Después de una larga travesía en autobuses y en avión desde territorio ucranio ocupado por las fuerzas de Moscú hasta Bielorrusia, pasando por Rusia, varios cientos de personas del municipio de Oleshki cruzaron este sábado la frontera hacía Ucrania liderados por el defensor del pueblo de Ucrania, Dmitro Lubinets. A este lado los esperaban muchos de sus familiares que se trasladaron hasta la región de Chernihiv, en el norte de Ucrania, para recibirlos. La gran mayoría son personas mayores que vienen acompañadas de sus animales, muchos de ellos cachorros, a quienes se negaron dejar atrás.
Varios cientos de desplazados llegan a territorio ucranio tras pasar por Rusia y volar a Bielorrusia en una operación coordinada entre Kiev y Moscú
Después de una larga travesía en autobuses y en avión desde territorio ucranio ocupado por las fuerzas de Moscú hasta Bielorrusia, pasando por Rusia, varios cientos de personas del municipio de Oleshki cruzaron este sábado la frontera hacía Ucrania liderados por el defensor del pueblo de Ucrania, Dmitro Lubinets. A este lado los esperaban muchos de sus familiares que se trasladaron hasta la región de Chernihiv, en el norte de Ucrania, para recibirlos. La gran mayoría son personas mayores que vienen acompañadas de sus animales, muchos de ellos cachorros, a quienes se negaron dejar atrás.
“Tengo un 99% de certeza de que mi padre viene aunque en las últimas semanas se negaba a contarnos muchas cosas”, decía Lisa Palí, de 19 años, mientras esperaba en el punto de la frontera a donde después del medio día arribaron los evacuados. Ha llegado junto con su hermana Daría, de 16 años, y su madre Yana Ptajova. Las tres abandonaron Oleshki en 2024 cuando un vecino murió en un ataque. Entonces su padre Mijailo les dijo que empacaran, que se tenían que ir. El hombre se negó a partir porque aseguraba que tenía que cuidar de sus animales y los de los vecinos.
Hace varias semanas les contó que el último de sus perros había muerto. “Le quedan sus gallinas pero vendrá”, aseguraba Lisa mientras esperaba en medio de una explanada donde diferentes organizaciones gubernamentales los esperaban. En el camino estaban estacionadas decenas de ambulancias listas para atender a los más necesitados.
En la zona también se desplegaron media docena de carpas militares para darles protección, al tiempo que la ONG World Central Kitchen tenía todo preparado para darles de comer. Quienes bajaron de los autobuses dejaron el infierno que vivieron en los últimos años y que se hizo aún más duro desde la primavera cuando las rutas de acceso fueron minadas por las fuerzas rusas y el asedio de los drones hizo prácticamente imposible entrar y salir de la ciudad, ocupada por Moscú desde el comienzo de la invasión a gran escala en 2022. A las condiciones de vida precarias como consecuencia de la destrucción de la ciudad, la ausencia de servicios de salud, y la falta de electricidad, agua y otros servicios básicos, se sumó la imposibilidad de acceder alimentos, medicinas y cualquier ayuda humanitaria.
La oficina del Defensor del pueblo de Ucrania llevaba meses denunciando una “emergencia humanitaria” en la zona y alertaban que decenas de personas podían morir de frío e inanición durante el invierno sino se actuaba rápidamente como sucedió en los últimos días cuando por intermediación de Melania Trump, la primera dama de Estados Unidos, Rusia y Ucrania acordaron los términos de una tregua y una “misión humanitaria” que ha estado rodeada por las dificultades.
“Sacar este acuerdo adelante es muy difícil y no queremos que nada salga mal porque necesitamos repetir más misiones como estas en el futuro”, advierten desde la oficina del Defensor del pueblo, donde recalcan que es una “misión humanitaria” y no netamente una evacuación.
“La ayuda humanitaria ha llegado, la gente está ahora en camino”, informó Lubinets tras salir este viernes de Oleshki, donde coordinó el inicio de la evacuación junto a la defensora del pueblo de Rusia, Yana Lantratova. Tres días antes había comenzado un cese al fuego en la zona que para muchos ha sido histórico y que llevó la tranquilidad a ciudades como Jersón, la capital de la provincia, que vive bajo asedio constante desde que Rusia se retiró en noviembre de 2022 como consecuencia de la presión de las fuerzas ucranias.
Desde entonces, Jersón es atacada constantemente con artillería, bombas guiadas, pero especialmente drones que realizan permanentemente lo que se ha llamado como un “safari humano”. Muchos de esos ataques se realizan desde Olsehki, al otro lado del rio Dnipró, que pasó a estar en el frente de batalla. Durante las primeras 72 horas del cese de hostilidades el ejército ruso, única fuerza presente, llevó a cabo el desminado de las vías. Una vez dentro de Olsehki se distribuyó la ayuda y se procedió con la evacuación de quienes decidieron abandonar la ciudad. Tras varios kilómetros, los grupos se dividieron, una caravana se quedó en territorio controlado por Moscú y la otra siguió el camino al aeropuerto de Anapa, en la provincia rusa de Krasnodar Krai, donde tomó el vuelo a Bielorrusia.
Hasta el momento no se conoce cuántas personas decidieron quedarse en Oleshki ni cuantas decidieron quedarse en otras poblaciones ucranias ocupadas por Rusia donde muchos tienen familia.
Algunos medios ucranios han denunciado que en el terreno no había representantes de organizaciones internacionales como tampoco de Estados Unidos, excepto la cadena Newsmax, que en su emisión del viernes aseguró que esta era una “oportunidad de propaganda” para Rusia, alertó que “Rusia controla lo que podemos ver”, pero destacó también que la evacuación de civiles y la entrega de ayuda humanitaria era un “hecho histórico”. La misión también estuvo acompañada por dos televisiones ucranias y varios medios rusos.
“La prioridad sigue siendo la misma: la seguridad de la gente, llevar ayuda humanitaria y la creación de condiciones para que la gente de Oleshki pueda ser evacuada”, aseguró en un comunicado la oficina del Defensor del pueblo que tuvo que explicar por qué Lubinets había aceptado viajar a territorio de la federación rusa y no lo había hecho cruzando las líneas del frente de batalla. “Debido a la situación y a la necesidad de acelerar la misión y hacerla más segura, el defensor aceptó viajar vía territorio ruso”, explicó.
“Una de las últimas veces que hablé con mi tío me dijo que estaba seguro que no sobreviviría el invierno” contaba Marta, una periodista radicada en Kiev, antes de la llegada de la delegación. El hombre, de 56 años, era el último de la familia que quedaba en Oleshki. “Me contaba que a veces soñaba con un helado”, relató Marta que tiene su mochila llena de chocolates para darle en cuanto se encuentre con él.
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