El grupo armado libanés Hezbolá se prepara para volver a la guerra con Israel, cuyo ejército sigue ocupando más de 600 kilómetros cuadrados en el sur de Líbano (6% del territorio nacional) pese a una tregua mediada por Estados Unidos en junio. La reciente incautación por parte del Gobierno libanés de armas que el partido-milicia ha reconocido que pretendía utilizar contra las tropas israelíes, y la recepción de fondos desde Irán sobre la que informa Reuters, apuntan a la reorganización del grupo durante el cese nominal. Un alto el fuego en el que no han cesado los ataques israelíes aunque si los ha contenido alrededor de la zona ocupada.
La incautación de armas por parte del Gobierno libanés y la recepción de fondos iraníes destapan la reorganización de la milicia en caso de que Trump y Netanyahu ataquen a Irán
El grupo armado libanés Hezbolá se prepara para volver a la guerra con Israel, cuyo ejército sigue ocupando más de 600 kilómetros cuadrados en el sur de Líbano (6% del territorio nacional) pese a una tregua mediada por Estados Unidos en junio. La reciente incautación por parte del Gobierno libanés de armas que el partido-milicia ha reconocido que pretendía utilizar contra las tropas israelíes, y la recepción de fondos desde Irán sobre la que informa Reuters, apuntan a la reorganización del grupo durante el cese nominal. Un alto el fuego en el que no han cesado los ataques israelíes aunque si los ha contenido alrededor de la zona ocupada.
Después de que el movimiento chií quedara diezmado durante periodos de guerra abierta con Israel en 2024 y este año, se abren varios escenarios que podrían reactivar un conflicto devastador para Líbano, que ya suma 8.956 víctimas mortales desde el incio de la última guerra de 2023.
El fracaso del acuerdo impulsado por Donald Trump para retirar el ejército israelí de más de 60 municipios libaneses, donde sus tropas destruyen casa a casa, deja en Líbano una sensación de asunto por resolver. La posibilidad de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, escale algún frente para torpedear la negociación de un Ejecutivo que lo excluya tras los comicios israelíes ha puesto en alerta a sus enemigos regionales.
Además, Hezbolá podría disparar bajo órdenes iraníes si EE UU e Israel atacan a Teherán tras las elecciones estadounidenses de medio mandato, celebradas este martes entre tambores de guerra. Pese a reiterar que las negociaciones para terminar el conflicto iniciado en febrero “van bien”, Trump afirmó ayer que quedan por bombardear “un par de objetivos” iraníes. Medios estadounidenses revelan que Washington advirtió a los países del Golfo ―que acogen bases de EE UU― sobre posibles bombardeos contra Irán tras los comicios, lo que podría desencadenar represalias contra ellos. El líder supremo iraní, Ali Jameneí, ha anticipado una respuesta “sin limites geográficos”.
Este octubre, el ejército libanés ha interceptado tres cargamentos de armas. Dos de ellos, sin vinculación demostrada con Hezbolá, contenían 200 kilos de explosivos en bolsas en la frontera con Siria, hacia donde huyeron los traficantes. El tercero incluía 780 kilos de explosivos en una furgoneta que viajaba desde la región fronteriza de Baalbek hacia los suburbios beirutíes ―zonas controladas por el movimiento chií―. La detención de ambos pasajeros permitió el inicio de una investigación, tras la que Hezbolá pidió su liberación y la devolución del arsenal.
El caso se ha convertido en un examen para que las autoridades demuestren si son capaces de contener a la milicia, lo que Trump y Netanyahu exigen como precondición para mantener viva una negociación estancada. El Ejecutivo ilegalizó su brazo armado el pasado mes de marzo, después de que la guerrilla disparara contra suelo israelí en respuesta al asesinato del líder supremo de Irán a cargo de EE UU e Israel.
En paralelo, funcionarios libaneses han afirmado a Reuters que Hezbolá lleva meses preparándose para otra ronda bélica tras recibir decenas de millones de euros de la República Islámica, que fundó la organización hace cuatro décadas para tener un peón a las puertas de Israel.
El grupo estaría produciendo explosivos y drones y restableciendo estructuras de mando, tras perder el control de Bint Jbeil ―un municipio estratégico por su cercanía con la frontera israelí, ahora ocupado y arrasado― y la cresta de Ali Taher, tomada por Israel en plena tregua.
La reorganización de Hezbolá, que provee a sus seguidores de un semi-Estado de bienestar, no es solo militar. Después de que Reuters informara de que Teherán ha logrado enviar otros 178 millones de euros al grupo, su Consejo Ejecutivo anunció en octubre ayudas para las familias cuyas viviendas quedaron afectadas por los ataques israelíes.
Durante décadas, la milicia desplazaba su arsenal con libertad, legitimada por un Estado que lo consideraba parte de la estrategia de seguridad nacional. Además, recibía suministros de su aliado iraní a traves del terririo sirio bajo el régimen de Bashar el Asad. Pero la caída del presidente sirio a finales de 2024 aisló al movimiento, y el establecimiento en 2025 del Gobierno libanés más contrario al grupo en lustros aumentó el cerco.
El primer ministro, Nawaf Salam, que persigue el monopolio estatal de las armas y de las decisiones de guerra y paz, aseguró que la “operación criminal” de la furgoneta (cargada de explosivos) se investigaría a fondo. El viernes, la fiscalía militar imputó a 13 personas, acusándolas de delinquir “contra la seguridad interna” del Estado y de “desobedecer las decisiones gubernamentales”, con penas de hasta 10 años de trabajos forzados ―raramente aplicados en Líbano―. Se prevé que las futuras órdenes de arresto provoquen tensión con Hezbolá y que el caso permanezca bajo instrucción militar, aunque el ministro de Justicia, Adel Nassar, había defendido su transferencia al Consejo Judicial, que aborda amenazas a la seguridad nacional.
“Esas son capacidades de la Resistencia [por Hezbolá] para defender la tierra”, había protestado Hassan Fadlallah, diputado por Hezbolá, que se ha convertido en el único partido con brazo armado desde el término de la guerra civil libanesa (1975-1990). Fadlallah acusó a Beirut de explotar el caso públicamente mientras Israel “sigue cometiendo crímenes contra la humanidad” en las zonas ocupadas. “¿Debemos luchar contra el enemigo con sacos de patatas?”, lanzó.
Una tregua sin muchos resultados
El acuerdo mediado por Washington entre Líbano e Israel permitió el regreso de un millón de personas a sus comunidades. Pero 300.000 siguen forzosamente desplazadas, según la ONU, mientras las tropas israelíes continúan volatilizando sus aldeas ocupadas ante el silencio de EE UU, que evita presionar a Israel para que avance con la designación de nuevas “zonas piloto”. Son municipios donde los israelíes deben retirarse para dar paso al despliegue del ejército libanés y desmantele a la milicia.
Desde junio, el Gobierno de Netanyahu solo ha cedido en uno de los 68 municipios ocupados, desviándose del texto de la tregua, como hace en Gaza, y exigiendo que Hezbolá se desarme por completo antes de dar un paso atrás. Israel, que ve necesaria la creación de una “zona de seguridad” para alejar a la guerrilla, acusa a Líbano de arrastrar los pies a la hora de contenerla.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, asegura que el ejército ha demolido en ese área “más de 60 aldeas” y “23.000 viviendas” que los milicianos “utilizaban como base”, y que también ocuparán y despoblarán Nabatie ―segunda ciudad meridional más poblada― si Hezbolá se une a una eventual represalia iraní contra Israel.
Las imágenes satélitales muestran que Israel perpetró buena parte de esa destrucción durante el cese al tiempo que construye bases y carreteras. La agencia de noticias libanesa registró detonaciones o incendios provocados en más de una decena de localidades durante el fin de semana.
La diplomacia, tocada de muerte
Según Andre Bou Maachar, antiguo general militar del ejército libanés y director del think tank de seguridad Centro de Investigación y Estudios sobre la Lealtad a la Patria, la falta de compromisos recíprocos daña la apuesta de Beirut por resolver el conflicto con Israel mediante la negociación. La ocupación israelí, lamenta, “renueva la legitimidad de la resistencia armada”, algo “compatible con el desacuerdo con las decisiones militares del grupo”.
Sostiene que la milicia trabaja para descentralizar sus operaciones mediante herramientas de bajo coste. Como los efectivos drones por cable de fibra óptica con los que ha matado a unos cuarentena israelíes desde marzo ―todos militares salvo dos civiles y la mayoría en Líbano―. Las recientes incautaciones de armas contenían explosivos de tipo C4, utilizados en el pasado para cometer asesinatos políticos en Líbano, pero que ahora podrían ser incorporados a esos drones.
La llegada de fondos desde Irán implica, además, nuevas vías para eludir las sanciones de EE UU. El portavoz del Departamento de Estado, Tommy Piggot, negó la existencia de esas transferencias. Según Reuters, los intermediarios cobraron un 20% de comisión, una cuantía importante que refleja los riesgos de lidiar con el movimiento islamista. No obstante, los 178 millones de euros que según Reuters ha percibido el grupo, queda muy lejos de los 24.000 millones de euros necesarios en reconstrucción, según Beirut.
Distintos residentes afirman a El País que aún no han recibido la ayuda anunciada por Hezbolá ―unos 12.500 euros por cada residencia habitual dañada―. “La gente está reconstruyendo de su bolsillo”, explica una mujer del sur. La impopularidad del grupo crece en el resto de Líbano, pero ella precisa que en la región meridional predominantemente de confesión chií― esas deficiencias no alteran el apoyo general hacia la “resistencia armada”, una idea que para muchos va más allá de Hezbolá. “Algunos la culpan de ciertos problemas”, dice. “Pero un sector amplio se mantiene firme y paciente en su defensa, al considerar que una relación distinta no es posible con Israel”.
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