Las claves de la ruptura entre Moeve y Galp: Ormuz, la ‘joya’ de Sines y los recelos de Lisboa

Moeve y Galp firmaron ayer su divorcio, nueve meses y medio después de anunciar su compromiso. La segunda petrolera de España y la primera de Portugal informaron del fracaso de las negociaciones para fusionar sus refinerías y estaciones de servicio en la península, una operación con potencial para revolucionar el tablero energético europeo.

 La volatilidad de precios por la guerra en Irán y la resistencia de Portugal a dejar en manos extranjeras el control de su única refinería acabaron frustrando nueve meses de negociaciones  

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Moeve y Galp firmaron ayer su divorcio, nueve meses y medio después de anunciar su compromiso. La segunda petrolera de España y la primera de Portugal informaron del fracaso de las negociaciones para fusionar sus refinerías y estaciones de servicio en la península, una operación con potencial para revolucionar el tablero energético europeo.

La ruptura pilló al mercado a contrapié, sobre todo al español, donde los analistas esperaban un acuerdo a principios del cuarto trimestre. Pero la negociación llevaba tiempo caminando en círculos. Oficialmente, las dos empresas se han limitado a explicar que no lograron «la alineación comercial necesaria para respaldar una asociación duradera». La realidad es que dos obstáculos acabaron por frustrar el enlace.

El primero es la montaña rusa de precios desatada por la crisis de Ormuz semanas después de que ambas empresas revelasen su «acuerdo no vinculante» el pasado 8 de enero, cuando el Brent cotizaba en unos 60 dólares y la previsión para todo el 2026 no pasaba de los 65. Pero la guerra en Irán y el bloqueo en Ormuz llevaron el barril más allá de los 100 dólares por primera vez en cuatro años. Hoy, el petróleo se ha instalado por encima de esa barrera psicológica, y la gasolina y el diésel siguen desbocados.

Así, la geopolítica desbarató cualquier due dilligence (como se conoce en la jerga a la evaluación financiera y de riesgos de los activos que precede a cualquier compraventa). En el caso de Galp, el margen de refino pasó de 9,5 dólares por barril en el tercer trimestre de 2025 a 34 en el mismo periodo de este año, más del triple. En el caso de Moeve, el indicador se disparó un 90% interanual en el primer semestre. Ello ha dificultado enormemente cualquier acuerdo sobre el precio de ciertos activosclave para una fusión que el mercado llegó a situar entre 15.000 y 18.000 millones de euros.

El segundo escollo ha sido político. El caos en Ormuz ha dado dado un vuelco la agenda de los gobiernos europeos: donde se hablaba de transición verde, ahora prima la seguridad de suministro y la autonomía energética. En ese mapa, Sines no es solo la joya de la corona de Galp: es una infraestructura crítica para Lisboa. Se trata de la segunda mayor refinería de la península ibérica, capaz de procesar 226.000 barriles de crudo al día, pero sobre todo es la única que le queda a Portugal desde que la propia Galp cerró en 2021 la planta de Matosinhos, cerca de Oporto.

Tras la pandemia, la industria del refino vivía horas bajas, pero irrumpieron la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. Hoy el negocio vuelve a ser rentable. Muchísimo. Además, Sines cubre en torno al 75% del gasóleo y el queroseno de aviación de Portugal, un seguro de vida en tiempos de crisis. Con la perspectiva de un mercado global que seguirá tensionado durante años, ceder el control de Sines se ha acabado viendo en el país vecino como un precio demasiado alto.

La clave está en la estructura de la operación, que no se concibió como una fusión al uso. Cada empresa debía separar e integrar su área comercial (gasolineras) y su negocio industrial (renfino, química o moléculas verdes) creando dos sociedades. La comercial agruparía cerca de 3.500 estaciones de servicio y se repartiría a partes iguales, dado que las dos aportarían prácticamente las mismas gasolineras. Pero la empresa industrial quedaría en un 80% en manos de Moeve, que aportaría La Rábida y San Roque. Esto movió la aguja al otro lado de la frontera, donde prefieren mantener el 100% de Sines a hacerse con el 20% de los tres complejos.

En la ecuación ha pesado la propia estructura de capital de Moeve, cuyo primer accionista es el fondo emiratí Mubadala. Y es que, el Gobierno de Luís Montenegro estudió recurrir a la ley que permite frenar a inversores de fuera de la UE. El Estado luso, que posee algo más del 8% de Galp, puso sobre la mesa ciertas líneas rojas: que Sines no cerrara y que Portugal tuviera prioridad en el suministro ante una posible escasez. «Europa quiere campeones, pero materializarlos es siempre difícil porque, en la práctica, las fusiones siempre encallan en los intereses nacionales», resumen fuentes financieras.

Galp cerró el lunes con una caída en bolsa de más del 10%, pese a que ese mismo día había informado de un incremetno del 68% de su beneficio ajustado. Moeve, que no cotiza, mira al futuro con su plan Positive Motion, pero pierde un acelerador para ejecutar y costear su transformación verde. También se queda sin escala para rivalizar con Repsol, su histórico rival en casa, así como la salida atlántica que le facilitaba Sines. Pero, sobre todo, se queda sin pretendientes a la vista para una fusión alternativa con la que dar el gran salto en Europa.

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