No es sólo el «esto no es el final», ni el «tomar la voz y la responsabilidad de los madridistas que han confiado en la candidatura», como dijo en su discurso de derrota, que no de despedida. Enrique Riquelme dejó el domingo su sede con la intención no de ser una alternativa pasajera a la presidencia del Real Madrid, sino un garante de su programa y de lo que él piensa que debe de ser el club blanco. «No vamos a estar con tambores de guerra todos los días en las puertas del Bernabéu, pero estaremos ahí», apuntan en el entorno de Riquelme.
El candidato derrotado dice que se mantendrá activo para controlar las propuestas de Florentino, especialmente, la venta del club
No es sólo el «esto no es el final», ni el «tomar la voz y la responsabilidad de los madridistas que han confiado en la candidatura», como dijo en su discurso de derrota, que no de despedida. Enrique Riquelme dejó el domingo su sede con la intención no de ser una alternativa pasajera a la presidencia del Real Madrid, sino un garante de su programa y de lo que él piensa que debe de ser el club blanco. «No vamos a estar con tambores de guerra todos los días en las puertas del Bernabéu, pero estaremos ahí», apuntan en el entorno de Riquelme.
Cuando la Junta Directiva de Riquelme se juntó en Rafael Salgado, 3, por última vez, a unos metros del propio Santiago Bernabéu, la sensación que les recorrió fue «agridulce». Sus interventores les habían confirmado la derrota que luego publicaría la Junta Electoral, pero dicen que ese 35% que le habían arañado a Florentino Pérez «les legitima» para seguir dando voz a un madridismo al que «Enrique no va a dejar tirado», explican esas fuentes.
Creen desde la alternativa a Florentino que el presidente «tiene un problema» si cerca de cuatro de cada 10 socios del Madrid han votado en su contra. «No se trata de que gane más partidos o menos, sino que se ha cuestionado su gestión», apuntan desde el equipo de Riquelme, que no valoran los dos años casi en blanco del Real Madrid respecto a títulos importantes, sino especialmente las propuestas económicas del ganador de las elecciones y que no ha terminado de explicar de una manera convincente, porque consideran que es poner el club en venta.
El mensaje más repetido de Enrique Riquelme fue: «El Real Madrid no se vende». Y con ése cerró también su candidatura. Florentino le ha respondido en repetidas ocasiones que el club «siempre será de sus socios» y así lo garantizó con un acta notarial. Como publicó este periódico, ambos candidatos tenían razón en sus argumentos puesto que la fórmula del ya presidente electo no era vender el club sino vaciarlo de contenido. trasladando su actividad a una filial.
Estas supuestas intenciones son las que, principalmente, van a mantener a Riquelme y a los miembros de su candidatura vigilantes de lo que pueda ocurrir en un futuro con la propiedad. Porque la idea del equipo es seguir unido y esta semana han planificado una reunión del plantel al completo para definir las líneas de la oposición a realizar. «No trabajaremos en el ‘sí o no’, sino en el cómo», apuntan.
El pasado les avala. No hay aspirantes en la historia blanca que hayan levantado a un presidente de su trono en la primera intentona. Florentino lo sabe bien, porque Mendoza se lo impidió por unos pírricos 700 votos en 1995. El actual presidente aprendió la lección y, entre Figo y el voto por correo, apuntaló su victoria en el 2000 frente a un Lorenzo Sanz, que venía de dar la octava Champions League al Real Madrid.
En ese aspecto, se parecen ambos contendientes porque aquella victoria fue inesperada. «Si algo ha demostrado Riquelme es que puede lograr cosas increíbles y de eso se trata el Madrid», alaban al candidato desde su equipo. En este primer Tourmalet se quedó a las puertas, veremos en la siguiente ronda hasta dónde es capaz de llegar cuando, con 41 años, se enfrente a un contrincante de 83. Siempre y cuando los rivales para las próximas, con unos estatutos que complican y mucho ampliar el abanico, sigan siendo ellos dos, salvo que Pérez decida designar un delfín en su sustitución. «Sin duda tenemos la fuerza para parar lo que pretende Florentino», lanzan desde la candidatura. Los votos así lo dicen.
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