vida.
En este espectáculo está acompañada por la OCO Band, que dirige Tim Ries, que también fue saxofonista de The Rolling Stones. Este artista estadounidense también es un gran flamenco.
Durante el tiempo que ha convivido aquí con nosotros en España, se ha hecho amigo de todos los flamencos, que lo adoran. Se ha recorrido todos los garitos y ha tocado en un montón de sitios. Nosotros nos encontramos en un espectáculo en el que colaborábamos y, después de actuar cada noche, seguíamos en la habitación del hotel, en casa o en el sitio donde fuéramos a cenar. Sacábamos los instrumentos y seguíamos tocando hasta que dijimos, vamos a hacer un disco. Y surgió de Estrella a Estrellas.
El disco ‘Omega’ de su padre con Lagartija Nick cumple 30 años. Ahí estaba usted, haciendo coros con solo 16 años. ¿Cómo lo recuerda?
Menos años incluso tenía. Aquello fue una convulsión, una explosión cultural. No solamente era mezclar rock con flamenco, que ya antes estaban ahí Pata Negra. Esto fue más allá, fue una unión de la música más universal de Leonard Cohen, con la poesía de Poeta en Nueva York de Lorca, con los sentimientos de Morente y la unión con Lagartija Nick. Fue muy especial estar ahí.
En una familia repleta de artistas, ¿sus hermanos y su madre son sus más feroces críticos o es usted la más implacable consigo misma?
Yo soy la más dura conmigo misma. Pero es cierto que tengo gente a mi alrededor que son muy buenos profesionales, saben mucho de esto y los escucho. No solamente considero a mi familia, sino también a los maestros Isidro Muñoz o Luis García Montero, entre otros. Los maestros siguen siendo esas columnas en las que yo me apoyo. Los escucho y les pido consejo.
Su gira discurre por grandes teatros, como el Real de Madrid, el Liceo de Barcelona, pero hace muy poco se subió al Navarra Arena, de Pamplona, con Lenny Kravitz. ¿Cómo es la energía en ambos escenarios?
La unión con Lenny Kravitz en esa gira fue algo muy importante para mí, nos rockerizó a todos. Lo conocí hace mucho tiempo. Tuve la suerte de tenerlo en el patio de butacas cuando presenté en Madrid mi primer disco. En ese concierto en Pamplona pasamos de ser teloneros a estrella invitada y cantar con él. Fue increíble. Ahí me demostró que los artistas, cuando son grandes, son humildes. Y tienen compañerismo y naturalidad. Me impactó, pero no solamente como músico, sino como persona.
¿Y si Rosalía la invita a subirse con ella al escenario en un concierto?
Bueno, tengo que acudir a mis conciertos, que tengo tres este mes. Esa es mi prioridad absoluta. Es lo que he hecho siempre y es lo que voy a hacer. Mientras viva y tenga fuerza, me dedicaré en cuerpo y alma a engrandecer la cultura, a pelear y a luchar por el arte. Es mi cometido y es para lo que vivo.

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