La tarde se escapaba por el desagüe cuando apareció el sexto de la tarde. Un toro de pitón negro, alto, grande. Uno de los remiendos de Santiago Domecq. Sin rematar en los burladeros, reconociendo con carreras medidas el ruedo. Aceleró la galopada cuando vio a Víctor Hernández clavado en el tercio, dispuesto a torear por delantales sin probaturas. El toro lo alcanzó de llenó a la altura de la cintura. Un impacto hacia el cielo que encadenó con un forcejeó por el pecho que terminó con el pitón derecho asomando por la hombrera arrastrando al hombre inerte hacia los medios. La chaquetilla hecha trizas. Del angustioso trance se repuso Víctor Hernández con pasmosa serenidad. Disimulando lo desmadejado de su cuerpo tras la paliza.
El madrileño se sobrepone a dos fuertes volteretas con un duro toro de Santi Domecq
La tarde se escapaba por el desagüe cuando apareció el sexto de la tarde. Un toro de pitón negro, alto, grande. Uno de los remiendos de Santiago Domecq. Sin rematar en los burladeros, reconociendo con carreras medidas el ruedo. Aceleró la galopada cuando vio a Víctor Hernández clavado en el tercio, dispuesto a torear por delantales sin probaturas. El toro lo alcanzó de llenó a la altura de la cintura. Un impacto hacia el cielo que encadenó con un forcejeó por el pecho que terminó con el pitón derecho asomando por la hombrera arrastrando al hombre inerte hacia los medios. La chaquetilla hecha trizas. Del angustioso trance se repuso Víctor Hernández con pasmosa serenidad. Disimulando lo desmadejado de su cuerpo tras la paliza.
Se quedó en chaleco para hacer frente a una prenda. El toro pareció haberse orientado al haber hecho presa tan temprano. Ya no quería acudir a los capotes, escarbando antes de cada arrancada. Midiendo en todo momento. El medio sacudía los racionales tendidos de Madrid. La afición se estremeció cuando el matador de Santos de la Humosa se fue a los medios a brindar. Como despejando las dudas de si se iba a jugar la vida con el marrajo o no. Le planteó una faena como si el toro, que iba camino de los seis años, fuera bueno. Firmeza de plantas, vuelos al hocico, trazo puro. Siempre muy cruzado. La faena viajaba al filo entre el bien y el ¡ay! hasta que volvió a darle alcance. El pitón entró por el chalequillo sacudiéndole una y otra vez hasta soltarlo seco en el suelo. El chaleco hecho girones. Hernández se volvió a levantar como si nada, manteniendo la cordura que la plaza había perdido. Los más exigentes le pedían a voces que se fuera a por la espada. Su camino no pasa por tirar la toalla.
Enmudeció a Madrid con su verdad. Otra vez al pitón contrario, otra vez las plantas asentadas, otra vez dibujando naturales que sólo podían existir en su mente. La estocada, trasera, fue de efecto lento. El descabello aguó las emociones que le hubieran dado el trofeo pero Madrid reconoció la rotunda heroicidad de Víctor Hernández.
En las manoletinas del cierre de su primera faena ya había mostrado que no estaba dispuesto a dejarse ganar la partida. Fue en un parón tras el embroque cuando decidió quedarse en el sitio y aguantar hasta que pasara. La faena, paciente y solvente, se había diluido por la falta de profundidad del toro. Hernández venía a impactar de nuevo en Madrid. Lo logró. Volverá en la Beneficencia que se ganó con su verdad y con su sangre el año pasado.
El toro de la tarde se llamó ‘Lacerado’. El excepcional cinqueño de Jandilla cayó en el lote de Emilio de Justo, para no variar. Un toro armónico que no quiere decir que no fuera serio por delante. La belleza de su estampa despertó protestas entre los de siempre. Definido desde salida. Un toro importante, humillador, con transmisión. Por encima de todas las virtudes: la capacidad de mantener el ritmo de principio a fin.
De Justo se pegó una borrachera de toreo, primero en series más cortas y ligeras, después con mayor asiento, hondura y variedad en los remates. Madrid se puso en pie después de una extraordinaria tanda al natural. Por ahí encontró De Justo su mejor versión. Toro importante de Jandilla que siempre quiso buscar los vuelos por abajo. El arrebato se entrelazó con el clasicismo en un final que no fue final si no previa a un cierre genuflexo. Los aceros aguaron la fiesta de otra opción de triunfo para Emilio de Justo. La ovación rotunda recayó en Lacerado.
Entró pronto la afición en la tarde gracias a un burraco de Jandilla que se movió como un tejón desde que pisó la arena. Pronto, emotivo y con humillación. Emilio de Justo se lo ajustó en chicuelinas como prólogo a una notable faena. Entendió bien el extremeño la exigente embestida. Un bravura de las que pueden desbordar. Los mejores momentos llegaron con la mano derecha, sin estoque ayudado.
Aquel fue el primer capítulo de una tarde condicionada en los corrales. A la ganadería triunfadora del San Isidro pasado no se le puede mutilar la corrida rechazando toros por falta de trapío bajo el criterio presidencial. Fue una pena que no se lidiara completa.
Borja Jiménez no terminó de redondear con un lote de mayores opciones. La mente está en el domingo donde le esperan seis toros en solitario para cerrar el ciclo isidril.
JANDILLA / Emilio de Justo, Borja Jiménez y Víctor Hernández
MONUMENTAL DE LAS VENTAS Jueves, 4 de junio de 2026. Lleno de «no hay billetes». Toros de Jandilla y de Santiago Domecq (5º y 6º); de correcta presentación. Cinqueña la segunda mitad. Con movilidad. Bravo el 4º. Orientado el marrajo 6º.
EMILIO DE JUSTO, DE FUCSIA Y ORO. Pinchazo y estocada. Dos avisos (silencio). En el cuarto, estocada trasera, descabello. Dos avisos (palmas).
BORJA JIMÉNEZ, DE AZUL AÑO Y ORO. Dos pinchazos y estocada. Aviso (silencio). En el quinto, estocada y descabello (silencio).
VÍCTOR HERNÁNDEZ, DE MALVA Y ORO. Media estocada y descabello. Aviso (saludos). En el sexto, estocada defectuosa y varios descabellos. Aviso (saludos).
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