El agridulce arranque de curso del sector tecnológico español: del mejor momento económico de su historia a las dudas por la falta soberanía

El sector tecnológico español está en su mejor momento. La digitalización progresiva de la economía le ha permitido encadenar años de crecimientos a doble dígito y España ha conseguido posicionarse en el mapa para las grandes compañías del sector. Al mismo tiempo, la dependencia de estas grandes tecnológicas sigue siendo enorme en un problema a nivel europeo, donde no se han producido avances en productos propios al nivel de Estados Unidos y China, lo que ha supuesto que el continente se haya quedado atrás en la carrera por la inteligencia artificial (IA).

 Tras una época de abundancia de fondos públicos y privados, las empresas digitales españolas viven inmersa en una dicotomía de incierta resolución  

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El sector tecnológico español está en su mejor momento. La digitalización progresiva de la economía le ha permitido encadenar años de crecimientos a doble dígito y España ha conseguido posicionarse en el mapa para las grandes compañías del sector. Al mismo tiempo, la dependencia de estas grandes tecnológicas sigue siendo enorme en un problema a nivel europeo, donde no se han producido avances en productos propios al nivel de Estados Unidos y China, lo que ha supuesto que el continente se haya quedado atrás en la carrera por la inteligencia artificial (IA).

La dicotomía se vio reflejada la pasada semana en el arranque de curso tecnológico que organiza la patronal del sector Ametic en Santander. Convivían en el escenario dos realidades: las de las grandes empresas de servicios y multinacionales que se subían a la ola de la IA para pronosticar la mayor transformación tecnológica de la historia y un nutrido conjunto de compañías locales, muchas de ellas con vinculación estatal, que hacían un llamamiento a una mayor colaboración y a mantener una fuerte apuesta por desarrollar tecnología europea.

El director general de Inetum Iberia, Ion Ander Bordonaba, es una de esas compañías que lidia con las dos olas. En declaraciones a EL MUNDO, el directivo señala que la empresa se encuentra en «el mejor momento de su historia» y pese al descenso del negocio de servicios profesionales la compañía sigue creciendo y adjudicándose nuevos contratos, cada vez más ligados al mundo de la IA.

Pero además el grupo también está desarrollando productos tecnológicos en un sector cada vez más en boga y necesitado de soberanía tecnológica como es el de la defensa europea. En esa búsqueda de soberanía, un aspecto clave también es el espacial donde el proyecto Iris2 europeo liderado por Hispasat es una de las apuestas estratégicas clave del continente.

Pero también hay empresas más pequeñas buscando dotar de nuevas capacidades a los estados europeos como Open Cosmos. «Europa se encuentra en un momento decisivo y debe apoyarse en empresas innovadoras con capacidad de crecimiento, como Open Cosmos, aunque, si queremos ofrecer una alternativa viable, debemos ser capaces de movilizar inversiones y recursos a mayor escala», señala su fundador, Rafa Jordà.

Una línea similar sigue Marta P. Starellas, CEO de Qilimanjaro, que desarrolla y fabrica ordenadores cuánticos analógicos. «La diferencia con Estados Unidos no es de talento ni de tecnología, es de cultura inversora. Allí el capital privado entiende que el deep tech tiene ciclos largos, que el hardware necesita años y que el retorno llega más tarde, y aun así invierte, porque sabe que quien financia la tecnología es quien se queda con la industria. En Europa el inversor privado todavía quiere ver ingresos recurrentes antes de apostar», lamenta la empresaria, que de hecho dedica cada vez más tiempo a la expansión por el país norteamericano.

«En Estados Unidos, empresas de computación cuántica comparables a la nuestra, con una tecnología y una madurez similares, están saliendo a bolsa y captando cientos de millones para escalar. Aquí, con máquinas ya operativas en una de las mayores infraestructuras de supercomputación de Europa, seguimos teniendo que explicar a muchos inversores por qué la cuántica merece una apuesta», subraya la proveedora de los sistemas cuánticos del Barcelona Supercomputing Centre.

Otra de las empresas llamadas a jugar este rol es Multiverse Computing, con una inversión de más de 150 millones de euros del Gobierno. La compañía está especializada en comprimir modelos de lenguaje para hacerlos más eficientes, pero su apuesta por ir más allá le ha jugado una mala pasada. Esta semana pasada presentaron Quasar 438B, el que decían era el modelo europeo más avanzado de Europa y el primero que lanzaban. Sin embargo, tras un análisis del mismo, numerosos expertos descubrieron que era una versión modificada de GLM 5.2, uno de los modelos chinos de código abierto más potentes, lo que ha generado fuertes críticas entre expertos e ingenieros por el marketing utilizado por la empresa vasca.

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