Descarbonizar el transporte y la industria, sectores difícilmente electrificables y que generan una mayor cantidad de emisiones de CO2, es uno de los retos a los que se enfrenta Europa en su camino para avanzar en la transición energética. En este escenario un reciente informe elaborado por Moeve en colaboración con PwC ha puesto en evidencia el importante papel que pueden desempeñar en la transformación energética las denominadas moléculas verdes, entre ellas hidrógeno renovable, los combustibles sintéticos y los biocombustibles de segunda generación (2G), que pueden sustituir a los combustibles fósiles tradicionales. A diferencia de la electricidad, estas moléculas pueden almacenarse, transportarse y utilizarse en infraestructuras energéticas ya existentes, lo que facilita su integración progresiva en el sistema energético.
Un informe de Moeve sitúa este vector energético como elemento clave para avanzar en la descarbonización de sectores donde la electrificación es más compleja.
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Descarbonizar el transporte y la industria, sectores difícilmente electrificables y que generan una mayor cantidad de emisiones de CO2, es uno de los retos a los que se enfrenta Europa en su camino para avanzar en la transición energética. En este escenario un reciente informe elaborado por Moeve en colaboración con PwC ha puesto en evidencia el importante papel que pueden desempeñar en la transformación energética las denominadas moléculas verdes, entre ellas hidrógeno renovable, los combustibles sintéticos y los biocombustibles de segunda generación (2G), que pueden sustituir a los combustibles fósiles tradicionales. A diferencia de la electricidad, estas moléculas pueden almacenarse, transportarse y utilizarse en infraestructuras energéticas ya existentes, lo que facilita su integración progresiva en el sistema energético.
La principal conclusión del estudio es clara: si Europa quiere reducir sus emisiones, reforzar su competitividad industrial y disminuir su dependencia energética exterior, necesitará combinar electricidad renovable y gases y combustibles renovables. Las moléculas verdes podrían reducir a la mitad la dependencia energética de Europa, desde el 57% en 2024 hasta el 28% en 2040. La tesis de fondo apoya que las moléculas verdes no deben verse solo como una herramienta de descarbonización, sino también como una respuesta estratégica en un contexto de creciente tensión geopolítica y fragilidad en las cadenas de suministro energético. Asimismo, el análisis concluye que podrían llegar a sustituir entre el 30% y el 50% de la demanda de combustibles fósiles en 2050, hasta representar cerca de un tercio del mix energético comunitario de la Unión Europea.
Según el informe, estas soluciones son especialmente relevantes para sectores intensivos en carbono y difíciles de electrificar, como la industria pesada o el transporte de larga distancia, que hoy concentran entre el 20% y el 25% de la demanda de energía primaria. En ese ámbito, usar moléculas verdes podría llegar a reducir hasta un 22% las emisiones de CO2 Europa en 2050.
Sin embargo, el documento reconoce que estas tecnologías soportan todavía un sobrecoste frente a los combustibles fósiles, el denominado green premium, pero estima que el impacto económico sobre el consumidor final se irá moderando con el tiempo. Por ejemplo, el transporte por barco de unas zapatillas de 100 euros de Asia a Europa, solo añadiría un coste adicional de unos 50 céntimos si se emplean combustibles renovables.
Más allá del diagnóstico, el estudio plantea que implantar estas soluciones exigirá una acción coordinada entre Administraciones e industria. Entre las prioridades identifica marcos regulatorios que generen demanda, mecanismos de apoyo económico para cerrar la brecha de costes en las primeras fases, inversión en infraestructuras de producción, transporte y almacenamiento y una mayor movilización de capital a través de alianzas.
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