La bola negra (basada en parte en La piedra oscura, de Alberto Conejero) tuvo, por lo visto, un rodaje complicado. Pudo haber salido todo mal, pero todo salió mejor que bien. La cinta tuvo el mejor de los arranques en Cannes, y ahora empieza la carrera a los Oscar. Los Javis ™ vuelven a la gran pantalla después de nueve años en los que no han conocido nada que no sea el éxito más rutilante.
La historia de los Javis sirve para un solo caso: el de los Javis
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La historia de los Javis sirve para un solo caso: el de los Javis
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EFE/Juan Herrero (EFE)

La bola negra (basada en parte en La piedra oscura, de Alberto Conejero) tuvo, por lo visto, un rodaje complicado. Pudo haber salido todo mal, pero todo salió mejor que bien. La cinta tuvo el mejor de los arranques en Cannes, y ahora empieza la carrera a los Oscar. Los Javis ™ vuelven a la gran pantalla después de nueve años en los que no han conocido nada que no sea el éxito más rutilante.
En 2012 Brays Efe me insistió en ir a ver Miss Fogones Universal, escrito al alimón con Calvo y Ambrossi. Eran tiempos de precariedad en los que todo el mundo hacía algún microteatro. Era la época de pegar carteles por el centro esperando que algún incauto viniese a ver nuestras obras. Se hicieron películas llamadas low cost (nadie cobraba salvo las casas de alquiler de material). La gente sobrevivía y, como voceó en un cumpleaños un actorcillo maledicente: “a qué no sabes quiénes estaban en la entrevista de trabajo para lo de teleoperador”.
En las entrevistas con los Javis la percha suele ser la perseverancia frente a la adversidad. Es sabido que se conocieron como camareros en un famoso local madrileño, y que hicieron sus obras de teatro porque el teléfono había dejado de sonar. Pero la clave fue que su talento conectó con el momento. Su visión aportaba algo. La llamada transmitía algo que iba mucho más allá del texto, y ellos funcionaban como creadores y como producto. Supieron aprovechar los vientos, y elegir los proyectos. Y se hicieron productores, que es donde está el dinero. Y, sin embargo, no puedo dejar de arquear la ceja cuando se les vende como una historia de superación.
Hay miles de aspirantes, unos con talento y otros sin él. Unos caen por torpeza, otros por amor. Por malas decisiones, porque tal día no fueron a tal bar. Quizás insistieron demasiado, quizás no insistieron nada. Quizás se los tragaron la noche y la droga. La historia de los Javis sirve para un solo caso: el de los Javis. Es una necesidad vender la idea de que el esfuerzo siempre tiene una recompensa, porque no es verdad. La culpa no es de los Javis (ni de ningún otro artista en la misma tesitura), es del periodismo que busca esas historias de superación que tan buenos titulares dan. El éxito siempre tiene una fórmula (la oportunidad), pero la casuística del fracaso es infinita.
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