La plaza de toros de Las Ventas vivió este jueves una mañana de emoción, memoria y reconocimiento al rendir homenaje a José Miguel Arroyo «Joselito», una de las figuras esenciales de la tauromaquia contemporánea. El acto, celebrado con un auténtico lleno hasta la bandera, congregó a centenares de aficionados que quisieron acompañar al torero madrileño en un reconocimiento que quedará para siempre unido a la historia del coso venteño.
La Comunidad de Madrid impulsa el tributo por toda su trayectoria coincidiendo con el 40 anivesario de su alternativa y los 30 años de la legendaria tarde del 2 de mayo de 1996
La plaza de toros de Las Ventas vivió este jueves una mañana de emoción, memoria y reconocimiento al rendir homenaje a José Miguel Arroyo «Joselito», una de las figuras esenciales de la tauromaquia contemporánea. El acto, celebrado con un auténtico lleno hasta la bandera, congregó a centenares de aficionados que quisieron acompañar al torero madrileño en un reconocimiento que quedará para siempre unido a la historia del coso venteño.
Conducido por el periodista José Ribagorda, el homenaje reunió a destacadas personalidades del mundo del toro y de la vida pública madrileña. Entre los asistentes figuraban los maestros Curro Vázquez,Juan Antonio Alcoba «Macareno» y Fernando Robleño, el gerente de Plaza 1, Victor Zabala, así como el consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior de la Comunidad de Madrid, Carlos Novillo, y el director gerente del Centro de Asuntos Taurinos, Miguel Martín, quienes han impulsado el tributo. Enrique Martín Arranz, figura fundamental en la vida y carrera de Joselito, su apoderado y padre, asistió presidiendo la comitiva de la familia del maestro.
El acto tuvo como eje central el descubrimiento de un azulejo conmemorativo en los bajos del tendido 1, donde quedó grabada una frase ya inseparable de la leyenda del diestro:«¡Cómo huele a torero!». Aquel grito brotó de manera espontánea desde los tendidos el histórico 2 de mayo de 1996, cuando Joselito se encerró en solitario con seis toros en la Corrida Goyesca de Madrid y firmó una de las gestas más recordadas de la historia reciente de Las Ventas.
Un vídeo sobre los hitos de su carrera y la inscripción emocionaron visiblemente al homenajeado y a una afición que conserva intacto el recuerdo de aquella tarde en la que el torero de La Guindalera alcanzó una dimensión legendaria. Porque la trayectoria de Joselito va mucho más allá de los triunfos. Su vida, marcada por una infancia difícil, el abandono, la pobreza y una permanente lucha por abrirse camino, constituye una historia de superación singular dentro del toreo. El propio maestro ha recordado recientemente en una entrevista en EL MUNDO cómo encontró en la Escuela Taurina de Madrid una salida a un destino que podía haber sido muy diferente, convirtiendo el sacrificio y la disciplina en las herramientas con las que construyó una carrera excepcional: «Siempre busqué la excelencia como torero y el camino recto como persona».
Precisamente esa dimensión humana fue una de las más evocadas durante el homenaje. Detrás del torero admirado por varias generaciones de aficionados aparece la figura de un hombre que nunca ha ocultado las dificultades de su recorrido vital, desde los años duros de juventud hasta los momentos de incertidumbre vividos tras la retirada. Esa sinceridad, unida a una personalidad irrepetible y a una concepción personalísima del toreo, contribuyó a forjar el vínculo especial que siempre mantuvo con Madrid.
La Comunidad de Madrid quiso así reconocer a uno de los grandes embajadores de la tauromaquia y a un torero cuya imagen queda desde hoy incorporada a la galería de azulejos que honra a las figuras más relevantes de la historia. Y lo hizo precisamente en el escenario donde Joselito escribió algunas de las páginas más brillantes de su carrera y donde una voz anónima resumió para siempre lo que el público estaba contemplando:«¡Cómo huele a torero!»
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