Perdón por llamar dictador a un dictador: «Mbappé no ha dicho nada que no digan la historia y los libros de texto»

Perdón por llamar dictador a un dictador. Lo puede hacer cualquiera que no viva bajo una dictadura, menos si es una estrella del fútbol como Kylian Mbappé, porque habita bajo la dictadura del dinero. El ciclón originado por la reacción en China a un comentario a propósito de un meme que suplantaba su rostro sobre la iconográfica imagen de Mao Tse-Tung, ha obligado al francés a disculparse por decir la verdad, fuera o no en tono jocoso, y a la Liga y al Real Madrid, con grandes intereses en el gigante asiático, a reconvenirle y rendir su propia pleitesía a las autoridades chinas. El fútbol, en realidad, no hace nada que no hagan los Estados occidentales, entre ellos España, ante un actor global que hace girar la economía mundial. Es su realpolitik. El caso, no obstante, abre el debate sobre los límites de la libertad de expresión en un mundo con tentaciones constantes de socavarla, hecho que ha alertado a los sindicatos de futbolistas. Con mayor o menor don de la oportunidad, Mbappé ha dado muestras de que quiere ejercer la suya, incluso para reclamar de forma impúdica el Balón de Oro. Está en su derecho.

 La reacción desatada en China al referirse a Mao Tse-Tung sin nombrarlo, a raíz de un ‘meme’, vuelve a situar el foco sobre el francés y abre el debate sobre el derecho de las estrellas a expresar su opinión  

Perdón por llamar dictador a un dictador. Lo puede hacer cualquiera que no viva bajo una dictadura, menos si es una estrella del fútbol como Kylian Mbappé, porque habita bajo la dictadura del dinero. El ciclón originado por la reacción en China a un comentario a propósito de un meme que suplantaba su rostro sobre la iconográfica imagen de Mao Tse-Tung, ha obligado al francés a disculparse por decir la verdad, fuera o no en tono jocoso, y a la Liga y al Real Madrid, con grandes intereses en el gigante asiático, a reconvenirle y rendir su propia pleitesía a las autoridades chinas. El fútbol, en realidad, no hace nada que no hagan los Estados occidentales, entre ellos España, ante un actor global que hace girar la economía mundial. Es su realpolitik. El caso, no obstante, abre el debate sobre los límites de la libertad de expresión en un mundo con tentaciones constantes de socavarla, hecho que ha alertado a los sindicatos de futbolistas. Con mayor o menor don de la oportunidad, Mbappé ha dado muestras de que quiere ejercer la suya, incluso para reclamar de forma impúdica el Balón de Oro. Está en su derecho.

El montaje de la polémica, entre Mbappé y Mao.
El montaje de la polémica, entre Mbappé y Mao.EM

Como capitán de Francia, durante una rueda de prensa en la Eurocopa 2024, Mbappé pidió no votar a la extrema derecha, liderada por Marine Le Pen, en las elecciones legislativas, y acompañó su discurso de una declaración de principios: «Estoy contra los extremos, contra los que dividen». El pasado mes, como futbolista del Madrid, se remangó una camiseta que el club ordenó colocarse a los jugadores con el lema Todos somos caballas, en apoyo a la población ceutí tras la invasión.

La explicación del francés fue que se sentía solidario con Ceuta y sus habitantes, pero también con todos los migrantes que habían perdido la vida y sobrevivían en condiciones miserables. Para alguien que representa la migración en carne y hueso, hijo de padre camerunés y de una madre de origen argelino, era un ejercicio de coherencia personal, por incómodo que resultara para el Madrid, su afición y buena parte de los españoles.

Vinicius y Mbappé, con las camisetas de Ceuta remangadas.
Vinicius y Mbappé, con las camisetas de Ceuta remangadas.

A Mbappé, cuya acción fue secundada en el Bernabéu por Vinicius y Konaté, le llovieron las críticas desde la arena política, como las de José María Figaredo, de Vox, y Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso. También por parte de Javier Tebas, presidente de laLiga, al decir que «son actos institucionales, de club, no actos personales donde tengas que manifestar tu opinión personal». Ahí radica el problema: ponerle barreras a la opinión personal no es admisible en la sociedad que hemos construido, y Tebas, un jurista excepcional, lo sabe muy bien.

Cuando la opinión de Mbappé ha vuelto a desatar la polémica, no se encontraba en ningún acto oficial. Todo lo contrario. Era en una entrevista personal para un podcast, en la que es preguntado por su meme favorito. «Con el que más me he reído es ese en el que usan mi cara en un dictador chino». No menciona a Mao Tse-Tung textualmente, pero sabe que se trataba de un dictador. El problema es que la dictadura que creó continúa, convertida, hoy, en la mayor empresa-estado del mundo.

Mao es el fundador de la patria, cuyo rostro todavía preside la entrada a la Ciudad Prohibida, en Pekín, para generaciones educadas en el comunismo y un férreo nacionalismo. Del mismo modo que Stalin era el Padrecito de la URSS, Mao lo es para China. La diferencia es el hábil pragmatismo de la segunda, frente a la parálisis soviética, para evolucionar hacia el capitalismo del Partido Comunista, con grandes fortunas, equilibrio demográfico o viajes al extranjero, pero sin plenitud de derechos, libertad de opinión ni democracia. El sistema, sin embargo, colma a una gran parte de la adoctrinada población. Pese a que el propio Partido Comunista reconoció en los años 80 errores de Mao, en especial las represiones durante la Revolución Cultural, necesita al icono como parte de su relato. El adoctrinamiento ha hecho que sea percibido por la población no como un dictador, sino como un mesías.

«Mbappé no ha dicho nada que no digan los libros de texto», afirma María José López, abogada de la Asociación de Futbolistas Españoles, que entiende la repercusión por la dimensión de su figura y los intereses en juego, pero antepone la defensa de la libertad de expresión. «Además, ni siquiera hace esa afirmación en su ámbito laboral», insiste López, que subraya la protección de la que actualmente gozan los futbolistas. «Para empezar, es un derecho fundamental en nuestra constitución, pero, además, está en la Ley del Deporte, en el artículo 22, así como en el artículo 39 del Convenio Colectivo del fútbol profesional», explica esta especialista en derecho laboral. Del mismo modo lo recoge FIFPRO, el sindicato internacional de futbolistas.

La realidad es que no fue siempre de ese modo, en especial por lo que se refiere a muchos códigos internos de los clubes, que prohibían las críticas internas. En 1995, el Tribunal Constitucional sentó jurisprudencia al dar amparo a Manolo Hierro, hermano de Fernando, por entender el alto tribunal que el Tenerife había violado su derecho a la libertad de expresión, al imponerle una multa por sus críticas al club. Existe, hoy, un debate jurídico sobre si también lo hacen las sanciones por criticar a los árbitros.

Después de que la cadena estatal china CCTV amenazara con suspender la retransmisión de los partidos de Liga, algo que se consumó la jornada del pasado fin de semana, y de que otras marcas que han utilizado la imagen de Mbappé, al que llaman cariñosamente Guigui, como el gigante lácteo Mengniu o Dongpeng, marca de bebidas energéticas, anunciaran la cancelación de los contratos, todos se apresuraron a pedir disculpas. Primero la Liga, que ha hecho de la expansión internacional uno de los ejes de la era Tebas, y el propio futbolista: «Tengo un profundo respeto por la comunidad china y su historia, Pido perdón, sinceramente». El Madrid fue el último en hacerlo, en un comunicado muy medido, en el que se adhería a las disculpas de su jugador, sin censurarle. Tampoco lo hizo tras el caso de las camisetas por Ceuta, pero Florentino Pérez dejó clara la posición institucional del club con su visita a la ciudad autónoma, donde fue recibido por Juan Jesús Vivas. Equidistante entre sus intereses y los derechos de su jugador-franquicia, medido y acertado.

Imagen de Mbappé en un autobús chino.
Imagen de Mbappé en un autobús chino.JADE GAOAFP

Para China fueron unas disculpas insuficientes, por lo que hará falta más diplomacia a fin de no malograr unas rentabilidades que los implicados cifran en cientos de millones de euros al año. El sueldo de Mbappé las necesita, como todo el fútbol cuando visita Arabia. Mal está mirar al costado ante la vulneración de derechos, pero peor es restringir los propios, aunque sea por una cuestión semántica. Mao, Stalin, Pinochet, Mussolini, Franco o Fidel Castro fueron dictadores, y nos conviene tenerlo y decirlo claro, sin complejos a derecha e izquierda, haya o no millones en juego.

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