La Reserva Federal mantiene los tipos de interés con tres votos disintiendo a favor de una subida

Ninguna revolución, creciente incertidumbre, profundas divisiones. La era de la unanimidad es historia. Después de un aumento de las tensiones geopolíticas, una nueva oleada arancelaria desde la Casa Blanca e incluso de que el Banco Central Europeo decidiera subir los tipos de interés en junio para hacer frente al repunte de la inflación, la Reserva Federal estadounidense ha decidido este miércoles mantener sin cambios el precio del dinero (en la horquilla de entre el 3,5% y el 3,75% desde enero) alargando un poco más la delicada pausa de los últimos meses. Lo ha hecho, sin embargo, con tres votos en contra, tres gobernadores en favor de una subida de un cuarto de punto por primera vez en una década.

 El banco central, en la segunda reunión del nuevo presidente, reitera que «la actividad económica se expande a un ritmo sólido a pesar de la elevada incertidumbre, debida en parte al conflicto en Oriente Medio»  

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Ninguna revolución, creciente incertidumbre, profundas divisiones. La era de la unanimidad es historia. Después de un aumento de las tensiones geopolíticas, una nueva oleada arancelaria desde la Casa Blanca e incluso de que el Banco Central Europeo decidiera subir los tipos de interés en junio para hacer frente al repunte de la inflación, la Reserva Federal estadounidense ha decidido este miércoles mantener sin cambios el precio del dinero (en la horquilla de entre el 3,5% y el 3,75% desde enero) alargando un poco más la delicada pausa de los últimos meses. Lo ha hecho, sin embargo, con tres votos en contra, tres gobernadores en favor de una subida de un cuarto de punto por primera vez en una década.

Con toda la información disponible hasta la semana pasada se podría haber dicho que la Fed se limita así a cumplir con el guion previsto y que la decisión era ampliamente esperada por los mercados, que daban prácticamente por descontado que el banco central, bajo la nueva dirección de Kevin Warsh, optaría por seguir esperando antes de mover ficha. Warsh fue escogido por Donald Trump con una única misión: bajar los tipos. Lo máximo y lo más rápido posible. Sin embargo, la coyuntura no puede ser más desfavorable, y lo que hace seis meses era un debate no sobre si los tipos seguirían bajando, sino si podría hacerse de forma más agresiva, se ha convertido en una discusión sobre posibles, incluso probables, subidas. Warsh quería encuentros más combativos y los está teniendo.

«El Comité de Mercado Abierto ha decidido mantener el rango objetivo para el tipo de fondos federales entre el 3,5 % y el 3,75 %, en apoyo del doble mandato de la Reserva Federal. El Comité continúa con su política de mantener amplias reservas en el sistema bancario. La actividad económica se expande a un ritmo sólido a pesar de la elevada incertidumbre, debida en parte al conflicto en Oriente Medio. El crecimiento de la productividad y la inversión de capital son fuertes. La creación de empleo ha seguido el ritmo de la fuerza laboral y la tasa de desempleo se ha mantenido prácticamente sin cambios. La inflación sigue siendo elevada en relación con el objetivo del 2 % del Comité, lo que refleja en parte las perturbaciones de la oferta que han impulsado aumentos de precios en ciertos sectores, incluido el energético. El Comité garantizará la estabilidad de precios», dice el escueto comunicado publicado hoy, parte de nuestra estrategia de comunicación de la entidad.

Cuando Warsh reemplazó a Jerome Powell esta primavera quedó claro que la junta de la Fed no estaba en absoluto alineada con los deseos de la Casa Blanca, con apenas dos o tres voces inclinándose hacia bajadas, una amplia mayoría sosteniendo no cambiar la política monetaria y crecientes voces advirtiendo de que el endurecimiento se volvía inevitable. El nuevo ‘chairman’ tenía mandato para hacer los cambios revolucionarios que ha prometido en la estructura de la organización, pero no tiene los votos para abaratar el dinero y los créditos. La cosa ha cambiado desde entonces y él mismo no ve nada claro los próximos pasos.

El mayor problema desde febrero es la guerra de Irán, el embudo en el mercado del petróleo y los precios de la energía. Los datos de inflación de mayo y junio, pusieron en la mesa el debate sobre una posible subida de tipos, quizás a partir de septiembre. Pero lo que parece una ruptura definitiva del alto el fuego entre Washington y Teherán ha vuelto a llevar el barril de crudo por encima de los 100 dólares, encareciendo sensiblemente la deuda estadounidense e inquietando de nuevo a los operadores. Ayer martes, los mercados de futuros sugerían que había una probabilidad del 30% de una subida de tipos. «Lamentablemente, la inflación no parece encaminarse de forma sostenible a volver al 2%», dijo en un discurso una de las tres disidentes hace apenas unos días.

Pese a los tres partidarios de un endurecimiento monetario, el Comité de Mercado Abierto (FOMC) cree que la economía estadounidense sigue mostrando suficiente fortaleza como para justificar la prudencia. La inflación continúa por encima del objetivo del 2%, pero no desbocada. Mientras, el mercado laboral mantiene una notable resistencia pese al elevado coste del crédito y las dudas de las empresas. Y al mismo tiempo, el crecimiento económico sigue sorprendiendo al alza.

Ese delicado equilibrio explica la estrategia de la Fed. Después de haber sido muy criticada por reaccionar tarde al repunte inflacionario tras la pandemia, el banco central ahora redobla la prudencia. Warsh sostiene que hay que modernizar las fuentes de información para conocer mejor en tiempo real la situación de la economía, que hay que adaptarlas al año 2026. Pero eso lleva tiempo

La reunión de hoy llega de nuevo bajo la presión política de la Casa Blanca. Donald Trump, que escarmentó tras haber escogido él también a Powell en 2016, ha convertido la política monetaria en una de sus principales obsesiones. No ha arremetido contra su nuevo candidato todavía, pero si el debate sigue inclinándose hacia subidas y no bajadas, es sólo cuestión de tiempo que saque a relucir su frustración.

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