Mamdani y la izquierda que ya no quiere a Pedro Sánchez

El alcalde de Nueva York se ha convertido en el nuevo fetiche de la izquierda populista global. Un santo laico del «imperio del bien» al que todos dicen «I love you» y con el que se quieren fotografiar bajo la esperanza de barnizar de modernidad las viejas y fallidas propuestas colectivistas. Aparecer hoy junto a Zohran Mamdani, que juega hábilmente a ser la némesis de Donald Trump, aunque cada vez que se ha reunido con el presidente de EEUU ha actuado como un dócil y obediente boy scout, queda bien en las redes sociales y presuntamente ayuda a ganar votos.

 El líder español busca legimitimarse con el alcalde de Nueva York porque se ha quedado aislado en Europa por su «buenismo» en inmigración, cercanía a China y deslealtad con el rearme  

Audio generado con IA

El alcalde de Nueva York se ha convertido en el nuevo fetiche de la izquierda populista global. Un santón laico del «imperio del bien» al que todos dicen «I love you» y con el que se quieren fotografiar bajo la esperanza de barnizar de modernidad las viejas y fallidas propuestas colectivistas. Aparecer hoy junto a Zohran Mamdani, que juega hábilmente a ser la némesis de Donald Trump, aunque cada vez que se ha reunido con el presidente de EEUU ha actuado como un dócil y obediente boy scout, queda bien en las redes sociales y presuntamente ayuda a ganar votos.

Será porque en Mamdani confluyen todas las características que hacen babear a los progres de aire acondicionado, especialmente a los españoles: proviene de la élite cultural y económica, es cool, listo, joven, antisemita, exótico man non troppo, de verbo fluido, se mueve en bicicleta y sabe escoger los objetivos de sus ataques -el sector financiero, los judíos, las nuevas tecnologías- para aparentar que es un idealista antisistema que va a «cambiar el mundo». Todo aquello que le gustaría ser y representar a Pedro Sánchez -y, en su día, a Pablo Iglesias-, pero que no le alcanza por mucha propaganda que le eche: siempre le acompañará su sombra de arribista del barrio de Tetuán.

Con estas credenciales que atesora el neoyorquino -y que le han permitido sustituir en el mercado de valores woke a Alexandria Ocasio-Cortez, que en su día había reemplazado a Bernie Sanders-, se entiende que el momento más importante del viaje del presidente español a la ONU y Nueva York, la cita más anunciada con tiempo y preparada por su carga simbólica, haya sido su «hora con Mamdani» en un coloquio sobre un modelo económico que responde a las clases populares, en el que coincidió también con el kirchnerista Axel Kicillof -uno de los últimos responsables de la ruina económica argentina- y con el pragmático comunista portugués António Costa.

El presidente del Gobierno, acechado como está por un invierno judicial que se aventura como un calvario, con 17 causas abiertas y 127 imputados, que, junto a la crisis de Estado provocada por la invasión de Ceuta, han acelerado el final práctico de la legislatura, sigue confiando en la agenda internacional para coger un poco de aire, lejos de la ciénaga corrupta en la que vive, y hacer ver que gobierna, que alguien le escucha y que le tiene en cuenta.

No obstante, el comodín extranjero tiene sus limitaciones. Sánchez busca en Mamdani una legitimidad internacional porque está perdiendo centralidad dentro de la izquierda europea. El viaje a Nueva York deja claras señales, como la dura entrevista que se encontró en la CNN sobre la crisis de Ceuta y su relación con Marruecos, a la que Sánchez acudió confiado de que sería un mensaje Cintora, de que el escenario internacional se le ha complicado. Sus maniobras para ganarse el favor de los BRICS, el eje político-económico impulsado por Brasil, India, China y Rusia, y erigirse en el portavoz oficial del Sur Global en Europa, una voz no alineada con el consenso de Bruselas en cuestiones tan sensibles como las políticas de armamento, seguridad e inmigración, y que ha buscado el choque bilateral con Netanyahu y Trump, mientras se abrazaba deslealmente a Xi Jinping, han acabado por dejarle solo y aislado en el entorno político europeo.

Ceuta es una prueba de la creciente orfandad en la que se encuentra el presidente español. La carta que los líderes de 22 países de la UE enviaron a Bruselas, en las horas posteriores a la violación de la frontera española, responsabilizando a las políticas buenistas de Sánchez en inmigración del caos desatado, fue una cruel venganza por tantos desaires. En un momento en el que el establishment europeo observa aterrado la emergencia de los partidos de extrema derecha, aupados por el rechazo cada vez más amplio de las clases populares y medias a la inmigración masiva, especialmente la musulmana, las políticas de «papeles para todos» que aplica el Gobierno son una anomalía también entre los partidos socialdemócratas que gobiernan, cuyo mensaje es el de endurecer la relación y acogida de extranjeros.

En esas coordenadas están los socialistas daneses, suecos, alemanes y malteses. Incluso el primer ministro británico, Andy Burnham, conocido como «the king of the north» tras su brillante paso por la alcaldía de Manchester y también porque explota un discurso más de izquierdas y obrerista que el de su predecesor en Downing Street, el «tecnócrata» Keir Starmer, ha prometido ser «incansable» en la lucha contra la llegada de inmigrantes por el Canal de la Mancha.

Si es que algún día disfrutó de su favor y aplauso, cosa que dudo, Sánchez ya no gusta a lo que queda de la izquierda sensata europea, en su viaje hacia políticas más responsables y conservadoras. De tanto querer significarse y tener voz propia, el líder español es visto como una excentricidad antisistema, a la altura del francés Jean-Luc Mélenchon, representante de la alianza entre izquierda radical y el islamismo, y de los poscomunistas alemanes de Die Linke. Una anomalía caribeña en la UE que, lejos de reflejarse en el espejo guay de Mamdani, como él tanto desea y busca, le retrata de manera más fiel su inesperado cara a cara en la ONU con la vieja amiga venezolana Delcy Rodríguez. La foto no deseada porque explica el principio y el fin del sanchismo.

 Noticias de España 

Noticias Similares