Peleas a gritos y desacuerdos de fondo sobre las reformas: la coalición alemana, al límite

El canciller alemán, Friedrich Merz, parece haber perdido la paciencia. Una semana, llama la atención a miembros de su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU), para recordarles que debatan en privado las desavenencias con su socio de Gobierno, el Partido Socialdemócrata (SPD). La siguiente, él mismo acusa al SPD de torpedear el ansiado paquete de reformas que tiene pendiente un país aquejado de una crisis que exige cambios estructurales. Las noticias sobre las desavenencias de los dos socios se suceden casi todos los días en los principales medios alemanes.

Seguir leyendo

 La impopularidad del canciller crece: cerca del 80% de los alemanes se muestran insatisfechos con su gestión  

El canciller alemán, Friedrich Merz, parece haber perdido la paciencia. Una semana, llama la atención a miembros de su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU), para recordarles que debatan en privado las desavenencias con su socio de Gobierno, el Partido Socialdemócrata (SPD). La siguiente, él mismo acusa al SPD de torpedear el ansiado paquete de reformas que tiene pendiente un país aquejado de una crisis que exige cambios estructurales. Las noticias sobre las desavenencias de los dos socios se suceden casi todos los días en los principales medios alemanes.

A unos días de que el Gobierno de Merz cumpla un año en el poder —a principios de mayo— y en la misma semana en la que tiene que acordar las bases de los presupuestos federales y de la reforma sanitaria, las tensiones entre los socios han hecho que el Ejecutivo esté casi tan dividido como en los últimos tiempos de la anterior coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales. A esto se suma una gran impopularidad de Merz entre los alemanes, que supera incluso a la de su predecesor, el socialdemócrata Olaf Scholz.

Entre el 70% y el 80% de los alemanes están insatisfechos con la gestión del canciller, según las últimas encuestas. Los ciudadanos le recriminan, sobre todo, sus “anuncios grandilocuentes sin consecuencias” y las “promesas electorales incumplidas”. Se ha extendido la sensación de que el conservador no está a la altura del cargo para el que fue elegido en el Bundestag el 6 de mayo de 2025.

Su partido no sale mejor parado. Según el sondeo publicado el pasado domingo por el instituto demoscópico INSA, el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) ganaría las elecciones si se celebraran ahora, con un 28% de los votos, por delante de la CDU, que obtendría un 24%.

El país se encuentra en una doble crisis: una aguda, provocada por la guerra en Irán, y otra estructural, que se manifiesta en unas cifras de crecimiento débiles, una elevada carga fiscal y tributaria, pérdidas de empleo en la industria y una infraestructura ineficaz. Además, Alemania tiene que hacer frente a un mayor gasto en defensa y al cambio demográfico, además de los problemas asociados a la seguridad social.

“Ante estos retos, una comunicación rigurosa y comprensible y una gestión gubernamental profesional son aún más importantes, y ambas cosas le faltan actualmente”, comentaba el redactor jefe del Tagesspiegel, Christian Tretbar, en una columna publicada el domingo.

La semana pasada la revista Der Spiegel informaba sobre “fuertes” discusiones entre Merz y su vicecanciller y ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, copresidente del SPD. Y, como apuntan fuentes cercanas, quien haya tratado alguna vez con Merz puede imaginárselo, ya que, dicen, se irrita con facilidad y eso puede convertirse en un problema en negociaciones difíciles.

De acuerdo con la publicación alemana, en la reunión de crisis que se celebró hace dos semanas en el norte de Berlín, tras meses de negociaciones, el socialdemócrata Klingbeil se convirtió en el blanco de la ira del canciller. “Según informan personas al tanto, el canciller alzó la voz. Se salió de sus casillas. Otros comentan que la dureza del enfrentamiento se ajustaba a la importancia de las negociaciones. Merz tiene un lado emocional. Y Klingbeil tampoco se queda corto. Una palabra llevó a la otra”, relataba Der Spiegel.

Unos días después de la reunión, Merz instó públicamente al SPD, su socio de Gobierno, a emprender reformas más decididas y, al hacerlo, expresó críticas claras. “Espero que los socialdemócratas eliminen también algunos bloqueos que, lamentablemente, hemos tenido una y otra vez en las últimas semanas y meses”, declaró en la recepción anual de la Asociación Federal de Bancos Alemanes en Berlín. Ante el ritmo de las reformas, hasta ahora moderado, criticó: “No me basta con lo que hemos logrado hasta ahora. Seguimos yendo por detrás de la curva. No vamos por delante de la curva”. Y anunció que volvería a hablar “muy seriamente” con su socio.

En el SPD, los llamamientos y reproches de Merz han suscitado un fuerte rechazo. “Las advertencias del canciller al SPD en esta forma pública son inusuales y contraproducentes”, protestó el diputado socialdemócrata Ralf Stegner al Tagesspiegel. “Merz pidió hace poco que se resolvieran todas las cuestiones a puerta cerrada y se defendieran de forma unánime ante el exterior. Sería prudente que él mismo se atuviera a esta máxima”, reprochó.

Por su parte, el secretario general del SPD, Tim Klüssendorf, calificó sus declaraciones como “inaceptables”. “Quien se niega una y otra vez a llevar a cabo reformas estructurales y bloquea de inmediato cualquier propuesta procedente de nuestras filas, pierde toda credibilidad al exigir que el SPD abandone su supuesta actitud obstruccionista”, afirmó a Der Spiegel.

Sobre todo, la afirmación de Merz de que la pensión pública ya no será en el futuro más que una “renta básica” enfurece a los socialdemócratas. “Si el canciller quiere reducir la pensión pública a una ‘pensión básica’, se encontrará con la resistencia encarnizada de la socialdemocracia”, anunció Klüssendorf, que recordó que para más de la mitad de la población alemana la pública es la única garantía de jubilación; y, en el este del país, lo es incluso para tres cuartas partes de la población.

Este lunes, el grupo parlamentario de la Unión —formada por la CDU y la bávara CSU— se ha reunido a puerta cerrada para debatir los pasos a seguir con el objetivo de reformar el país y reactivar la economía, en un encuentro en el que estuvo presente Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, como invitada principal.

Según un documento filtrado de ese encuentro, al que ha tenido acceso la agencia de noticias alemana DPA, la CDU y la CSU instan a llevar a cabo “reformas estructurales audaces” en materia de política económica y social. Asimismo, en la reforma fiscal prevista para aliviar la carga de las rentas bajas y medias a partir de 2027, establecen que la financiación debe proceder principalmente de nuevos recortes, por ejemplo, mediante reducciones generales de las ayudas financieras, y no de deuda nueva. Mientras, el SPD quiere gravar más las rentas altas y las grandes herencias.

A pesar de todos los problema internos, el Gobierno de Merz se muestra convencido de poder aprobar el próximo miércoles el borrador con los puntos clave de los presupuestos para el año que viene y la planificación financiera hasta 2030, así como una serie de medidas de ahorro en el sector sanitario para hacer frente al elevado déficit. Los siguientes pasos serían entonces la reforma fiscal y la del mercado laboral y, finalmente, la reforma de las pensiones, sobre la que se quiere llegar a un acuerdo tan pronto como estén disponibles en junio los resultados de la comisión de expertos creada a tal efecto.

El Gobierno es consciente de la mala situación de las arcas públicas y de la urgencia de emprender las reformas cuanto antes, como reclaman los principales expertos económicos del país, pero las desavenencias internas no hacen más que ralentizar aún más todo el proceso.

Merz intenta quitar hierro al asunto y el sábado destacó en un discurso en Marburgo que no era “ningún drama” que no se hubiera llegado a un acuerdo en todos los puntos. El canciller sostuvo que es “una ilusión” creer “que, en una democracia abierta al debate y a la discusión, se puedan aprobar reformas de este tipo de forma repentina y sin más”. Aunque ese era su plan original.

 Feed MRSS-S Noticias

Noticias Similares