Polarbox, un ejército de neveras ‘made in’ Lepe a la conquista de las playas del mundo

Hace cinco años que un ejército lepero de neveras se lanzó a dominar las playas del mundo y, desde entonces, no ha dejado de sumar conquistas. En más de un centenar de países se venden ya las neveras de Polarbox, la marca que creó en 2020 el empresario local José Luis Fernández, que en poco más de un lustro se ha coronado como rey casi absoluto en un negocio de cifras millonarias que no para de crecer y de expandirse. Hasta el punto de que va mucho más allá de las playas y del calor.

 El empresario José Luis Fernández y su empresa prevén fabricar un millón de unidades este año, que venden de EEUUa Afganistán, y llegar a los dos millones en 2032  

Hace cinco años que un ejército lepero de neveras se lanzó a dominar las playas del mundo y, desde entonces, no ha dejado de sumar conquistas. En más de un centenar de países se venden ya las neveras de Polarbox, la marca que creó en 2020 el empresario local José Luis Fernández, que en poco más de un lustro se ha coronado como rey casi absoluto en un negocio de cifras millonarias que no para de crecer y de expandirse. Hasta el punto de que va mucho más allá de las playas y del calor.

En Suecia o en Noruega hace tiempo que descubrieron que las neveras made in Lepe no solo valen para mantener alimentos y bebidas fresquitos para un día de playa, sino también para que no se congelen cuando las temperaturas son bajo cero.

Eso era algo que ya sabía Fernández, que antes de dedicarse a fabricar neveras se dedicó a la exportación de pescado y marisco, que debía llegar en perfectas condiciones a su destino, fundamentalmente Italia. Aprendió, a base de práctica, los secretos de la conservación de la temperatura y un día decidió dejar el pescado y dedicarse a fabricar los envases térmicos. De ahí a las neveras de diseño de Polarbox fue cuestión de tiempo y de imaginación.

Cuenta Fernández que las neveras portátiles de toda la vida «eran feas» y que ahí vio una oportunidad que nadie había visto antes. Estuvo un año dándole vueltas al diseño, a los ángulos, a los colores… y en 2021 salieron a la venta los primeros modelos de Polarbox. Un diseño retro y tonalidades pastel fueron su carta de presentación y el éxito fue fulgurante.

Ese primer año vendió 150.000 neveras, «todas las que teníamos y podíamos haber vendido el doble, hasta 300.000», explica desde su fábrica en Lepe, que han estrenado hace apenas unos meses y que tiene una estética muy acorde con el diseño de las neveras. Con su maquinaria novísima y sus 9.000 metros cuadrados -ha supuesto una inversión de seis millones-, Polarbox tiene hoy capacidad para producir hasta dos millones de neveras.

Ahora mismo, dice el rey lepero de las neveras de playa, salen de la planta cada día 4.500 unidades con un solo turno de fabricación, pero pueden llegar a las 10.000 en tres turnos en cuanto sea necesario. Aunque, insiste el empresario, el crecimiento debe ser constante pero moderado «para poder digerirlo bien».

Ese crecimiento se ha concretado en estos años en alrededor de un 10% anual y de ahí, insiste, prefiere no pasar.

Su negocio de neveras ha facturado en el último año doce millones de euros y en su fábrica de colores pastel trabajan cerca de un centenar de personas en un proceso mecanizado solo en parte porque el montaje se hace a mano y allí mismo se cortan y se colocan las asas de piel que son una de las señas de identidad de las Polarbox.

También en esta fábrica de Lepe se personalizan, al gusto del cliente, las neveras que se adquieren a través del canal de venta online de la propia empresa. Desde el color de la nevera a las letras y el asa, que también puede ser de tela, todo se puede elegir. Y por apenas 25 euros, un precio que se ha mantenido invariable desde que salió al mercado gracias, explica Fernández, a la «economía de escala», que ha permitido absorber los incrementos de costes.

Las neveras son bonitas pero es que, además, enfrían más que otras, según cuenta el padre de Polarbox. El secreto está en el poliespán, que fabrican allí mismo, en una planta colindante, con la forma exacta de la nevera y que después recubren con una «piel» de plástico de un milímetro. El resultado es que el aislamiento térmico es óptimo y eso, unido al diseño, hace a estas neveras imbatibles.

Asegura el empresario que no hay otra nevera igual y que el futuro de su compañía no puede ser más prometedor. En seis o siete años, adelanta, la producción llegará a los dos millones de neveras y la expansión internacional, ya impresionante, lo será aún más.

Trabajadora de Polarbox durante el proceso de fabricación
Trabajadora de Polarbox durante el proceso de fabricaciónAntonio PozoAraba Press

Es más rápido enumerar los países en los que se no se venden las Polarbox que aquellos en los que sí están, que son alrededor de un centenar y en los que se incluyen los mercados más importantes, desde Estados Unidos a Alemania, pasando por Francia, Reino Unido, Portugal, los países nórdicos o los del Golfo Pérsico. India, Guyana o Martinica son algunas de las últimas incorporaciones a la lista de mercados exteriores y la venta fuera de las fronteras españolas supone el 80% .

Alemania, Portugal y Francia son los principales clientes, pero el potencial para seguir creciendo está, sobre todo, según el propietario de Polarbox, en Estados Unidos. Sobre todo ahora que han desaparecido, por sentencia, los aranceles salvajes impuestos unilateralmente por Donadl Trump mientras se mantienen a China.

«Se está viendo ya una rotación en las compras», afirma y pone como ejemplo un acuerdo recién ratificado con una cadena de centros comerciales americana con 5.000 tiendas que puede ser solo el principio.

Pero las neveras son solo una parte -y no la más importante- de los negocios de este emprendedor que inició su carrera con solo 19 años. Polarbox es parte de un conglomerado empresarial en el que se incluyen otras dos plantas industriales, una que produce poliespán con 500 productos diferentes (cajas de pescado, semilleros, tarrinas para helados…) y otra que fabrica envases para frutos rojos y que se ha hecho ya con el 50% del mercado. Esta última aporta una facturación de 30 millones anuales y la de poliespán otros 20 millones.

A eso hay que sumar la rama inmobiliaria, con edificios de apartamentos turísticos y un hotel en construcción en Lepe que prevé abrir sus puertas este mismo año, además de cines y otras inversiones. El conjunto suma 65 millones de facturación en previstos en 2026 y una plantilla de 450 trabajadores.

Todo ello controlado por Fernández y su mujer, que son los únicos socios y dueños de la empresa Inversiones Plásticas Onubenses -la matriz del grupo- y en la que, por ahora, no prevén incorporar socios externos aunque tampoco lo descarta a medio plazo. Confía el empresario en que la dirección del negocio, cuando llegue el momento, siga siendo «local y familiar» y ya tiene a dos hijas y a un yerno trabajando en su imperio de neveras de playa.

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