Una estafa con inteligencia artificial cuesta 36 millones de euros a Intesa Sanpaolo, el mayor banco de Italia

Un grupo de estafadores que utilizó inteligencia artificial para suplantar la identidad de altos ejecutivos robó 95 millones de euros (108 millones de dólares) a Fideuram, la división de banca privada de Intesa Sanpaolo, el mayor banco de Italia, según informaron este viernes dos fuentes cercanas al caso. Más de la mitad de los fondos se recuperó posteriormente, pero unos 36 millones de euros siguen en paradero desconocido, señalaron las fuentes.

 El expresidente de Fideuram, Paolo Molesini (quien ha dimitido), fue engañado mediante un mensaje atribuido a Carlo Messina y una llamada telefónica con la voz del abogado Paolo Nastasi clonada con inteligencia artificial  

Audio generado con IA

Un grupo de estafadores que utilizó inteligencia artificial para suplantar la identidad de altos ejecutivos robó 95 millones de euros (108 millones de dólares) a Fideuram, la división de banca privada de Intesa Sanpaolo, el mayor banco de Italia, según informaron este viernes dos fuentes cercanas al caso. Más de la mitad de los fondos se recuperó posteriormente, pero unos 36 millones de euros siguen en paradero desconocido, señalaron las fuentes.

Todo se desencadena en cuestión de horas en febrero de 2026, cuando Molesini, entonces presidente de Fideuram, recibe (o más bien cree recibir, como amargamente comprobaría poco después) un mensaje de WhatsApp de Carlo Messina, consejero delegado de la matriz Banca Intesa. En la comunicación escrita, el supuesto Messina le señala la urgencia de operar a través de la tesorería de Fideuram, debido a ciertos motivos prácticos que impedirían a Intesa hacerlo por sí misma, una serie de transferencias para no perder en el extranjero la oportunidad de una operación financiera estratégica. Cifras no descomunales en comparación con los 450.000 millones de euros en activos bajo gestión de Fideuram, líder italiana en banca privada, pero en términos absolutos considerables: alrededor de cien millones de euros.

A continuación, la banda de estafadores, muy atenta al perfil psicológico, simula otra comunicación coherente dirigida al presidente de Fideuram. Esta vez, quien le llama (o aparenta llamarle) es un destacado letrado de un importante bufete internacional: Paolo Nastasi, socio director de A&O Shearman Italia, el gigante estadounidense con 3.700 millones de facturación tras la fusión de Allen & Overy y Shearman & Sterling. Nastasi, completamente ajeno y desconocedor de la trama, es presentado en el guion del fraude como el intermediario de la operación promovida por el falso Messina. Es un abogado mercantilista al que Molesini conoce, y si la voz le resulta idéntica es porque los estafadores la replicaron con herramientas de inteligencia artificial.

Asimismo, en un breve lapso de tiempo, Molesini recibe correos electrónicos, también perfectamente confeccionados para simular provenir del bufete internacional, con las coordenadas bancarias de las sociedades y cuentas extranjeras a las que enviar los fondos. Es así como el director financiero de Fideuram, siguiendo instrucciones del presidente, quien a su vez cree estar ejecutando una encomienda del número uno de Banca Intesa, transfiere el dinero, principalmente con destino a China y Hong Kong.

A partir de ese momento, los sistemas de seguridad interna de Fideuram dan la voz de alarma con rapidez y la entidad, consciente de haber sido víctima de un gran golpe, activa de inmediato los mecanismos de colaboración interbancaria internacional. La rápida reacción da sus frutos gracias a un banco en China, que bloquea 40 millones y los devuelve a Fideuram. Otra pieza de la hucha rota se reconstruye gracias a la investigación (iniciada tras la denuncia inmediata con la asistencia del abogado Guido Alleva) de los fiscales Alfonso Serritiello y Barbara Benzi. En coordinación con sus homólogos de Lisboa bajo el amparo de Eurojust, logran frenar a tiempo en un banco de Portugal otros 13 millones, embargados por la jueza de instrucción milanesa Sonia Mancini.

En el balance, sin embargo, faltan todavía al menos 36 millones que se esfumaron en un laberinto de cuentas en el extranjero y acabaron convertidos en criptomonedas. Los investigadores intentan ahora rastrearlos mediante comisiones rogatorias internacionales antes de que los estafadores consigan monetizar esos bitcoin. Mientras tanto, Molesini, que no está imputado ni es objeto de litigio alguno por parte de su entidad, optó el pasado 12 de marzo por dimitir de su cargo «por motivos personales», según informó un aséptico comunicado de Fideuram.

Molesini comparte así el destino de otros directivos víctimas de engaños similares en grandes compañías como Sisal (por 5,5 millones) o Maire Tecnimont (por 18 millones). Tuvo menos fortuna, en cambio, que el ex presidente del Inter de Milán, Massimo Moratti, quien el año pasado, víctima de una elaborada petición patriótica de un falso ministro de Defensa Crosetto para financiar el rescate ficticio de dos rehenes italianos en Oriente Medio, vio cómo la Fiscalía de Milán le devolvía casi la totalidad del millón de euros que ya había ido a parar entre Hong Kong y Países Bajos.

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