Un verano con la inteligencia artificial

Me sigue apasionando esto de la inteligencia artificial. Me apasiona y me preocupa por las noticias que voy leyendo: un modelo que se descontrola; un descontrol que puede llegar a la fabricación de armas biológicas con un desfile terrible de cosas horrorosas, desde la guerra nuclear a la extinción humana;… es decir, que hemos inventado algo que se nos puede ir de las manos en cualquier momento. Y si se nos va de las manos, ya se ve que lo que puede pasar es espantoso.

 Me sigue apasionando esto de la inteligencia artificial. Me apasiona y me preocupa por las noticias que voy leyendo: un modelo que se descontrola; un descontrol que puede llegar  

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Me sigue apasionando esto de la inteligencia artificial. Me apasiona y me preocupa por las noticias que voy leyendo: un modelo que se descontrola; un descontrol que puede llegar a la fabricación de armas biológicas con un desfile terrible de cosas horrorosas, desde la guerra nuclear a la extinción humana;… es decir, que hemos inventado algo que se nos puede ir de las manos en cualquier momento. Y si se nos va de las manos, ya se ve que lo que puede pasar es espantoso.

Todo esto hace que yo me haya apasionado más y más. Ayer encontré a un amigo que me dijo que ya era muy mayor para meterse en estas cosas. Yo pensé que precisamente porque soy muy mayor me tengo que meter en estas cosas con toda la intensidad porque puedo llegar tarde, o no llegar.

Me voy enterando de sucesos en los que está involucrada la inteligencia artificial. Hay un sistema, Claude, que aparece en todas partes. Yo nunca había imaginado que al pobre Nicolás Maduro le habían capturado las fuerzas americanas de operaciones especiales con la ayuda del citado Claude.

En el despacho de mis hijos han empezado a utilizar este sistema, aunque supongo que será otra versión y que no lo utilizarán para capturar a nadie de la vecindad, por muy mal que nos caiga.

Lo he dicho muchas veces, pero sigo al Papa, porque veo que estamos en un momento muy serio y que la Magnífica humanidad está atravesando una etapa que por un lado puede ser fenomenal en el buen sentido y por otro, fenomenal en el malo.

Vuelvo a leer el subtítulo de la Encíclica, «sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial», porque ese es el problema. Veo nombres: Darío Amodei, presidente de Anthropic; Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos; Emil Michael, subsecretario de Guerra;… gente con un poder enorme en las manos.

Con un poder enorme y con una tentación: la de que la máquina se responsabilice de la distinción entre lo que es bueno y es malo y haga que todos adecuemos nuestro comportamiento a ese juicio.

En su encíclica, el Papa recuerda que el juicio moral es siempre responsabilidad de las personas.

Es curioso, pero siempre acabamos en lo mismo: la importancia de la formación, para nosotros y para nuestros hijos.

Nuestros hijos han nacido con la inteligencia artificial en las manos, pero eso no les exime de una seria responsabilidad: la de aplicar el sentido común y su formación a las decisiones a tomar.

Tendrán la ventaja de poder utilizar el Claude en cualquiera de sus versiones o el nuevo sistema que se invente, pero nadie les podrá quitar la responsabilidad de, una vez utilizado el Claude, hacer el juicio sobre lo que es bueno y es malo y recordárselo a todos

Recordárselo a todos.

Se presenta una época mucho más sofisticada que la nuestra. Porque nuestros hijos vivirán en un ambiente tecnológico que nosotros no hemos tenido.

Ambiente que exigirá «poner la tecnología al servicio de la dignidad de la persona, del bien común, de la justicia y de la solidaridad».

¡Buen trabajo!

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