Filipiñana toma su nombre de eso que el tiempo ha dado en llamar Americana. Es, si se quiere, parodia. Americana es un término genérico que igual hace referencia a los grandes fetiches de la cultura estadounidense que al conjunto de todas sus músicas desde el jazz al blues pasando por el rock que a la simple composición de los paisajes siempre diáfanos y abiertos hacia el Oeste. Americana es un concepto por fuerza moderno, libre y ejemplar. Cuenta Rubén Manuel, director de cine, que su idea era retratar eso mismo, pero del revés, desde la óptica de un país sometido, desde la perspectiva de un pueblo que vio de repente como los militares estadounidenses inundaban su territorio de campos de golf (inéditos hasta entonces) y convertía a los lugares en sirvientes. Filipiñana es, por tanto, todas las mentiras que oculta eso llamado Americana.
La meticulosa disección del colonialismo que ofrece la ópera prima del filipino Rafael Manuel se impone en el certamen valenciano
Filipiñana toma su nombre de eso que el tiempo ha dado en llamar Americana. Es, si se quiere, parodia. Americana es un término genérico que igual hace referencia a los grandes fetiches de la cultura estadounidense que al conjunto de todas sus músicas desde el jazz al blues pasando por el rock que a la simple composición de los paisajes siempre diáfanos y abiertos hacia el Oeste. Americana es un concepto por fuerza moderno, libre y ejemplar. Cuenta Rubén Manuel, director de cine, que su idea era retratar eso mismo, pero del revés, desde la óptica de un país sometido, desde la perspectiva de un pueblo que vio de repente como los militares estadounidenses inundaban su territorio de campos de golf (inéditos hasta entonces) y convertía a los lugares en sirvientes. Filipiñana es, por tanto, todas las mentiras que oculta eso llamado Americana.
Pues bien, la película Filipiñana ha sido la elegida por el jurado de Cinamajove para llevarse el premio Luna de Valencia que la señala como la mejor de una competición alimentada con muchos de los mejores debuts del año. Se cuenta la historia de una adolescente contratada para colocar las pelotas de golf en su sitio. Una a una, mientras el cliente se ejercita sin molestarse lo más mínimo. Suena ridículo y lo es. Un buen día dará con un palo perdido de ese mismo deporte y, en su empeño de devolverlo y hacer lo justo, emprenderá un viaje al fondo más siniestro del establecimiento para el que trabaja, al fondo más turbio del país en el que reside y al fondo más evidente y cruel del colonialismo que ella y tantos como ella sufren en la era del turbocapitalismo.Filipiñana.
La película llega al festival de Valencia tras haber triunfado en Sundance y después de pasearse con todos los honores por la Berlinale. La cinta fue también la elegida por el jurado joven que en Cinemajove, precisamente, tiene importancia doble. El razonamiento del jurado compuesto por Maria Ekerhovd, Isabel Ivars y Frédéric Boyer habla de «una obra audaz y visualmente inolvidable, de una ambición artística notable». El otro, el joven, se queda con el hecho de que sea «crítica anticolonial plagada de simbolismos».
Por lo demás, el segundo escalón del palmarés lo ocupó No Good Men, de la directora afgana Shahrbanoo Sadat. Para ella fueron los premios de mejor directora y el Premio del Público. La cinta, que inauguró la última Berlinale, es más difícil de definir por ser muchas cosas y ninguna de ellas convencional. Se podría decir que es, por orden: a) el tercer largometraje de un ambicioso proyecto que quiere llegar a cinco sobre la historia de Afganistán firmado y en parte protagonizado por la única cineasta con pasaporte afgano, aunque refugiada en Hamburgo; b) la primera película de la historia del cine afgano (que lo hay) en la que se ve no solo un beso apasionado, sino un enorme y muy gráfico consolador con forma de pene (de qué si no) que promete tardes-noche apasionantes; c) una comedia romántica en el más improbable de los escenarios: el éxodo de Kabul de 2021 cuando las tropas estadounidenses se fueron y dejaron el país en manos de los talibanes, y d) exactamente lo contrario de esa película que cualquier espectador imagina sobre mujeres oprimidas por el régimen integrista (aunque también, la verdad). Mirado con distancia y por aquello de que el colonialismo también está ahí, un poco de Filipiñana también es.
Por lo demás, el galardón al Mejor Reparto fue para el elenco de la rumana On Our Own, de Tudor Cristian Jurgiu. Compuesto por Denisa Vraja, Vlad Furtuna, Mara Diaconu Ducica, Sofia Vasiliu y Dominique Toma, el jurado aplaude de ellos su «extraordinaria honestidad, calidez y resiliencia para retratar a unos niños obligados a navegar la edad adulta demasiado pronto».
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