Kiran Desai, escritora: «En Estados Unidos puedes oler el miedo a través de la ventana»

<p>Recién aterrizada en Barcelona, la escritora Kiran Desai (Nueva Delhi, 1971) paseaba por la montaña de Montjuïc para ver algunos de los museos de la ciudad. Se diría una turista más, salvo que es una de las mejores novelistas de la literatura anglosajona y está en España para presentar <strong>su nueva y esperadísima novela, que ha tardado casi 20 años en escribir </strong>desde que en 2006 ganara el prestigioso premio Booker: la monumental <i>La soledad de Sonia y Sunny</i> (Salamandra), de más de 700 páginas, escogida como uno de los 10 mejores títulos de 2025 por <i>The New York Times.</i></p>

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 Casi 20 años después de ganar el Booker, la escritora publica su esperadísima novela, la monumental La soledad de Sonia y Sunny, de más de 700 páginas: una epopeya moderna entre Estados Unidos y la India  

Recién aterrizada en Barcelona, la escritora Kiran Desai (Nueva Delhi, 1971) paseaba por la montaña de Montjuïc para ver algunos de los museos de la ciudad. Se diría una turista más, salvo que es una de las mejores novelistas de la literatura anglosajona y está en España para presentar su nueva y esperadísima novela, que ha tardado casi 20 años en escribir desde que en 2006 ganara el prestigioso premio Booker: la monumental La soledad de Sonia y Sunny (Salamandra), de más de 700 páginas, escogida como uno de los 10 mejores títulos de 2025 por The New York Times.

En su paseo por el parque de Montjuïc, en un sábado soleado tan distinto a las temperaturas bajo cero de Nueva York, la ciudad donde vive desde hace décadas, su deambular la llevó al Pabellón Mies van der Rohe, el templo de la arquitectura moderna construido para la Exposición Internacional de 1929. Allí vivió un inesperado shock al ver la escultura Amanecer de Georg Kolbe, situada en un extremo del estanque y que se refleja en el agua, los mármoles y el cristal. No fue un síndrome de Stendhal, a pesar de la belleza ideal de esa mujer-diosa que personifica la aurora, más bien una escena casi metaliteraria que podría pasar como ficción en alguna de sus novelas.

«Mi abuelo venía de una familia de revolucionarios comunistas que en los años 20 luchaban por la libertad de la India contra los británicos. Por eso lo enviaron a estudiar ingeniería a Alemania, en vez de al Reino Unido. Un día, un artista le detuvo por la calle y le preguntó si podía esculpir su rostro. Le hizo un busto y un Torso de un joven indio. Y se hicieron amigos. Ese escultor era Kolbe, que también fue el autor de esas figuras arias que los nazis acabarían ensalzando…», explica Desai mientras toma un capuchino a primera hora de la mañana. «Fue asombroso ver las conexiones. Porque, oh, esa mujer aria en realidad parecía tener el rostro de mi abuelo… Por cierto, fue Kolbe quien le presentó a mi abuela», cuenta de su genealogía familiar. Tras el matrimonio, sus abuelos navegaron a la India con un baúl lleno de libros de Goethe, Schiller y otros clásicos germánicos. «Mi madre creció con una biblioteca alemana, bengalí, inglesa e hindi, con traducciones y originales. Ella siempre dice que tenía un ojo europeo del lado de mi madre [que era alemana] y uno indio de su padre. Yo crecí con eso y esa magnífica biblioteca», confiesa sobre su madre, la escritora Anita Desai, que hoy tiene 88 años y con la que habla a diario.

«No importa lo que diga Donald Trump, el mundo no tiene centro»

«Mi madre es una mujer extraordinaria. Tenía la ambición de ser escritora pero no había nada en su entorno que apoyara ese sueño. Escribió sobre la India desde una perspectiva muy honesta, la de la clase media. No hay nada orientalizante ni fantasioso en su obra, algo que no muchas personas hacían en aquel momento. Ni incluso ahora…», opina Desai en el CCCB, donde protagoniza una charla titulada Un mundo sin centro. «No importa lo que diga Donald Trump, el mundo no tiene centro», lanza. No es una ironía. Ymás viniendo de alguien que creció en Delhi, emigró de adolescente a Reino Unido con su familia y después estudió Literatura en la Universidad de Vermont, en Estados Unidos (EEUU), donde forjó su carrera literaria.

Su protagonista, Sonia, también sigue esa trayectoria: una joven india aspirante a escritora que supuestamente vive el american dream, en un Vermont con inviernos gélidos y en el que se siente terriblemente sola, como en una pintura de Edward Hopper. «En la India nunca estás físicamente solo, siempre estás rodeado de gente. Yes un choque cultural muy grande cuando llegas a EEUU. Hoy vivimos una auténtica crisis de soledad en el mundo occidental, estamos cada vez más aislados», señala Desai, que en La soledad de Sonia y Sunny ha construido una fábula contemporánea de una India que se desvanece, una historia de amor en un mundo globalizado.

«La India ha cambiado drásticamente desde mis días de infancia. Escribí este libro, ambientado un poco en el pasado, para tratar de capturar algo que estaba desapareciendo y que los más jóvenes ni siquiera conocen porque no lo han vivido. Me refiero a la generación que nació en la India británica, que luchó por la independencia del país, que tenía una especie de orgullo y un idealismo, una fuerte creencia en una democracia secular que ahora se está deshaciendo. Y eso es algo muy peligroso», expone en referencia a los últimos años del régimen autoritario y nacionalista de Narendra Modi, precisamente los que no cubren su libro.

Lejos de tomarse un descanso después de esta magna novela, una epopeya moderna de distintas generaciones, Desai ya está pensando en su próxima historia. «Quiero escribir sobre este aumento del nacionalismo. Lo que me interesa es: ¿cuándo la gente empieza a hablar diferente? ¿Asentir y a pensar distinto? Porque de repente las conversaciones en las salas de estar han cambiado», adelanta.

¿Es algo que también ocurre en Estados Unidos? «La gente está asustada. Vivo en un barrio de inmigrantes y puedes oler el miedo a través de la ventana. La retórica es tan violenta… Todos sabemos que ningún documento te salva, aunque tengas tu pasaporte, tu visado o seas un ciudadano naturalizado. Hay una deshumanización del inmigrante y un creciente racismo anti-indio por parte de los republicanos del MAGA que, creo, se debe a la gran expansión de la comunidad india y a que ocupan puestos cualificados y trabajos de cuello blanco, a que tienen buenas viviendas y salarios, lo que provoca un fuerte resentimiento», suspira. Ella encuentra su refugio en la escritura, como un acto de resistencia y conexión entre generaciones y fronteras. Como una escultura de Kolbe.

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