«Aquella tarde llegué a la nave y mi padre se sorprendió mucho al verme. Me dijo de manera bastante agresiva que qué estaba haciendo allí, y se acercó a mí en actitud violenta. Empecé a hablar del acuerdo [de divorcio entre sus padres] y él de muy malas maneras me contestó que no había nada que hablar, que todo era suyo… Yo, para calmar los ánimos, le dije que se tranquilizase y que venía también a recoger unas cosas mías del gimnasio que había dejado hacía mucho, y que él llevaba tiempo insistiéndome en que me las llevase. Me adentré más en la nave porque [esas cosas] estaban al fondo, y cuando me di la vuelta me lo encontré con su cuchillo en la mano. Yo lógicamente le dije que qué hacía, que se tranquilizase, que no era normal. Ahí fue cuando ya vino a por mí totalmente agresivo, fuera de sí…».
En prisión desde hace 14 meses, el corredor acabó con su vida al intentar mediar en el divorcio de sus progenitores. Ahora cuenta a EL MUNDO cómo sucedió todo y su «arrepentimiento total»
«Aquella tarde llegué a la nave y mi padre se sorprendió mucho al verme. Me dijo de manera bastante agresiva que qué estaba haciendo allí, y se acercó a mí en actitud violenta. Empecé a hablar del acuerdo [de divorcio entre sus padres] y él de muy malas maneras me contestó que no había nada que hablar, que todo era suyo… Yo, para calmar los ánimos, le dije que se tranquilizase y que venía también a recoger unas cosas mías del gimnasio que había dejado hacía mucho, y que él llevaba tiempo insistiéndome en que me las llevase. Me adentré más en la nave porque [esas cosas] estaban al fondo, y cuando me di la vuelta me lo encontré con su cuchillo en la mano. Yo lógicamente le dije que qué hacía, que se tranquilizase, que no era normal. Ahí fue cuando ya vino a por mí totalmente agresivo, fuera de sí…».
Antolín González escribe estas líneas en exclusiva para EL MUNDO desde la cárcel de Burgos, la ciudad que él mismo estuvo cerca de poner en el mapa del automovilismo mundial cuando, desde que batió con ocho años el récord del circuito de karts de Villariezo, se convirtió en otro proyecto de «nuevo Fernando Alonso».
Tras aquella primera epifanía -Alonso también tuvo una parecida: con la misma edad le hicieron girar en una competición de adultos con una cámara, y los adelantó a todos sin apenas esfuerzo-, el nombre de Antolín comenzó a sonar en el competitivo mundo de las carreras.
Siempre impulsado por el patrocinio y la pasión de su padre, dueño de Aceitunas Antolín, compitió en Fórmula 4, luego en Fórmula 3, y en 2018 fue subcampeón en las Asian Formula Renault Series, una de las muchas probetas de ensayo de la F1, antes de dejarlo: «Había que asumir demasiada inversión y ya no pudimos».
El chico volvió a su mundo burgalés, y sólo regresó a los medios, esta vez a las portadas, en la crónica de sucesos: el 5 de julio de 2025 la Guardia Civil le detuvo como autor de la muerte de su propio padre, apuñalado en la nave del negocio familiar, enredado en el divorcio de sus progenitores.
Entre rejas desde entonces en espera de juicio, con un llamativo apoyo familiar tras «lo que hice», y asesorado por el despacho Vegas Legal y el abogado José Luis Vegas, el chico, de 24 años, cuenta ahora a EL MUNDO en exclusiva cómo sucedió todo.
- ¿Cómo está en prisión?
- Mal, la verdad, encajando la realidad y los sentimientos. Al principio fue muy duro. Tengo suerte de estar en una prisión como Burgos. Intento mantenerme activo, hago deporte todos los días, también cursos, ahora uno de pintura. Intento distraerme.
- ¿Cómo fue el divorcio de sus padres?
- Largo y complicado por lo que sé, pero siempre he intentado mantenerme al margen, más allá de algunas cosas que me contaba mi madre. Mi relación con mi padre siempre fue estupenda, me acompañaba a todas las carreras y compartíamos la misma pasión. Evidentemente, como toda relación, pasó por momentos, algunos mejores y algunos peores.
- ¿Y la relación posterior entre sus padres? ¿Son ciertas las acusaciones de ella de violencia de su padre?
- Pues como cualquier divorcio, su relación era mala. Sobre el segundo tema, prefiero no opinar: es muy doloroso para mí. Intenté mantenerme al margen, y mi hermana igual.
- ¿Hubo broncas los días previos a lo que sucedió?
- Hubo una reunión con abogados por el acuerdo entre ellos, sinceramente tampoco puedo ser muy concreto porque no me acuerdo. Yo sólo acompañaba a mi madre a las últimas reuniones, como espectador: mi madre me pedía apoyo moral, y no ir sola. No sé qué pudo pasar para que [su padre] reaccionase de esa manera, no me lo esperaba. Yo sólo intentaba mediar e intentar dejarnos de abogados. Para solucionarlo más pacíficamente.
- ¿Cómo sucede todo?
- Por desgracia me acuerdo como si fuese ayer. Llegué a la nave y él se sorprendió mucho al verme: me dijo de manera bastante agresiva que qué estaba haciendo allí, y se acercó a mi en actitud violenta. Empecé a hablar del acuerdo y él de muy malas maneras me contestó que no había nada que hablar, que todo era suyo. Para calmar los ánimos le dije que venía también a recoger unas cosas del gimnasio. Al darme la vuelta le vi venir muy violento hacia mí. Vino a por mí, y yo obviamente le empujé intentando quitarle el cuchillo, pero no lo conseguí. Yo ya en este momento me asusté mucho y empezamos a forcejear. Recuerdo que intenté quitarle el cuchillo, y el se cortó y no sé como yo instintivamente acabé dándole varios golpes. Sólo recuerdo vagamente imágenes y flashes con el cuchillo, y mi padre acercándose a mí. Sé que le di puñetazos, pero él tenía el cuchillo en la mano y… No sé qué pudo pasar, pero acabé yo con él.
- ¿Cree que su padre queda con vida cuando usted se va de allí?
- En ningún momento soy consciente de lo que pasa. Recuerdo que le veía tambalearse y agarrarse el cuello, y cuando cayó en la puerta de la nave yo estaba dentro totalmente en shock. Salí a verle, vi sangre, me impactó muchísimo e intenté taparle la herida del cuello, muy rápido. En ese momento pasaron varios coches que se quedaban mirando, y me asusté tantísimo que salí huyendo.
- ¿Qué hace con el arma?
- La tiré en el río Bañuelos, y también la mochila. Después sigo andando. Dejo de largo Aranda, todavía en shock, y tras un tiempo andando veo que puedo llegar a Sinovas [a unos cinco kilómetros], y decido entrar al pueblo porque quería ponerme en contacto con mi madre para contarle lo ocurrido. Voy por el pueblo y cuando veo una mujer en un coche le pido su móvil para llamar a mi madre. Consigo hablar con ella y cuando nos encontramos lo único que hacemos es abrazarnos y llorar. Poco después ya llega la Policía y me detienen.
- ¿Cómo decide confesar?
- Desde el momento en que sucede todo yo sufro un shock muy fuerte, no soy consciente de lo que ha pasado. Cuando me llevan a declarar por primera vez no sé ni dónde estoy, me siento muy aturdido. Únicamente escucho los consejos de mi abogado de entonces, que me recomienda sólo contestar a sus preguntas. Es posteriormente, cuando empiezo a ser consciente de todo lo que ha sucedido, cuando ya se me viene el mundo encima y quiero confesar. Y así se lo hago saber a mis abogados, y por eso pido volver a declarar. Y confieso.
- ¿Se considera una persona muy impulsiva, muy reactiva?
- Yo nunca imaginé, lo primero, tener que verme en una situación así. Lo que sucedió fue algo totalmente imprevisto para mí, yo no sé ni cómo reaccioné realmente. Yo estaba totalmente bloqueado y asustado, no era yo realmente, del shock que tenía…
- ¿Qué le diría ahora a su padre?
- Muchas cosas. Pero, para empezar, y principalmente, que no sabe todo lo que me arrepiento y lo que daría por volver atrás, y que nada hubiese pasado. Esto me ha marcado, y va a ser algo que me va a perseguir siempre.
- ¿Se siente culpable o inocente, teniendo en cuenta lo sucedido?
- Por supuesto que me siento culpable. Es algo que nunca tendría que haber sucedido. Me arrepiento todos los días. Y me arrepentiré siempre.
Noticias de España
