Los drones terrestres impulsan a Ucrania hacia la infantería robotizada

Militares ucranios junto a un dron terrestre en un campo de prácticas en Kramatorsk (este de Ucrania), el 4 de marzo.

Evacúan heridos y muertos, distribuyen alimentos y medicinas, plantan minas, transportan munición, lanzan drones, disparan proyectiles, levantan barricadas, recuperan vehículos averiados, realizan labores de inteligencia. Los drones terrestres van ganando protagonismo en el ejército de Ucrania, que ya ha logrado también importantes avances con sus fuerzas aéreas y navales no tripuladas. El presidente Volodímir Zelenski anunció este lunes que, por vez primera, Ucrania ha recuperado una posición ocupada por los rusos con el empleo únicamente de drones terrestres y aéreos que obligaron a los enemigos a rendirse.

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Oleksandr, de 36 años, responsable de un batallón especializados en drones terrestres en el frente de Donetsk.Militares ucranios trabajan en un taller especializado en drones terrestres en la región oriental de Donetsk.Militares ucranios trabajan en un taller especializado en drones terrestres en la región oriental de Donetsk. Zelenski anuncia la recuperación por vez primera de una posición enemiga empleando solo aparatos no tripulados gracias a un ejército integrado cada vez más por máquinas para misiones logísticas y de combate  

Evacúan heridos y muertos, distribuyen alimentos y medicinas, plantan minas, transportan munición, lanzan drones, disparan proyectiles, levantan barricadas, recuperan vehículos averiados, realizan labores de inteligencia. Los drones terrestres van ganando protagonismo en el ejército de Ucrania, que ya ha logrado también importantes avances con sus fuerzas aéreas y navales no tripuladas. El presidente Volodímir Zelenski anunció este lunes que, por vez primera, Ucrania ha recuperado una posición ocupada por los rusos con el empleo únicamente de drones terrestres y aéreos que obligaron a los enemigos a rendirse.

Por tierra, cada vez más tareas recaen en manos de esta nueva infantería robotizada que, controlada a veces a cientos de kilómetros de distancia, salva vidas y se adapta a la nueva guerra electrónica. Algunos de ellos han llegado a mantener una posición en el frente durante varias semanas. Sustituir a los soldados en el campo de batalla es, sin embargo, algo que todavía se encuentra muy lejos, sostienen los expertos.

Se trata de un armamento “barato, rápido y efectivo” con “un enorme potencial”, subraya en su oficina de Kramatorsk (este de Ucrania) Oleksandr (no da apellido), de 36 años y jefe del batallón Alter Ego de la Brigada 93, dedicado en exclusiva al desarrollo de drones terrestres. A él, integrante de las Fuerzas Armadas desde antes de la gran invasión rusa desatada en 2022, no le pilla de sorpresa porque “ha habido una evolución natural”.

“Hasta ahora no han sido muy necesarios los drones terrestres porque sus funciones las llevaban a cabo los soldados. Ahora, con la denominada kill zone (zona de muerte en inglés) cada vez más ancha, son más necesarios que antes. Se buscan tecnologías que reduzcan el riesgo para los militares”, explica en unas instalaciones que antes eran un estudio de ballet. Los grandes espejos se encuentran ahora parcialmente ocultos por las pantallas desde las que controlan el movimiento de los aparatos que mantienen desplegados sobre el terreno. “Mira este, se ha quedado bloqueado en el terreno y tenemos que mandar a otro dron para que los recupere”, señala Oleksandr. El grueso de la actividad se produce por la noche y calcula que, en torno al 10% acaban perdiéndose.

A las afueras de Kramatorsk, sobre un promontorio desde donde el sonido de las detonaciones del conflicto no deja de escucharse, varios militares llevan a cabo unas prácticas con uno de estos aparatos. Cargado con combustible, agua y un generador, entre otras cosas, el dron avanza sin apenas resistencia sobre un terreno dominado por el espeso fango y algunas placas de hielo. La batería le permite circular entre dos y tres horas.

A los mandos, Dmytro, de 54 años, y Mijailo, de 61, dos de los uniformados que han debido adaptarse a las nuevas exigencias de la guerra. El aparato va equipado con un sistema autónomo de wifi de la marca Starlink (propiedad del magnate estadounidense Elon Musk), lo que permite que pueda ser controlado desde cientos de kilómetros de distancia.

El comandante del Tercer Cuerpo del ejército ucranio, Andrii Biletski, calcula que, en los próximos meses, si se mantienen los actuales avances tecnológicos, los drones terrestres permitirán retirar hasta un tercio de la infantería. Sus efectivos pasarían a formar parte de una especie de cuerpo de élite que realizará tareas que esos robots no puedan afrontar, según declaró al medio TSN el 20 de marzo.

Sustituir a la infantería es algo utópico todavía hoy, entiende David Kirichenko, investigador asociado en la Henry Jackson Society, sin restar importancia a los logros de Kiev en este campo. “Los drones terrestres probablemente serán vitales para Ucrania en 2026, pero no son armas maravillosas ni pueden servir como una cura milagrosa para los problemas de personal de Kiev”, que ve cómo cientos de miles de ciudadanos se escabullen de su obligación de acudir al ejército. En todo caso, “el ejército robótico ucraniano debe considerarse una parte importante de las defensas en constante evolución del país, que puede ayudar a salvar vidas mientras aumenta el coste de la invasión rusa”, señala Kirichenko en un análisis publicado en enero por el centro de estudios Atlantic Council.

Pero cumplir las previsiones de Andrii Biletski no va a ser sencillo pese a los pasos dados ya. El principal escollo que tiene por delante Ucrania es la falta de capacidad de producir en serie un gran número de drones, principalmente por la falta de muchos de los componentes que son necesarios, destaca Oleksandr. “En nuestros garajes se piensa y se actúa de manera muy rápida. No es, sin embargo, ningún secreto que tenemos problemas para sacar en serie nuestro armamento. Tenemos experiencia en desarrollar soluciones baratas, algo irremplazable”, valora este militar.

Así es como dibuja él la realidad bajo la que se encuentra ahora mismo Ucrania, envuelta en el quinto año de gran invasión rusa: “Primero, la guerra nos mantiene a todos muy motivados. En EEUU lo que hacen estos hombres supondría un buen salario, aquí supone salvar nuestra vida. En segundo lugar, vemos la guerra muy de cerca y conocemos cuáles son las necesidades inmediatas. La gente practica, investiga y aprende sobre el terreno. Las grandes potencias disponen de dinero, ingenieros, componentes… pero no tiene la guerra a la puerta de casa. Lo que estamos haciendo nosotros es cubrir necesidades inmediatas”.

En nuestros garajes se piensa y se actúa de manera muy rápida. No es, sin embargo, ningún secreto que tenemos problemas para sacar en serie nuestro armamento. Tenemos experiencia en desarrollar soluciones baratas, algo irremplazable

Oleksandr, jefe del batallón Alter Ego de la Brigada 93

Los avances en drones terrestres se han disparado especialmente en los dos últimos años. En este tiempo, los militares ucranios han logrado llevar a cabo misiones que antes hubieran sido imposibles y que, según Oleksandr, son únicas en el mundo. Como lo fue volar por los aires unas instalaciones con decenas de soldados rusos dentro gracias a uno de esto aparatos que logró llegar a ese punto cargado con 200 kilos de explosivo. Ya en 2023 un dron consiguió sin ayuda cargar y traer de vuelta el cadáver de un compañero que estaba en posiciones rusas, añade.

En otra operación que aseguran fue extraordinaria, EL PAÍS entrevistó en noviembre a un soldado que pisó una mina y sobrevivió tras permanecer en posiciones enemigas durante casi cinco semanas antes de ser rescatado por un dron terrestre al sexto intento.

Ucrania tiene ya en marcha programas de producción de armamento, especialmente drones aéreos, con diferentes países europeos. Oleksandr cree que “sería muy útil” conseguir financiación a cambio de la experiencia y el conocimiento ucranio para poder producir más drones terrestres.

A pesar de los avances de los últimos cuatro años, “el creciente ejército robótico ucranio sigue siendo incapaz de llevar a cabo muchas funciones militares que requieren de la infantería”, estima el analista David Kirichenko. “Cuando pequeños grupos de tropas rusas se infiltran en las posiciones ucranias y avanzan en zonas urbanas, por ejemplo, se necesitan soldados para despejar y mantener el terreno. Los defensores de la guerra con drones deben reconocer estas limitaciones”.

Sobre el terreno, los uniformados mantienen el rumbo hacia esos ambiciosos objetivos. Varios hombres se afanan en realizar mejoras en uno de los cuatro talleres que dispone el batallón Alter Ego en la provincia de Donetsk. La experiencia les ha llevado a adoptar la oruga más que las ruedas y la batería más que el motor de combustión. “Le llevamos dos años de ventaja a los rusos en drones terrestres, aunque ellos aprenden muy rápido y tienen más capacidad que nosotros para fabricar rápido”, afirma Oleksandr rodeado de distintos aparatos de diversa funcionalidad y tamaño.

Andrii, de 28 años, iba para ingeniero ―además de ganarse la vida como mago― cuando se alistó en 2024. Está convencido de que el crecimiento de estos aparatos va a ser exponencial, aunque, por muchos avances que se produzcan, sus trucos de magia ―risas― no les van a ayudar. Oleksandr, su jefe, se conforma con lo esencial: “Van a salvar muchas vidas”.

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