La imagen de ese nuevo mundo que lleva ya un tiempo cocinándose bien podría ser la que se materializó el martes en el hotel Lotte New York Palace al hilo de la recepción que ofreció el presidente de Estados Unidos a los líderes extranjeros que participan en la Asamblea General de Naciones Unidas. En la fotografía aparece la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, junto a quien pretende ser el artífice de lo que se viene por delante, Donald Trump. A ambos se los ve radiantes, con inmensas sonrisas, incluso la mandataria delegada del país latinoamericano hace el signo de la victoria. Triunfamos, viene a decir, el país pequeño junto al más grande. Es cierto que se trata de una instantánea que no incluye al mundo entero, sino a solo una parte de Occidente, no hay que olvidar que Irán le está complicando a Washington su gran desfile triunfal al frente de ese orden levantado sobre la prepotencia del que se tiene por el más fuerte.
Los herederos de Chávez sonríen junto al pirata que se ha llevado el botín petrolífero
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Los herederos de Chávez sonríen junto al pirata que se ha llevado el botín petrolífero

EFE

La imagen de ese nuevo mundo que lleva ya un tiempo cocinándose bien podría ser la que se materializó el martes en el hotel Lotte New York Palace al hilo de la recepción que ofreció el presidente de Estados Unidos a los líderes extranjeros que participan en la Asamblea General de Naciones Unidas. En la fotografía aparece la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, junto a quien pretende ser el artífice de lo que se viene por delante, Donald Trump. A ambos se los ve radiantes, con inmensas sonrisas, incluso la mandataria delegada del país latinoamericano hace el signo de la victoria. Triunfamos, viene a decir, el país pequeño junto al más grande. Es cierto que se trata de una instantánea que no incluye al mundo entero, sino a solo una parte de Occidente, no hay que olvidar que Irán le está complicando a Washington su gran desfile triunfal al frente de ese orden levantado sobre la prepotencia del que se tiene por el más fuerte.
Trump fue bastante explicitó al respecto. Estados Unidos se ha asegurado el acceso privilegiado al 20% de las reservas petroleras de Venezuela, así que se felicitó por el hecho de que, si se suman los recursos de ambos países, los dos tienen “más del 60% del petróleo del mundo”. Delcy Rodríguez ha bendecido el trato. “Fue una guerra”, dijo Trump por su parte, “pero es, quizás, el mayor acuerdo jamás realizado”. Y añadió una coletilla: “Al vencedor le corresponde el botín”.
Sonrisas, ese signo de la victoria que representa a un Gobierno que incluye a la crema y nata del chavismo, un botín. Con esos mimbres se está construyendo el nuevo marco internacional de este siglo XXI, todavía demasiado confuso y a medio hacer. Hay quienes quieren seguir creyendo que esto no es nada más que una enfermedad pasajera, y que luego regresarán fortalecidos el orden y las reglas internacionales y, por supuesto, la democracia.
La Venezuela chavista ha exhibido como un triunfo su humillación frente a Donald Trump en el mismo marco, el Nueva York de la Asamblea General de Naciones Unidas, en el que su artífice, Hugo Chávez, pronunció el 20 de septiembre de 2006 un legendario discurso. Se presentó en la tribuna de oradores con un libro de Noam Chomsky, Hegemonía o supervivencia. La estrategia imperialista de Estados Unidos, cuya lectura recomendó a cuantos estaban allí, y enseguida arremetió contra “el diablo”. “En este lugar huele a azufre todavía”, dijo al poco de iniciar su feroz diatriba aludiendo a George W. Bush, el entonces presidente estadounidense, que ya había hablado desde el mismo púlpito. Luego se persignó y miró a las alturas. Su intervención causó el regocijo de sus seguidores. Presentó la candidatura de Venezuela a un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para poder llevar “la voz de los pueblos del planeta” a una institución que “colapsó”, según sus palabras, y que ya no servía para nada, que necesitaba refundarse. Y ahí estaba Chávez para conseguirlo. “Hay un amanecer en el planeta y se ve por todas partes”, sentenció, afirmó que se estaba levantando “una nueva era”, celebró que Fidel Castro estuviera otra vez “uniformado de verde oliva” al frente del grupo de países no alineados, y acabó con una señal de optimismo: “Huele a azufre, pero Dios está con nosotros”. Veinte años después, la nueva era que anunciaba el líder bolivariano se ha convertido en otra cosa, pero ahí están sus herederos de la mano de Delcy Rodríguez para sonreír al lado del pirata que se llevó el botín.
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