El tiempo está de mi lado

Los Rolling Stones llevan dos videoclips consecutivos siendo jóvenes, que se dice rápido. En el primero, correspondiente al tema Angry, Sydney Sweeney recorre el Sunset Strip a lomos de un descapotable mientras las vallas publicitarias animadas dan vida a los Stones, que interpretan la canción desde diferentes fragmentos de su pasado. En el nuevo, Odessa A’zion —hay una constante aquí— baila en primera fila mientras la banda interpreta In The Stars con el mismo aspecto que tenían en los años 60. Es esta última pieza la que ha generado un cierto desasosiego entre los fans; una preocupación que, según compruebo, resulta complicado de razonar. ¿Por qué, hundidos hasta la cintura en la era de la IA y los deepfakes, muchos sienten que In The Stars ha cruzado una línea? ¿Y por qué, hace dos años, Angry, partiendo del mismo efecto, no generó ninguna disonancia?

 ¿Son los Rolling Stones los heraldos de una era donde los viejos rockeros nunca mueren? Si ‘Angry’ funcionó como una fantasía pop, su nuevo videoclip, ‘In The Stars’, normaliza la IA hasta despertar el desasosiego de los fans  

Los Rolling Stones llevan dos videoclips consecutivos siendo jóvenes, que se dice rápido. En el primero, correspondiente al tema Angry, Sydney Sweeney recorre el Sunset Strip a lomos de un descapotable mientras las vallas publicitarias animadas dan vida a los Stones, que interpretan la canción desde diferentes fragmentos de su pasado. En el nuevo, Odessa A’zion —hay una constante aquí— baila en primera fila mientras la banda interpreta In The Stars con el mismo aspecto que tenían en los años 60. Es esta última pieza la que ha generado un cierto desasosiego entre los fans; una preocupación que, según compruebo, resulta complicado de razonar. ¿Por qué, hundidos hasta la cintura en la era de la IA y los deepfakes, muchos sienten que In The Stars ha cruzado una línea? ¿Y por qué, hace dos años, Angry, partiendo del mismo efecto, no generó ninguna disonancia?

Este misterio se puede resolver estudiando el instante exacto en el que cada videoclip decide sacar el conejo de la chistera, la revelación del primer rostro rejuvenecido que, curiosamente, en los dos casos es el de Keith Richards. En Angry sucede a los cuatro segundos, en un cuadro contrapicado que simula el punto de vista de Sydney Sweeney y que nos revela, en toda su gloria, al guitarrista ejecutando el riff a escala gigantesca, recortado contra el cielo. En In The Stars, Keith Richards está presente en el mismísimo primer fotograma, apoltronado en un sofá, echando una calada. Es posible no reconocerle en un primer visionado, porque ni llegamos a ver sus ojos. La cámara ha decidido quitarle importancia al artificio. Es el mismo efecto, pero esta vez el lenguaje decide ignorarlo. O sea, se elimina el golpe de efecto.

Si en Angry la mirada de Sydney Sweeney sirve para marcar lo que es fácil de entender como una fantasía, en In The Stars Odessa A’zion tarda medio minuto en aparecer, y para entonces ya nos conocemos con los Stones juveniles, mezclados entre su público y diseminados en el montaje, que simula componer la actuación improvisada de un grupo desconocido. El videoclip no quiere dejarnos boquiabiertos en ningún momento específico, como si la chistera llevase toda la mañana vomitando conejos. No es casual que la banda ni siquiera esté subiendo a un escenario, porque In The Stars no es la representación de un espectáculo, sino el retrato de una nueva normalidad.

Que la música de masas tiene una relación traumática con el envejecimiento de sus estrellas es algo que sabemos de largo, llevamos décadas de videoclips en los que los artistas de mediana edad aparecen aislados del jovencísimo cuerpo de baile -el caso paradigmático es Believe de Cher-. Pero nadie se esperaba que fuesen los Rolling Stones, los máximos representantes del triunfo escénico de la ancianidad, los posibles heraldos de una nueva era en la que los viejos rockeros… ¿nunca mueren?

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