Teorías de la conspiración en Argentina: el chantaje de la FIFA, la amenaza del FBI y un árbitro para que ganase España

No es todo el país, ni siquiera la mayoría de sus ciudadanos, pero tras la derrota ante España en la final de la Copa del Mundo, la conspirativitis crece con fuerza en Argentina. La teoría de la conspiración se asienta en dos bases. Una, la de muchos periodistas que insisten en lo «extraña» que les pareció la Albiceleste en la final. La otra, legiones de streamers y creadores de contenido en redes sociales que van mucho más allá: a la selección de Leo Messi la apretaron para obligarla a entregar el título.

 Los argumentos más inverosímiles calan en la opinión pública, mientras los hinchas siguen conmocionados por la derrota en la final.  

No es todo el país, ni siquiera la mayoría de sus ciudadanos, pero tras la derrota ante España en la final de la Copa del Mundo, la conspirativitis crece con fuerza en Argentina. La teoría de la conspiración se asienta en dos bases. Una, la de muchos periodistas que insisten en lo «extraña» que les pareció la Albiceleste en la final. La otra, legiones de streamers y creadores de contenido en redes sociales que van mucho más allá: a la selección de Leo Messi la apretaron para obligarla a entregar el título.

«Antes de la final hubo un apriete«, se insiste en posteos y vídeos viralizados hasta la extenuación en las redes sociales. En casi todos los casos, quienes hablan no son periodistas profesionales ni gente necesariamente conocedora de la dinámica del fútbol, ni mucho menos de la FIFA y las Copas del Mundo.

¿Qué quieren decir con apriete? Se trata básicamente de una amenaza sustentada en un chantaje. La teoría más extendida, siempre sin prueba alguna, es que la FIFA le exigió a Argentina que perdiera la final, porque de lo contrario sería suspendida por las próximas dos Copas del Mundo. La pancarta con la inscripción «Las Malvinas son argentinas», exhibida tras el triunfo en semifinales ante Inglaterra, sería el elemento de chantaje, porque la FIFA no permite mensajes políticos en sus competiciones.

Otra teoría que circula involucra al FBI, que habría amenazado directamente a Claudio Tapia, el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), investigado por la justicia por evasión de impuestos. Según esa teoría, Tapia les dijo a sus jugadores que debían perder.

Una tercera teoría involucra una presunta amenaza de Aleksander Ceferin, el presidente de la UEFA, que tendría en jaque a Gianni Infantino, el presidente de la FIFA que aspira a su reelección en marzo. A cambio de no obstaculizar esa reelección, la teoría conspirativa indica que Ceferin exigió un árbitro de Eslovenia, su país, para así manipular la final y darle el triunfo a España, país miembro de la UEFA.

En circunstancias normales, semejantes afirmaciones caerían por su propio peso, de tan inverosímiles que son. Pero no se viven días normales en Argentina, aún conmocionada por la forma en que discurrió la final.

Hay algo que es real: nadie le encuentra una explicación a lo sucedido en el partido ante España, ¿cómo fue posible que hasta el minuto 116, no disparara a portería? Esa pregunta se enlaza con dos videos en los que se advierten detalles de una desteñida arenga de Messi a sus compañeros antes del partido y en el entretiempo.

Julián Álvarez y Messi, abatidos tras la derrota en la final.
Julián Álvarez y Messi, abatidos tras la derrota en la final.AFP

«Olvidémonos de todo», dice en un momento Messi. ¿De qué deben olvidarse, qué sucedió?, se preguntaron todos sus compatriotas. El deslavazado discurso del capitán, sumado a los rostros funerarios de los futbolistas habilitó a una conclusión que sí es generalizada: ahí pasó algo raro. A partir de eso, unos cuantos se arrojan de lleno en las aguas de la conspiración.

«Vamos, muchachos. Tranquilidad, gente, tranquilidad. Lo principal es que estemos tranquilos. Pensemos en jugar nomás. Olvidémonos de todo, olvidémonos de todo. Solo juguemos, pensemos en jugar nomás, gente. En jugar, dale», fueron las palabras de Messi frente al resto del equipo. El astro llegó este martes a Rosario, su ciudad, 300 kilómetros al norte de Buenos Aires, en un vuelo privado, y no emitió declaración alguna.

El seleccionador Lionel Scaloni tampoco contribuyó a aquietar las aguas. En vez de rechazar con énfasis y de plano las teorías conspirativas, este martes se hizo el desentendido ante preguntas de los periodistas en la concentración de la selección en Ezeiza, al suroeste de Buenos Aires. ¿Qué quiso decir Messi con «olvidémonos de todo»?, le preguntaron. «No sé, no veo redes sociales, no tengo idea de esto», se escabulló el técnico.

Sólo 15 de los 26 jugadores de la selección regresaron a Buenos Aires en una fría noche del lunes. El saludo a la afición, apenas cuatro kilómetros con 3.000 personas a la vera de la carretera de salida del aeropuerto, fue el único contacto con los hinchas, que en la noche del domingo se habían movilizado masivamente para agradecer a la selección su actuación en el Mundial.

El diario Clarín presentó este martes una hipótesis acerca de cuál es el significado verdadero del «olvidémonos de todo» de Messi: «El mensaje estuvo vinculado con el malestar que habían provocado dentro de la Selección algunas críticas y declaraciones realizadas en las horas previas al partido decisivo».

«Messi buscó que el plantel se abstrajera de ese clima y concentrara toda su atención en el juego. Su pedido de tranquilidad funcionó como el cierre de una charla más emotiva que había comenzado dentro del vestuario y que, de acuerdo con lo que trascendió, impactó especialmente en los futbolistas», añadió el periódico bonaerense. La consigna era dejar de lado todo lo que se había dicho alrededor de la final y evitar que la polémica condicionara al equipo en uno de los partidos más importantes de su historia reciente».

El autobús con los futbolistas de Argentina, el lunes en Ezeiza.
El autobús con los futbolistas de Argentina, el lunes en Ezeiza.AFP

Pero una parte importante de la nación cree que hay algo más, que los poderes del fútbol y la política dejaron a su equipo sin título del mundo por segunda vez, o incluso tercera. ¿Las dos anteriores? La final de Italia 90, con un penalti a favor de Alemania que se discute hasta hoy, y el dopaje de Diego Maradona en Estados Unidos 94, que muchos, 32 años después, siguen considerando «una venganza de la FIFA».

Todo esto se produce, a su vez, en medio de una tormenta en las redes sociales en las que Argentina es señalada como país «racista», o incluso «el más racista del mundo», en palabras del actor Samuel L. Jackson. Los críticos apuntan muchas veces en simultáneo al presidente Javier Milei, que con su polarizadora prédica económica y política se ha ganado no pocos enemigos en la escena internacional. Su apoyo incondicional a Israel contribuye a elevar la temperatura del ya de por sí caldeadísimo debate.

«El domingo, el partido nos fue muy adverso y, aun así, en los últimos minutos pudimos empatarlo. El transcurso nunca fue favorable. Pero perdió frente a un enorme rival; eso también hay que decirlo», dijo el jefe de Estado argentino en la noche del lunes durante una entrevista.

Milei dedicó encendidos elogios a Messi y a Scaloni, ambos con el futuro en la selección en seria duda. El 10 albiceleste es «el mejor de todos los tiempos» y el seleccionador cuenta con una «capacidad de liderazgo admirable», destacó el presidente. «Sostengo que cuando culmine su carrera como director técnico, hay lugares reservados para él en las mejores universidades del mundo, porque puede dar clases. Liderar grupos de estas características no es para cualquier persona».

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