Fiel a su enunciado y definición, el Movimiento Olímpico… se mueve. El sábado se cerraron las candidaturas para organizar los Juegos de 2036. Siete países se postulan: Alemania, Corea del Sur, Hungría, India, Qatar, Sudáfrica y Turquía.
Fiel a su enunciado y definición, el Movimiento Olímpico… se mueve. El sábado se cerraron las candidaturas para organizar los Juegos de 2036. Siete países se postulan: Alemani
Fiel a su enunciado y definición, el Movimiento Olímpico… se mueve. El sábado se cerraron las candidaturas para organizar los Juegos de 2036. Siete países se postulan: Alemania, Corea del Sur, Hungría, India, Qatar, Sudáfrica y Turquía.
En otra de las decisiones de calado de la presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI), Kirsty Coventry, desde que fue promovida al trono de los cinco aros en junio de 2025, el método de elección ha cambiado. Recupera, en diversas fases entre 2026 y 2029, el estudio, evaluación y designación de las sedes a cargo de los miembros del COI. Queda atrás el reparto que, entre ellos, únicos aspirantes, negociaron París y Los Ángeles para acoger las ediciones de 2024 y 2028. Y la solitaria, casi heroica, disposición de Brisbane para albergar la de 2032. Los Juegos vuelven a interesar después de años de generales dudas y temores relacionados con los costes, la seguridad, la contestación interna y demás aspectos desalentadores.
Madrid, negada dos veces y traicionada una, la que desembocó en Tokio’2020, ya no está en ninguna carrera por encender el pebetero. Dolida y exhausta, ha arrojado la toalla, aunque de vez en cuando, con motivo de algún acontecimiento deportivo celebrado en la capital o algún acto tangencial, el alcalde saque el tema. Almeida repite, como una rutinaria reclamación que flota sin destinatario por el abstracto éter, que el mundo le debe a Madrid unos Juegos y que la ciudad no renuncia a su merecido sueño. ¿En 2040? ¿En 2044?… Tal vez tarde. Tal vez nunca.
No son esos los únicos movimientos del Olimpismo. A mediados de octubre, la Federación Internacional de Halterofilia concedió el Mundial de 2030 a Moscú. Un paso decisivo para la completa readmisión de Rusia en la Gran Familia olímpica. Con remilgos morales para la galería, el COI deja en manos de las Federaciones Internacionales, que conforman el Movimiento Olímpico junto al propio COI y los Comités Olímpicos Nacionales, las decisiones sobre Rusia. Algunas (natación, esgrima, judo…) ya las están tomando a favor de la potencia dopada y agresora, heredera a todos los efectos y defectos de la antigua Unión Soviética. Y hace unos días, en el Mundial de Gimnasia Artística, disputado en Rotterdam, los rusos habrían competido con todos sus símbolos si no hubieran prevalecido las leyes del país organizador, miembro de la sancionadora Unión Europea, sobre los deseos de World Gymnastics. Participaron como World Gymnastics 2.
El COI, aparentando mantener las distancias éticas como último custodio y supremo garante de los viejos valores, levantó en julio «provisionalmente» e «in vigilando», el veto al Comité Olímpico Ruso. Y se reserva para más adelante la decisión sobre el himno y las banderas. Teóricamente, todo eso está en el aire, a la espera, según el comportamiento de los «rojos», de la determinación definitiva. Pero apostaríamos a que, en Los Ángeles’28, los rusos participarán con tales, no como «neutrales». Desfilarán ante el mundo mientras, en una estancia del Kremlin, sonríe triunfal y satisfecho Vladímir Vladímirovich Putin.
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